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Una Canarias despoblada, pero no vaciada
Ramón Díaz Hernández Profesor de Geografía Humana

Ramón Díaz: «La distribución de la población entre las siete islas presenta grandes desequilibrios»

El profesor Ramón Díaz Hernández | | E.D.

En las últimas cuatro décadas 15 de los 88 municipios canarios han perdido población y 73 han crecido de forma espectacular. El desequilibrio en la distribución poblacional es clave en el análisis de Ramón Díaz, especialista en temas migratorios, éxodo rural y movilidad de las personas.

¿Se puede hablar del fenómeno de ‘España vaciada’ en el Archipiélago canario?

Para que una cosa se vacíe antes tiene que estar llena. La noticia creo yo no es que unos pocos municipios pierdan población sino que la mayoría de los 88 municipios -73 para ser exactos-, han conocido un crecimiento espectacular entre 1981 y 2021. En ellos se han registrado unas 808.000 nuevas altas padronales que nos sitúan dentro del grupo de las cuatro comunidades españolas -Baleares, Madrid y Murcia- que no han dejado de aumentar su población de forma destacada. Canarias cuenta con 2,17 millones de habitantes y una densidad media de 291 h/km² que triplica los valores registrados por el resto de España. A partir de estos resultados que se vienen repitiendo desde hace décadas han surgido diversas plataformas ciudadanas partidarias de poner límites al crecimiento demográfico mediante una ley de residencia porque perciben que Canarias corre el riesgo de superpoblarse. Frente a ese posicionamiento emerge recientemente otro grupo de opinión de signo contrario constituido por los que piensan que el Archipiélago o partes importantes del mismo se están vaciando desde el punto demográfico. Nos encontramos pues con dos formas de ver la realidad completamente distinta entre los que creen que Canarias está llena y los que opinan todo lo contrario.

¿Cuál es su opinión?

Como plantean desde hace mucho tiempo los geógrafos de la población -Burriel, Pérez González, Martín Ruiz, Domínguez Mujica y García Rodríguez- en Canarias la distribución de la población entre las siete islas presenta grandes desequilibrios. En 2020, sólo nueve municipios (10,2%) con densidades superiores a 1.000 h/km² absorbieron 1.143.969 habitantes, más de la mitad de los canarios, y se concentraban sobre una superficie de 663 km² (el 8,9% del territorio regional). Más de la mitad del crecimiento demográfico registrado entre 1981 y 2020 -unos 440 mil nuevos empadronados- fueron a parar a estos nueve municipios que soportan altísimos índices de densidad humana y desarrollo urbanístico. En el otro extremo, los municipios canarios con menores densidades se elevan a 42 (47,7%), suman entre todos 379.521 habitantes (17,4% de la población) y ocupan un espacio de 5.032 km² (67,6% de la superficie regional). La densidad media de estos 42 municipios está en 75,54 h/km, es decir, ha aumentado 25 puntos respecto a 1981, pero aún siguen bastante distanciados de las medias regionales y del resto de España. Y, por supuesto, la distribución territorial de la población de estos municipios menos poblados de Canarias no se puede comparar en modo alguno con las provincias españolas de Soria, Cuenca y Teruel que están por debajo de los 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado, cifra que la Unión Europea sitúa en el umbral de zona desértica. De lo expuesto hasta aquí se deduce que en Canarias mucha gente vive en espacios limitados, mientras que poca gente vive en territorios más espaciosos.

¿Cuáles son los movimientos migratorios interiores más importantes en el Archipiélago?

El gran éxodo rural que se produjo en Canarias tuvo lugar entre 1960 y 1980. Las capitales provinciales atrajeron desde el interior de sus respectivas islas y desde las periféricas un elevado número de personas. Con ese aporte, más el que vino desde las comunidades autónomas españolas, la inmigración extranjera -que empieza a llegar desde principios de los 70 de forma notable- y el retorno de antiguos emigrantes canarios con sus familiares y descendientes, se consiguió dar un impulso poblacional decisivo a Santa Cruz de Tenerife y a Las Palmas de Gran Canaria. En contrapartida, los pueblos de las medianías, los municipios cumbreros y los que dependían de la agricultura de exportación en las zonas bajas de las islas perdieron también numerosos recursos de población, especialmente jóvenes, al tiempo que contribuyeron a un envejecimiento precoz entre los que decidieron quedarse en los pueblos de sus antepasados. Además de todo ello, estos mismos espacios se vieron privados de valiosos recursos humanos con la emigración exterior, especialmente hacia Venezuela en unos flujos multitudinarios que se debilitaron en los primeros años de la década de los 70. Con posterioridad, la movilidad intrainsular e interinsular no ha registrado grandes valores, aunque parece aumentar según apuntan las recientes tendencias.

¿A qué obedece?

Las mejoras en las redes viarias acortan distancias e incrementan las preferencias de las personas para elegir el lugar de residencia habitual. Hasta hace poco el apego al lugar de nacimiento, la hiperprotección familiar y el determinante fijado por la isócrona de una hora de duración en los desplazamientos dejaba gran parte del territorio insular dentro de los conceptos de alejados, inaccesibles y aislados que dificultaban enormemente la movilidad residencial e incluso los movimientos pendulares del domicilio habitual al trabajo y viceversa. Todas esas limitaciones más las amplias posibilidades que brinda el transporte público y privado están siendo superadas. Además, en los últimos años muchas localidades han ido mejorando sus servicios y su oferta de vivienda lo que unido a su paisaje y la tranquilidad del entorno han atraído a numerosas personas -isleñas, peninsulares y extranjeras- que han decidido irse a vivir en ellas definitivamente. El resultado es que 64 municipios canarios se han revitalizado y han visto incrementar sus respectivas densidades de población. Diez de ellos forman ya un grupo con densidades altas comprendidas entre los 500 y 999 h/km,² 26 cuentan con densidades de población un poco más bajas, entre 184 y 499 h/km² y, 43 presentan densidades de menos de 184 h/km. Todos, incluso los últimos, obtienen valores de dos y más dígitos en sus densidades, siendo la única excepción el municipio de Betancuria que de 5,15 h/km²en 1981 pasó a 7,5 h/km² en 2020 ya que su población obtuvo en ese período un crecimiento de 239 nuevos empadronamientos, un 44,7% más.

¿En Canarias no existen entonces áreas deprimidas desde el punto de vista económico y poblacional?

Todo lo contrario, existen y se pueden identificar como tales, pero lo que no me parece oportuno es confundir la parte con el todo, es decir, concederle más importancia a la excepción que a la regla. De mis pesquisas infiero que por lo menos 29 municipios canarios presentan de momento serios riesgos de despoblación. De esos 29, unos 15 de ellos ya están perdiendo recursos humanos. Algunos de forma alarmante como es el caso de Santa Cruz de La Palma, Tazacorte, Vallehermoso, Hermigua, Tijarafe y Barlovento. Estos municipios que retroceden desde el punto de vista demográfico se hacen acompañar por Tejeda, Valleseco, Garachico, Los Silos, San Juan de la Rambla, Fuencaliente, Garafía, San Andrés y Sauces y Agulo que también sufren pérdidas pero mucho más moderadas. Existen otros 14 municipios que están atravesando una etapa de atonía demográfica en donde las variaciones intercensales registran valores bastante moderados y a los que habría que prestar la misma atención que a los que se despueblan. Se trata de los municipios de La Aldea de San Nicolás, Artenara, Buenavista, El Paso, Betancuria, El Tanque, Fasnia, La Guancha, Moya, Puntallana, Valverde, Vega de San Mateo, Vilaflor y Villa de Mazo que han experimentado un aumento de su densidad de población entre 1981 y 2020 por debajo del valor 20 h/km. En estos dos subgrupos se encuentran dos capitales insulares, Valverde y Santa Cruz de La Palma, cuya condición de cabeza administrativa y política de sus respectivas islas no les facilita sin embargo un despegue parecido al de sus homónimas de las demás islas.

¿Qué impacto tiene la pérdida de población sobre el paisaje?

El proceso de despoblación sigue la misma tónica que la caída de la natalidad y la reducción de la población infantil en edad escolar que determina por parte de las autoridades académicas el cierre de aulas y colegios unitarios, desplazamiento a otros destinos o anticipar la jubilación de maestros y personal de administración y servicios. Supone también una merma en las ventas de los proveedores de papel, libros, material higiénico y de limpieza, productos electrónicos (ordenadores y fotocopiadoras), labores de mantenimiento, transportes y comedores escolares, desaparecen las AMPAS que es una herramienta asociativa fundamental, etc. En Canarias no contamos con ningún ejemplo de implosión urbana. Los casos de atonía demográfica los solemos ver en el medio rural. Cuando la población de cualquier ámbito rural se disocia del entorno aprovechable económicamente se produce un abandono de antiguas explotaciones ganaderas y agrícolas de forma desordenada con lo que se asilvestran animales domésticos (gallinas, cabras, mulas, conejos, gatos y perros), las edificaciones se deterioran o caen en procesos de ruina generando problemas de diversa índole; crecen especies vegetales de forma espontánea y descontrolada en las cercanías de áreas pobladas con lo que supone de combustible y de riesgo de incendios en las estaciones más calurosas. Muros y bancales que no se reparan y se desploman; estanques, pozos y canalizaciones cuyo desuso y deterioro pueden ocasionar accidentes o por lo menos ofrecen una mala imagen. Lo mismo sucede en los núcleos poblados cuando se abandonan las viviendas o se contrae el comercio y los servicios reducen su actividad. A la postre todo termina languideciendo. Por tanto, el abandono no es sólo una cuestión de pérdida de productividad y de empleo, es también una cuestión de pérdida de calidad paisajística. Un paisaje tradicional en decadencia genera una imagen regresiva que una región como la nuestra, que vive del atractivo medioambiental, no se puede permitir para seguir siendo objeto de disfrute por los propios isleños y por los turistas nacionales e internacionales.

¿Qué medidas podrían frenar la pérdida de población?

La existencia de diferencias de oportunidades por razones territoriales es algo inaceptable por lo que todas las instituciones tienen el deber de contribuir a su pronta erradicación. El primer paso que creo que se ha dado con acierto es la creación de una herramienta institucional que se llama Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Al menos en la teoría, su objetivo es ejecutar las políticas del gobierno en materia climática y medio ambiente para la transición a un modelo productivo y social más ecológico, así como abordar la elaboración y el desarrollo de políticas activas frente al reto demográfico y el despoblamiento territorial. Gobierno y oposición, sociedad civil, organizaciones sindicales y patronales tendrían que poner en la agenda como prioridad trabajar sin descanso para que la igualdad de oportunidades se extienda a aquellos lugares donde la gente tiene que marcharse para poder sobrevivir.

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