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Mercenarios rusos desestabilizan el frágil equilibrio geopolítico del Sahel

El despliegue de las milicias privadas del grupo Wagner en Mali amenaza con recrudecer el conflicto yihadista e intensificar el flujo migratorio hacia Canarias

Mercenarios rusos desestabilizan el frágil equilibrio geopolítico del Sahel

La sombra del Kremlin se extiende por el Sahel. El despliegue de mercenarios rusos en Mali sacude la frágil estabilidad política de un país en el que desde 2012 se cruzan conflictos étnicos con ataques yihadistas. El Gobierno maliense, que llegó al poder en junio a través de un golpe de Estado, ha buscado apoyo en una empresa privada de paramilitares soviéticos, el grupo Wagner, conocido por actuar al margen de toda regulación internacional y sin ningún respeto hacia los derechos humanos. El acuerdo con los paramilitares soviéticos ha desatado una tormenta diplomática que ha resquebrajado las ya ásperas relaciones entre el país africano y Francia, que mantiene desplegados a más de 5.000 soldados en la zona con la Operación Barkhane, que inició en 2013 para apoyar a las autoridades nacionales en la lucha contra grupos yihadistas e insurgentes y tratar de estabilizar el país de cara a las elecciones presidenciales previstas para abril. Este cóctel de pugnas diplomáticas y militares amenaza con recrudecer los enfrentamientos bélicos en el interior de Mali y con lastrar al débil Gobierno local, lo que previsiblemente intensificaría los flujos migratorios hacia Canarias.

Mercenarios rusos desestabilizan el frágil equilibrio geopolítico del Sahel

A solo 850 kilómetros de la costa de Fuerteventura se encuentra la frontera norte de Mali. El 12% de los migrantes que llegaron al Archipiélago de manera irregular a lo largo del pasado año –unas 2.500 personas– eran de origen maliense. Durante la crisis migratoria de 2020, una de cada cinco personas que arribó a Canarias a bordo de una embarcación precaria procedía de Mali. Así, en solo dos años, unas 6.700 personas de este país desembarcaron en las Islas. Aproximadamente, uno de cada cuatro menores migrantes que permanecen bajo la tutela del Gobierno regional es de esta procedencia.

El conflicto que asola el norte de Mali desde 2012 ha provocado más de 251.000 desplazados internos y decenas de miles se encuentran en campos de refugiados en estados vecinos –61.000 de ellos en Mauritania, según datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR)–. Esta situación ha supuesto un incremento del número de malienses que intentan alcanzar Canarias y solicitar protección internacional. En 2019, de los 1.247 malienses que tramitaron una solicitud de asilo en España, 82 lo hicieron en las Islas, una cifra que se elevó hasta las 189 personas en 2020, de las 1.577 que lo hicieron en todo el país. El año pasado, hasta 4.452 malienses tramitaron su condición de refugiados en el territorio nacional.

Quince estados de la Unión Europea, entre ellos España –que mantiene desplegado a medio millar de soldados en el marco de la Misión de Entrenamiento de la UE en Mali–, denunciaron el desembarco en el país de los Wagner, a los que se considera un ejército de Rusia en la sombra. Si bien para el Gobierno de Vladimir Putin no existen oficialmente, porque ser mercenario viola las leyes soviéticas. Los signatarios de la denuncia lamentan la decisión de las autoridades malienses de utilizar los limitados fondos públicos para pagar a paramilitares extranjeros en lugar de apoyar a sus fuerzas armadas y reforzar sus servicios públicos en beneficio del pueblo. París ha denunciado que cerca del aeropuerto de Bamako se han instalado campamentos para acoger a los mercenarios. El Gobierno de Mali, liderado por el coronel Assimi Goita, niega cualquier relación con el grupo Wagner y alega que se trata de instructores para sus tropas.

La UE impuso en diciembre sanciones contra este grupo armado, debido a su implicación en «graves violaciones de los derechos humanos» en los países en los que ha operado, entre las que resaltan torturas y ejecuciones extrajudiciales. «El peligro es que el grupo Wagner no tiene relación oficial con ningún país y tampoco un acuerdo contractual formal con el Gobierno nacional que establezca unos límites de actuación. Trabajan para el Gobierno de la Federación de Rusia y lo hacen al margen de toda regulación internacional», señala Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano, quien advierte que dado que no tienen que rendir cuentas a ningún organismo carecen de límites en sus intervenciones y proceden sin ningún límite moral.

Además de tener comportamientos peligrosos, uno de sus objetivos es desacreditar el esfuerzo de las milicias internacionales. Una maniobra que ya provocó la salida de las fuerzas europeas de la República Centroafricana. Los Wagner se despliegan en la misma zona que las tropas europeas y luchan codo con codo con los militares locales que han sido formados y entrenados por los ejércitos europeos. En este sentido, Arteaga señala que la llegada de estos mercenarios pondrá en peligro la presencia europea, porque «no tiene sentido que instruyan a las tropas para que acaben bajo mandos mercenarios y actuando en contra de los valores de respeto a los derechos humanos y empatía con la población civil que se les han inculcado». Este especialista alerta de que «la población local atribuirá cada desmán que cometan a las fuerzas extranjeras», con lo que se desacreditará el trabajo que han realizado hasta ahora.

Guerra sucia

Francia ha advertido al Gobierno maliense de que la llegada de mercenarios rusos es una línea roja. El país galo ya había decidido hace meses reducir su presencia en el Sahel y participar con solo 900 efectivos en la nueva misión de la UE en la zona, la Operación Takuba. París tomó esta resolución por cuestiones relacionadas con sus capacidades, además de por el hostigamiento al que le ha sometido Rusia y algunos grupos locales, calificando sus intervenciones de colonialismo. Rusia acompaña la llegada de los paramilitares de maniobras de desinformación. «Envía mensajes y organiza operaciones de influencia para convencer a la población de Mali de que las fuerzas francesas y europeas están allí movidos por intereses económicos», destaca Arteaga.

Según Fontaka, un diario de San Petersburgo, estos mercenarios cobran unos 3.000 euros mensuales, con lo que, a falta de empleos bien retribuidos en Rusia, «hay cola para entrar en la milicia» pese al elevado número de bajas que se registra entre las tropas. Se estima que en la última década se han alistado unas 10.000 personas. Detrás de los Wagner, sostiene el especialista en Seguridad y Defensa, se encuentran actores con intereses económicos y estratégicos, ya que en otros países del Sahel este grupo cobra sus servicios accediendo a reservas de energía, oro y otros metales preciosos. No obstante, desde París han denunciado que se ha identificado la presencia de geólogos rusos en territorio maliense, que podrían tener interés en los recursos mineros del país africano.

Estados miembros de la UE han advertido a Mali de que tendrá que elegir entre su apoyo o el del grupo Wagner. Si se ven obligados a escoger, afirma Arteaga, «puede suponer la ruptura definitiva de las relaciones con Europa, así como el fin de muchas misiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y numerosos programas impulsados por organizaciones locales que dependen de financiación exterior». Estas desavenencias complicarían aún más la situación de la población de Mali, que vive en condiciones de extrema pobreza e inseguridad alimentaria, además de sufrir un conflicto bélico desde hace casi una década. Circunstancias que les empujan a iniciar un proceso migratorio lejos de su país de origen, incluso poniendo en riesgo su vida.

Grupo Wagner: el apoyo de los regímenes débiles o ilegítimos aliados del Kremlin

El grupo Wagner es una empresa de paramilitares, teóricamente privada, que opera cada vez más como punta de lanza de los intereses comerciales rusos en el extranjero. Se despliega en estados con regímenes débiles o inestables, sobre los que Moscú quiere extender sus tentáculos. Este ejército privado, financiado por Yevgeny Prigozhin, un estrecho colaborador del presidente soviético Vladimir Putin, está perfectamente equipado y no solo protege las actividades de empresas rusas en el exterior, sino que también sirve para afianzar la influencia política rusa y asegurar la extracción de recursos naturales valiosos. La compañía tiene presencia en Venezuela, donde el objetivo es reforzar la seguridad del presidente Nicolás Maduro frente a las protestas de la oposición; y en países como Ucrania o Bielorrusia, antiguos miembros de la extinta Unión Soviética, en Siria, Yemen, Madagascar, Mozambique, Libia o República Centroafricana. En los últimos años, el grupo Wagner ha extendido sus tropas por el corredor del Sahel, en concreto en Sudán y Mali y, además, ha habido reportes sobre su posible presencia en Guinea y Guinea Bissau. Prigozhin, el cerebro detrás de los mercenarios, es conocido como el chef de Putin y amasó su fortuna gracias a lucrativos contratos de restauración con el Kremlin, lo que le valió para ganarse su apodo. El grupo Wagner surgió a raíz del fracaso de la empresa militar privada Cuerpo Eslavo –registrado en Hong Kong–. En 2013, esa compañía llevó a cabo una operación mercenaria fallida en Siria y sus fundadores, dos ciudadanos rusos, terminaron en prisión. Entre los componentes que quedaron en libertad se encontraba Dmitry Utkin, quien formó la nueva firma junto a otros excombatientes. Utkin, un admirador del Tercer Reich, llamó a la nueva organización grupo Wagner, en honor al compositor favorito de Hitler.

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