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China agita el ‘statu quo’ geopolítico en el entorno atlántico de Canarias

Las intenciones de Pekín de establecer una base naval en Guinea Ecuatorial alerta a EEUU y Europa en el marco de las crecientes tensiones en África Occidental

Xi Jinping en una visita relámpago al Teide en 2019. EFE/ RAMÓN DE LA ROCHA

China quiere afianzar y reforzar su presencia en África. Al dominio económico y comercial que el gigante asiático está logrando imponer sobre buena parte del continente africano, el régimen de Pekín pretende sumar ahora una influencia militar, inquietante para las potencias occidentales. Si el primer paso de ese objetivo ya lo dio en 2017 con la apertura de una primera instalación naval en Yubuti, en el Cuerno de África, ahora quiere dar el salto a la costa occidental en alguno de los países ribereños del Atlántico medio, es decir, en el entorno geográfico y marítimo de Canarias. De momento son planes que están esbozados en conversaciones de las autoridades chinas con las de algunos de esos Estados, pero las informaciones de que disponen los servicios secretos de EEUU sostienen que alguno de ellos ya habría dado el visto bueno para iniciar el proyecto, en concreto en Guinea Ecuatorial, la excolonia española gobernada desde hace hace más de 40 años por Teodoro Obiang, en cuya capital económica y principal ciudad portuaria, Bata, se situaría la instalación.

La presencia militar china en África Occidental de manera permanente a través de una base naval es considerada por EEUU, y para sus socios europeos antiguas potencias coloniales, como un elemento distorsionador del contexto geoestratégico en el continente y sumaría un motivo de preocupación en su costa atlántica, donde los conflictos regionales siguen aumentando muy cerca del área de influencia de Canarias. El bloqueo de la situación del Sáhara Occidental y las crecientes tensiones por la escala semibélica entre Marruecos y el Frente Polisario; la nueva crisis entre el propio régimen marroquí y Argelia por el dominio sobre el Magreb; la inestabilidad en muchos países de la zona como la expresada en los golpes de Estado durante este último año en Sudán, Mali, Níger, Chad y Guinea Conakry; o la pulsión del terrorismo yihadista que sigue propagándose por el Sahel y que está extendiéndose a países costeros como Costa de Marfil o Ghana son algunos de esos conflictos regionales.

En este marco, la entrada de China como actor político y militar en cualquiera de los países del Atlántico medio agitaría de forma preocupante el statu quo geopolítico de la región contra los intereses norteamericanos, sobre todo en el contexto de la guerra comercial entre Pekín y Washington de los últimos años. Para Canarias, trastocar cualquiera de las piezas del complicado puzzle en un entorno geográfico cercano siempre es motivo de preocupación porque puede afectar a sus relaciones comerciales con los países de la zona y tener algún tipo de consecuencia en relación al fenómeno migratorio.

El interés de China de complementar su presencia económica en África Occidental por la vía de la presencia militar es conocido desde hace tiempo, pero nunca hasta ahora se había tenido evidencia de que se estuviera concretando de forma práctica. Sin embargo, desde hace algunas semanas las sospechas de que algo se está moviendo en ese sentido han tomado cuerpo a raíz de la publicación de informes clasificados de la inteligencia norteamericana que apuntan a que Pekín está buscando establecer en la ex colonia española su primera base militar donde el país asiático podría alojar, abastecer, reparar y rearmar sus buques de guerra. Se trataría de un salto cualitativo en la política africana del país y en el nivel de tensiones entre las dos potencias, con evidentes posibles consecuencias en todos los ámbitos de la política internacional.

La presencia militar china en África añade tensión en el área de influencia del Archipiélago

Según el diario The Wall Street Journal, basado en información clasificada de Estados Unidos, China habría mantenido a su vez conversaciones con Tanzania para el establecimiento de otra base naval en la costa oriental con el fin de ampliar su poderío militar en el Cuerno de África, lo que ha suscitado una notable preocupación por parte de la Armada estadounidense y del Pentágono por las posibles amenazas a su seguridad. La publicación señalaba que el principal viceconsejero de Seguridad nacional de EEUU, Jon Finer, visitó Guinea Ecuatorial en octubre en una misión para persuadir a Obiang de que rechazara las propuestas de China.

Para la administración de Joe Biden, que mantiene en lo esencial la política de enfrentamiento al rival asiático que inició su antecesor, Donald Trump, si el puerto de Bata se convirtiera en una base militar, esto permitiría a Pekín reparar y rearmar sus buques de guerra y otros equipos navales en las mismas aguas en las que se encuentra el litoral oriental de Estados Unidos. Pese a que el vicepresidente de Guinea ha negado que exista tal acuerdo con la administración de Xi Jinping, presidente de China, el Pentágono y la diplomacia norteamericana está actuando ya en el sentido que advierten sus informes internos.

El país asiático, según estas informaciones, se ha interesado además por varias naciones africanas situadas desde Mauritania hasta el sur de Namibia, con la intención de establecer instalaciones navales para basar buques de guerra tanto en el Atlántico como en el Pacífico. China se ha convertido en el principal actor internacional en África tras décadas de fuertes inversiones económicas, lo que le ha otorgado una gran influencia sobre numerosos líderes africanos. De hecho los créditos para infraestructuras han convertido a China en el mayor acreedor bilateral de África. Algunos críticos occidentales han calificado estos préstamos a las naciones africanas en desarrollo, de «trampas de deuda» que dejan expuestos a los gobiernos vulnerables, mientras esta obtiene acceso a valiosas infraestructuras y recursos. Se trataría, según esta lectura, de un neocolonialismo de consecuencias imprevisibles para la soberanía del continente.

Dueños de la deuda

En la actualidad, se estima que ya hay 10.000 empresas chinas en África, que habrían generado 180.000 millones de dólares al año en ingresos y podrían alcanzar los 250.000 millones en 2025, mientras el Estado chino se ha hecho con una gran parte de la deuda de estos países, a los que financia en sus precarios modelos de desarrollo. Esta actividad económica y comercial del gigante asiático en el continente africano habría dado como resultado que más de un millón de ciudadanos chinos se hayan establecido en él desde el año 2000. Según publican medios especializados, China ha afianzado su aparato militar y de seguridad en África y lo ha logrado, en gran medida, sin provocar ninguna reacción internacional. Según este análisis, en las ultimas dos décadas Pekín ha evitado astutamente colocar una fuerte presencia de tropas en el continente, como las que sí mantienen Francia y EEUU, pero ha integrado un componente militar y de seguridad en sus asociaciones económicas y comerciales con los países donde mayor presencia tiene, haciendo que la misma sea parte del tejido del desarrollo del continente.

Guinea Ecuatorial es uno de los países donde esa estrategia está dando resultados. Con 1,4 millones de habitantes, es uno de los países más pequeños de África, pero posee abundantes recursos petrolíferos en alta mar, lo que lo convierte en el más rico del continente subsahariano en términos de PIB per cápita. La dictadura de Obiang ha presentado al capitalismo comunista de Pekín la oportunidad de establecer una presencia militar en el Atlántico medio africano, pero no es el único. Se da por hecho que el gigante asiático intentará establecer otras bases en los países africanos ribereños para consolidar la construcción de una arquitectura de seguridad panafricana. Los analistas internacionales consideran que el continente africano serviría de base avanzada para que Pekín pueda consolidar su hegemonía y proyectar poder frente a EEUU y Europa.

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