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Crónica parlamentaria

Amenaza para La Palma y reto para la autonomía

Todo el pleno fue un largo reconocimiento y abrazo a los palmeros por parte de los portavoces parlamentarios

El consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Julio Pérez, en el Pleno. Carsten W. Lauritsen

Los malos augurios de hace una semana se trocaron en un horror tan intenso que hasta traspasó la placenta parlamentaria y uno juraría que media docena de diputados presentes incluso se emocionaron. La erupción volcánica de La Palma no ha registrado muertos ni heridos, pero su impacto quedará como una cicatriz de lava ardiente en la memoria de toda una generación, en la ruina y desarraigo de varios miles de personas. La Cámara regional no tuvo más remedio ayer que enfrentarse a una realidad que literalmente quema y que necesita de todos los isleños, de todas las instituciones y agentes políticos, de todo un país unánime para superarla, repararla, amarla de nuevo, tener consciencia que hemos sabido superar una desgracia como esta. Si no se consigue salvar La Palma va a ser muy difícil que los canarios se sigan considerando un pueblo. Ese volcán todavía sin nombre consensuado es una infernal amenaza para vidas y haciendas, pero también para Canarias como sociedad organizada y como símbolo político y emocional compartido por todos.

El pleno se retrasó, precisamente, porque la Junta de Portavoces se reunió bajo la presidencia de Gustavo Matos y acordó enviar 200.000 euros a La Palma. Todo el pleno fue un largo reconocimiento y abrazo a los palmeros por parte de cada uno de los portavoces parlamentarios. El Gobierno – se comenta que es una instrucción terminante del presidente Torres –evitó cualquier conato de triunfalismo o satisfacción siquiera; la oposición, sin renunciar a su función fiscalizadora, reiteró una y otra vez su apoyo al Ejecutivo durante la crisis volcánica, que sin duda se prolongará semanas, y tal vez meses.

Las preguntas orales al jefe del Gobierno no brillaron precisamente por su originalidad ni su sentido pragmático y estuvieron siempre espolvoreadas de adjetivos épicos y saludos fraternales a los palmeros (e incluso a las palmeras). Recuerdo a un caballero de Breña Alta que solía decir que si la gente te saludaba mucho es que tenías razones para sospechar lo peor. Los palmeros, en la carrera entre Aquiles y la tortuga, le preguntan a Aquiles por su mamá y su papá y luego se echan a andar como chupando distraídamente una rapadura y al final, claro, llegan antes que Aquiles, que no entiende qué diablos ha pasado. Casimiro Curbelo, por ejemplo, expresó que en su opinión la sociedad palmera es digna de admiración «por su reacción ante la catástrofe», una ocurrencia que luego fue muy repetida. Torres también respondió a otras preguntas, como la de María Australia Navarro, que insistió en el paulatino empobrecimiento de Canarias en los dos últimos años. El presidente, un tanto confusamente, le respondió que el empobrecimiento de Canarias llevaba la friolera de cuarenta años de recorrido. Es difícil entender de dónde extrae el señor Torres los datos. En 2019 el PIN anual de Canarias fue de 47.164 millones de euros; en 1999, veinte años antes, fue de 23.515 millones, y en 1995, de 17.426. Algo similar ocurre con el PIB per cápita: en 2019 alcanzó los 21.244 euros; mientras que en 1995 no pasó de los 11.200 euros, y eso a pesar del fuerte incremento poblacional. «Partimos de datos muy malos», insistió el presidente como tiene por costumbre, y se refirió al desempleo. Ciertamente Torres y sus socios recibieron una tasa de desempleo que superaba el 19% de la población activa. Pero eso está muy lejos de ser el peor dato de la serie histórica. En julio de 2015, cuando Fernando Clavijo asumió la Presidencia con la socialista Patricia Hernández como vicepresidenta, el desempleo había escalado hasta el 30,3% de la población activa. Ese fue el legado del Gobierno presidido por Paulino Rivero y vicepresidido por José Miguel Pérez, por entonces secretario general del PSC-PSOE.

Luis Campos, que se supera en cada pleno en materia de planchado de camisas impolutas, habló muy rotundamente sobre el reto que supone una óptima coordinación de todas las administraciones y se felicitó de que todas las fuerzas políticas canarias estuvieran juntas y solo intentasen sacar tajada política «los de siempre, pero están a 1.500 kilómetros de distancia…No conocen la identidad de nuestro pueblo, la grandeza de nuestro pueblo». Pese a la discreción obligada, Fierro le preguntó de nuevo al presidente del Gobierno de qué material celestial estaba hecho. María del Río, portavoz de Podemos, se emocionó mucho al evitar emocionarse y dijo que Canarias es La Palma; algunas horas después, su compañero, Francisco Déniz, subrayó que La Palma es Canarias. El PP y Coalición Canaria se mostraron colaboradores y cautos, aunque exigiendo las perras ya. El más interesante, curiosamente, Ángel Víctor Torres, que dio una lección de realismo: aún estamos en plena emergencia, todavía quedan por evaluar sistemáticamente daños que seguirán produciéndose y lo más duro todavía no ha comenzado. Y es cierto.

En la mañana de ayer, mientras se desarrollaba el pleno, se celebró el Consejo de Ministros, que como estaba previsto declaró Zona Gravemente Afectada por Emergencia a La Palma y remitió 10,5 millones con carácter urgente. No parece demasiado dinero, y no lo es, pero se trata de ayudas inmediatas (vivienda y enseres) mientras se prepara un verdadero Plan de Reconstrucción de La Palma, para cuyo diseño se reunió en la tarde de ayer una Comisión Mixta Canarias-Estado, de la que informó Julio Pérez, consejero de Administraciones Públicas, a los diputados. Por irritante o decepcionante que parezca, es imprescindible reunir, ordenar y evaluar toda la información disponible mientras el volcán sigue produciendo destrozos y provocando ruinas. El consejero de Obras Públicas, Sebastián Franquis, se comprometió ante sus señorías en que las primeras de las 167 viviendas que pretende adquirir el Gobierno autónomo a través de la empresa pública Visocan se entregarán a sus nuevos propietarios antes de que finalice el mes de octubre, que está a punto de empezar. Una observación solo aparentemente superflua: las viviendas no estarán en las zonas afectadas. En esas cientos de hectáreas sepultadas por la lava no será posible establecer una vida o recuperar un cultivo durante muchos años. El sentimiento de desarraigo será extraordinariamente duro para muchos palmeros. La atención psicológica no es una opción complementaria, sino imprescindible en los servicios que se preste a los damnificados en los próximos días y semanas.

Los diputados palmeros asistieron a la reunión plenaria por streaming. Se habían concentrado en El Paso. En los rostros del salón de Teobaldo Power podía registrarse curiosidad, asombro, preocupación. Las caras de El Paso expresaban tensión, cansancio y angustia. Era su gente, sus vecinos, sus administrados, sus propios familiares y amigos los amenazados por los temblores, la lava, las explosiones, los desalojos. El más afectado, sin duda, el alcalde de El Paso, Sergio Rodríguez, adornado con las ojeras de alguien que apenas ha dormido un par de horas diarias desde hace una semana. «Esto es duro…Esto es muy, muy duro…Sentarse con una vecina de más de ochenta años y que ha perdido su casa…Y te pregunta ¿ahora qué hago yo?». Pareció a punto de derrumbarse un par de veces, pero siguió adelante, solicitando y ofreciendo a la vez ayuda y compromiso por encima de siglas y banderías. «Cuando vives esto…cando vives esto te das cuenta, y ustedes perdones, que los debates que tenemos en las instituciones son solo estupideces…Aquí hay que ayudar a la gente por encima de todo…Todos los esfuerzos en eso y nada más». Al terminar la conexión todos los diputados se levantaron y lo aplaudieron largamente. A Sergio Rodríguez y los restantes diputados palmeros. A los alcaldes de El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte. Por los días que ha pasado y las durísimas jornadas que todavía han de llegar. Anoche, poco después de acabar el pleno, la lava llegaba a la carretera de la costa y dejaba incomunicados Puerto Naos, El Remo y La Bombilla.

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