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Yanes ‘destapa’ ratas, cucarachas y chinches en residencias de mayores

La Diputación del Común entregó un informe al Parlamento en 2020 sobre numerosas deficiencias en los centros y los políticos aún no lo han analizado

Baño de una de las residencias inspeccionadas por los técnicos de la Diputación del Común en Canarias.

Sin respuesta ni comparecencia durante diez meses. La Diputación del Común aún espera para exponer en el Parlamento canario un informe que entregó en noviembre de 2020 sobre las residencias de mayores donde se relata la convivencia de los usuarios con ratas y cucarachas en las cocinas, chinches en los colchones e incluso brotes de sarna, una alimentación en entredicho, personas que se mantienen con manchas de restos de comida sin cambios de ropa salpicada durante la jornada, una atención médica escasa por la carencia de personal así como falta de actividades de terapia ocupacional.

El informe, cuyo contenido fue adelantado ayer por Radio Club Tenerife -Cadena Ser, no deja títere con cabeza, y, aunque se ha tramitado correctamente en el Parlamento desde que se presentó para su exposición, los políticos no lo han analizado y está en lista de espera para debatirse en la Comisión de Derechos Sociales, que preside María del Río, de Podemos, el mismo partido que la consejera del área que gestiona estos centros en el Gobierno regional, Noemí Santana.

La Consejería de Derechos Sociales argumenta que ese informe esta realizado antes de la pandemia, la visitas se produjeron en 2019 y se tuvieron que paralizar por el estado de alarma en marzo del año pasado. El equipo actual se incorporó en agosto de 2019, con lo que se excusan de las condiciones en las que se pudieran vivir en esas residencias. Es más, «si en ese informe se vieron infracciones se debieron comunicar a Fiscalía o al anterior grupo de Gobierno (CC)», recalcan desde la Consejería.

Precisamente, la exconsejera de Servicios Sociales, de Coalición Canaria, Cristina Valido, opina lo mismo sobre que si la Diputación del Común detectó esas anomalías debió ir directamente a la Fiscalía, y recuerda que en su época desde que tenía conocimiento de alguna carencia cerraba las residencias: ocho llegó a clausurar, añade. 

La Consejería de Derechos Sociales señala que desde sus primeros pasos en el Gobierno «se vio que era necesario mejorar las inspecciones y se duplicó el número de personas que se dedicaban a ello, además de lanzar una convocatoria para 11 inspectores más que serán incorporados en breve».

Una persona mayor en una residencia de ancianos. E. D.

Indica que la Diputación del Común les pidió información en octubre de 2019 pero después llegó la pandemia y, en ese momento, se extremaron las medidas de control en las residencias. Por ello, aseveran desde este área que «tras detectar que el servicio de inspección era endeble y que había que reforzarlo las cosas han mejorado», y precisan que en las residencias el protocolo de inspecciones no depende solo de esta Consejería, sino que Salud Pública (Consejería de Sanidad) tiene la parte de limpieza o plagas y los cabildos también tienen que controlar esos aspectos.

Las justificaciones brotan, pero los datos de este informe son verdaderamente alarmantes. El documento lo suscribe la adjunta a la Diputación del Común, María Milagros Fuentes, y describe numerosas deficiencias en las residencias de mayores en Canarias, tales como la presencia de cucarachas, ratas, chinches, hormigas o suciedad en las instalaciones. También pone el foco en la laxitud normativa, como por ejemplo la ausencia en Canarias de una regulación sobre el uso de sujeciones de los ancianos, ni siquiera «un protocolo consensuado de procedimiento», o la práctica recurrente del silencio positivo en la renovación de la acreditación de las residencias como centros de atención residencial. Este informe es el resultado de la inspección tras veinticinco visitas a centros residenciales, sin previo aviso, de personas mayores de Gran Canaria, La Palma, Lanzarote y Tenerife en 2019. En el mismo se hace constar también humedades en las habitaciones, paredes descascarilladas, con pintura decolorada o con claros signos de falta de pintura; zonas comunes con evidentes deficiencias por desuso, maderas astilladas, balcones con ventanas desajustadas y sin el correspondiente cierre. Se alude asimismo a cocinas sin las debidas protecciones de mosquiteras, abiertas a espacios abiertos, uno de ellos utilizado como «vertedero» de los desechos de las cocinas. El informe también habla del personal sin las medidas de protección individual, sobre todo en cocina; baños con «evidentes signos de suciedad», colchones en desuso apilados en zonas comunes y pasillos, comedores con restos de la anterior comida. «Se vieron centros donde se hacía uso del mismo par de guantes para la higiene de personas usuarias y de labores de limpieza», indica el documento.

Y también es llamativo que algunos centros dicen que las visitas médicas se distancian casi en un año, o que en vez de hacerles rehabilitación o gimnasia durante las visitas se observa que las personas mayores permanecen inactivas, sentadas, incluso acostadas en cualquier lugar de las instalaciones sin actividad alguna a lo largo del día.

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