Carolina Darias está viviendo sus momentos más complicados y amargos en el Gobierno central. La ministra canaria ha encadenado en unas pocas semanas una serie de decisiones al frente del Ministerio de Sanidad que la han puesto en la picota y debilitan su posición de cara a esa remodelación del Ejecutivo que estaría preparando el presidente, Pedro Sánchez, para antes de finales del verano. Cuando más felices se las prometía la socialista canaria por la buena marcha de la campaña de vacunación y el país se encamina hacia la inmunidad de grupo incluso antes de las fechas previstas, una discutida medida aumentando las restricciones de la hostelería y el ocio nocturno para seguir combatiendo la pandemia, que ha sido rechazada por muchas comunidades autónomas y cuestionada por la Audiencia Nacional, la ha colocado en el disparadero político.

Es el tercer tropiezo de la ministra en muy pocas semanas que se suma a las polémicas sobre la administración de la segunda dosis de la vacuna de AstraZeneca, y sobre la elección de las plazas de especialistas de los MIR (Médico Interno Residente). Si hasta ahora su continuidad en el Ejecutivo de Sánchez en un departamento en el que sólo lleva menos de cuatro meses no se cuestionaba por nadie, su errores y el enredo que no ha sido capaz de sortear le pueden complicar mantenerse en el cargo.

Darias presidirá esta tarde un Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (Cisns) que se prevé áspero y tenso y en el que certificará la marcha atrás que se ha visto obligada a dar respecto al acuerdo alcanzado la semana pasada. En esencia, dicho acuerdo, al que se opusieron seis comunidades autónomas y ante el que se abstuvieron otras dos, establecía nuevas restricciones de apertura y funcionamiento para los locales de ocio nocturno, un sector muy castigado tras más de un año casi sin actividad y que asegura que no podrá sostenerse si este verano no puede recuperar cierta normalidad. Ante la amenaza de comunidades como Cataluña, País Vasco o Madrid de que no cumplirían dichas restricciones porque no eran de obligado cumplimiento y además invadía competencias autonómicas al haber decaído ya el estado de alarma, la ministra sostuvo que sí eran medidas obligatorias y casi en tono de amenaza aseguró que el Gobierno las haría cumplir.

Desde ese día, Darias ha sido el centro de todas las críticas no solo por parte de los gobiernos regionales que se opusieron a esas restricciones, sino por la de la mayoría de la fuerzas políticas del Congreso, que precisamente ayer lograron que la Mesa de la Cámara aprobara la comparecencia de la ministra ante la Comisión de Sanidad para que explique el sentido de esas medidas que se empeñaba en imponer pese al descenso de los contagios, y en aparente contradicción con el hecho de que el Ejecutivo decidiera dar flexibilidad a las regiones para pautar sus propias medidas en función de la su situación epidemiológica.

A la avalancha de críticas se suma que la Audiencia Nacional –ante la que la Comunidad de Madrid presentó un recurso– dictara el lunes un auto que deja en papel mojado el acuerdo del Consejo Interterritorial y que, como resultado, ha obligado a Darias a elaborar un nuevo documento que hoy presentará a los consejeros autonómicos de Sanidad en el que reconoce que las medidas no son obligatorias y propone otras nuevas que se supone incluirá las propuestas que hagan los representantes de las comunidades.

Además de la rectificación, la ministra tendrá que asumir el trago amargo de escuchar los reproches de los consejeros que ya le advirtieron del error que suponía unas medidas que consideraban “unilaterales” y que invadía competencias. El debate, además, adoptará con toda probabilidad un tono político y de carga muy directa y personal contra la ministra, como el que ayer ya emplearon los grupos del Congreso en sus comparecencias habituales tras la Junta de Portavoces.

No llegarán estas críticas, en todo caso, a las que acompañan a la cuestionable teoría acuñada por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de que esas medidas suponían de facto un «ataque» a esa región y a sus ciudadanos con la secreta intención por parte de Darias de postularse como candidata a la Presidencia de Canarias en las elecciones de dentro de dos años.

Verdad o no, lo cierto es que la ministra canaria está empezando a perder pie en su posición política tras una serie de decisiones muy contestadas y sobre las que se ha visto obligada a rectificar. Es lo que sucedió también en el caso del pinchazo de la segunda dosis a las personas vacunadas con el suero de AstraZeneca.

Así, tras varias semanas de incertidumbre y explicaciones contradictoras en espera de estudios científicos sobre una vacuna que primero fue recomendada para los ciudadanos de menos de 60 años, luego suspendida por los trombos que provocaba en un mínimo porcentaje entre los vacunados, y finalmente reservada para la franja de edad entre 60 y 69 años, Sanidad recomendó Pfizer a las personas pendientes de segunda dosis con la opción de rechazarla y ponerse la anglosueca. Pero, ante la sorpresa de las autoridades de Sanidad y de la propia ministra, resultó que la mayoría de los ciudadanos de esa franja de edad temían más las posibles secuelas de combinar dos sueros, que la de sufrir trombos con ambas dosis de AstraZeneca, marca por la que se decantaron la práctica totalidad de los afectados. Tras una primera pataleta del Ministerio, finalmente Darias se vio obligada a asumir la política de hechos consumados de las comunidades que daban a elegir.

La otra polémica protagonizada por la socialista canaria está relacionada con el sistema de elección de plaza de especialidad para los estudiantes de medicina candidatos al MIR. La oposición de este colectivo a la elección telemática y no presencial está siendo insistente y ha provocado manifestaciones de este colectivo por todo el país . El equipo de Darias sostiene que con este nuevo método todo será más «eficiente y eficaz», que es legal y que ya no se puede cambiar, pero los MIR lo niegan y hablan de una «pesadilla» en la elección ‘a ciegas” de las plazas. De momento, los médicos mantienen su campaña de protestas y la ministra propone un sistema intermedio de elección telemática similar a la presencial. Una nueva corrección de posiciones para evitar que el patinazo, otro más, se consolide.