Sus abuelos paternos se fueron de Canarias a Venezuela huyendo del franquismo. Muchos años después, en 2017, Grace Rodríguez Romera hizo el mismo trayecto que sus abuelos. Pero en sentido contrario: dejó Venezuela para encontrar en las Islas la prosperidad que su país natal le negaba. Un país que «amputa los sueños» y que sufre un éxodo sin precedentes.

Grace es parte de los 5,6 millones de emigrantes y refugiados que se han visto obligados a abandonar Venezuela. Las cifras de la diáspora venezolana se acercan cada vez más a las de Siria, un país que lleva más de diez años sumido en una cruenta guerra. Canarias, por sus lazos históricos con Caracas, se ha convertido en la segunda casa de buena parte de esos migrantes venezolanos. En muchos casos, como el de Grace, es la misma casa que los abuelos tuvieron que dejar atrás cuando la prosperidad estaba en Sudamérica y no en España.

La crisis de Venezuela se agrava a partir de 2013, tras la muerte de Hugo Chávez y las elecciones presidenciales que enfrentan a Nicolás Maduro y Henrique Capriles Radonski. El nacimiento del régimen de Maduro es el momento en que la emigración se acelera. Revueltas, protestas, hiperinflación, escasez de productos de primera necesidad, inseguridad ciudadana... Una profunda crisis social y económica que empuja a la emigración a millones de personas. Ese año, 2013, residían en el Archipiélago alrededor de 40.000 venezolanos. Hoy son casi el doble. Un total de 73.374, según el Padrón Continuo del Instituto Nacional de Estadística (INE). Canarias es así, junto con la Comunidad de Madrid, el principal destino en España de los «desplazados» venezolanos.

Agustín Rodríguez, presidente de la oenegé Unión Canario Venezolana (UCV), apunta que el término «desplazado» es el que mejor define a los millones de personas que han abandonado el país sudamericano. Rodríguez explica que la UCV nació hace 18 años para ayudar al isleño retornado de Caracas. Sin embargo, ha acabado convirtiéndose en una oenegé de ayuda humanitaria ante la diáspora originada por la crisis de Venezuela. Un éxodo cuya verdadera dimensión va mucho más allá de la estadística oficial. Esos 73.374 venezolanos que viven en las Islas son solo una parte de todos los que en realidad viven en las Islas. «Las cifras oficiales se quedan muy distantes de la realidad», asegura el presidente de la UCV. Son muchos más los que residen en la Comunidad Autónoma pero no han podido conseguir la ciudadanía; y aún más quienes esperan en Venezuela la oportunidad de venir al Archipiélago.

Grace tuvo la suerte de que sus abuelos eran canarios, «guanches», lo que la ayudó a instalarse en Tenerife. Esta joven emprendedora regenta su propio negocio en la capital tinerfeña, el Paladar by Romera, la cafetería que montó en 2017, solo siete meses después de llegar a Canarias. El Paladar, como se conoce al establecimiento de la glorieta Pedro de Mendoza –gracias al que muchos santacruceros han descubierto el guayoyo–, es la continuación del negocio que su madre, Esther, tenía en Venezuela. El mismo negocio en que Grace trabajó cerca de diez años hasta reparar en que «no había alcanzado nada». «Ni siquiera comprarme un coche», recuerda. Cuatro años después de venir al Archipiélago, Grace reconoce con cierta tristeza que Venezuela es hoy «un país que, de alguna forma, amputa los sueños».

La empresaria expone que España es un país «rico» por cuestiones tan básicas como la luz, el agua y los alimentos. «Lo demás es trabajártelo», agrega antes de puntualizar que esa posibilidad no existe en Venezuela. Con trabajo o sin trabajo, quienes se quedan en Caracas «solo pueden sobrevivir». Por eso el sentimiento de Grace y los suyos no es el de quien decide marchar, sino el de quien se ha visto forzado a marcharse: «Nosotros sentimos que nos expulsaron». No en vano, también la mayoría de sus primos, la mayor parte de los nietos de aquellos abuelos que fueron a Venezuela a buscar un mejor futuro, ha salido ya de Venezuela. «¿Dónde está mi gente? Pues regada por el mundo», se pregunta y contesta la hostelera tinerfeña. Y los que no están «regados por el mundo», como algunos de sus tíos, «están viviendo casi encarcelados entre la pandemia y la inseguridad». No sorprende entonces que Grace no tenga entre sus objetivos vitales regresar al país en que nació. «No pienso en volver... Estamos hablando de una narcodictadura», lamenta.

Porque el de Venezuela es un problema «político, económico y social». Justo por ese orden, precisa Agustín Rodríguez. «Los cubanos tuvieron que lanzarse en una balsa a un océano lleno de tiburones; con esto quiero decir que lo que están sufriendo los venezolanos es algo que ya han sufrido otros países. Es necesario un cambio de régimen», añade el presidente de la UCV.

La oenegé abre sus puertas todos los miércoles para ayudar a tantas personas como puedan. Pero muchas veces no dan abasto. Las solicitudes de ayuda, las peticiones de información sobre trámites consulares o permisos y las consultas desde Venezuela sobre las posibilidades de poner rumbo a Canarias no han dejado de multiplicarse desde 2013. El Gobierno de Canarias está echando una mano –«se está portando»– pero las consecuencias de la crisis van mucho más allá de lo que el Ejecutivo regional y las organizaciones no gubernamentales pueden hacer para paliarlas.

Moisés Fernández es el representante para España y Europa de Encuentro Ciudadano, el partido que lidera la abogada y activista por los Derechos Humanos Delsa Solórzano. Fernández, miembro también de la Unión Canario Venezolana, salió de su país natal en 1989 por circunstancias personales. Estuvo diez años viviendo en Aruba, una pequeña isla del Caribe holandés, hasta que en 1999 se trasladó a Canarias. En aquel momento, él y uno de sus hermanos –que se había instalado en Estados Unidos por motivos laborales– eran los únicos miembros de la familia que habían dejado Venezuela. Hoy, en cambio, solo otro de los hermanos sigue allí; el resto de la familia ya se ha marchado.

Fernández contrasta el perfil del emigrante venezolano en los años en que él salió de Sudamérica con el del actual «desplazado». «El venezolano antes venía a invertir, mientras que hoy tiene que acudir al banco de alimentos; la cruda realidad es que quienes vienen ahora, en muchos casos médicos, ingenieros o titulados de distintas ramas, se ven trabajando de riders» –repartidores en bici o motocicleta–, ahonda el representante de Encuentro Ciudadano.

Moisés Fernández tenía la doble nacionalidad española y venezolana cuando se instaló en la Comunidad Autónoma, pero no todos los inmigrantes cuentan con esta doble condición, por lo que les resulta más complicado regularizar su situación una vez en Canarias. Por eso muchas personas tratan de acreditar documentalmente que tienen un ascendiente isleño antes de coger el avión en Caracas rumbo el Archipiélago.

La tarea de dar con la partida de nacimiento de ese abuelo o bisabuelo no siempre es sencilla, y aquí el papel de los archivos de la Iglesia está siendo clave. Miguel Ángel Navarro, director del Archivo Histórico Diocesano de La Laguna, reconoce que en los últimos años, conforme al progresivo empeoramiento de la situación en Venezuela, también se ha incrementado el número de peticiones desde este país para buscar la partida de nacimiento de ese ascendiente tinerfeño o grancanario que ahora puede ayudarles a regularizar su situación en las Islas.

Navarro explica que las solicitudes de documentos no están llegando tanto al Archivo Histórico como directamente a las parroquias. Los descendientes venezolanos de un nacido en Tacoronte, Garafía o Telde se dirigen a la parroquia del municipio de que se trate, «y sí es verdad que en los últimos años se está produciendo esa mayor afluencia», ahonda el también delegado diocesano de Patrimonio Histórico.

La estadística oficial dice que la población venezolana llega en España a las 413.662 personas. En Madrid viven 122.059 y en Canarias, 73.374. Así pues, un 18% de todos los venezolanos que residen en España está empadronado en el Archipiélago. Casi dos de cada diez. En 2013, cuando estalla la crisis política tras las elecciones presidenciales que siguieron a la muerte de Hugo Chávez, es decir, cuando comienza el régimen de Nicolás Maduro, la comunidad venezolana en las Islas sumaba alrededor de 45.000 personas. Desde entonces casi se ha duplicado. Y esto es lo que dicen las cifras oficiales, pero en realidad el número de residentes venezolanos es mayor. «Mucho mayor», afirma Moisés Fernández. El también representante para España de Encuentro Ciudadano recuerda que muchos de quienes han dejado el país sudamericano para venir a las Islas, como es su caso, ya tenían la doble nacionalidad –venezolana y española por sus ascendientes– cuando deciden abandonar Caracas. Y todas estas personas, miles que también están residiendo en el Archipiélago, «no figuran en esa estadística». La isla que concentra la mayor parte de la comunidad venezolana en Canarias es Tenerife, donde residen unas 53.000 personas nacidas en el país sudamericano. En la otra isla capitalina, Gran Canaria, viven alrededor de 10.000. El hecho de que el número de venezolanos en Tenerife quintuplique el de Gran Canaria tiene una razón histórica. La emigración de Tenerife a Sudamérica se dirigió en su mayor parte hacia Venezuela, mientras que quienes marchaban de Gran Canaria lo hacían sobre todo a Cuba. Los lazos históricos con Caracas son así más fuertes en el caso de la isla tinerfeña, donde nacieron muchos ascendientes de venezolanos que sufren la crisis de su país. A estos les resulta más fácil buscar un mejor futuro en Canarias si acreditan el origen isleño de sus ascendientes. No siempre es sencillo justificar la ascendencia, por lo que muchos recurren a los archivos diocesanos o directamente a las parroquias del municipio de su antepasado por si conservan algún documento acreditativo.