Un grupo de decenas de usuarios del Centro de Acogida Integral (CAI) de Santa Cruz de Tenerife (en la antigua prisión Tenerife I, en la avenida Benito Pérez Armas), protestaron esta mañana por "la mala gestión" que se realiza en dicho recurso en materias como la atención sanitaria, la adecuada escolarización de los niños, la asistencia y seguimiento a mujeres embarazadas, las actividades de formación o la comida, entre otras cosas. Y, de nuevo, se volvió a escuchar el grito de "libertad" para reivindicar su posibilidad de viajar hasta la Península u otros países de la Unión Europea. Además, mujeres senegalesas afirmaron que no les entregan ropa y calzado para sus hijos, por lo que tiene que buscar en los contenedores de basura. Una joven senegalesa, Sali Mata Sall, afirma que desde la mencionada ong la han invitado a mendigar en la calle para que así pueda comprar los medicamentos que necesita. Un portavoz de Cruz Roja responde que la comida se elabora en base al criterio de un nutricionista para que tenga los alimentos necesarios, que se da una atención sanitaria de una vez a la semana por voluntarios y que se realizan los trámites necesarios para la escolarización de los menores. Y advierte de que a los migrantes se les da ropa y material de higiene personal a su llegada y después se repone en función de las solicitudes.

El joven Abdou, natural de Senegal, afirma que "estamos muy enfadados, porque Cruz Roja no trabaja bien". "Hay mucha gente, muchos niños no van a clase, muchos enfermos que no reciben medicamentos ni atención", explica. Apunta que "no nos enseñan nada, no hay formación", pero tampoco existe programa alguno de entretenimiento. "Estamos cansados", concluye.

Modou se identifica como vecino de la zona y denuncia ante los medios de comunicación "la mala gestión de Cruz Roja Española, que no asume su responsabilidad". Reafirma que se ofrece "mala comida" y que en las instalaciones del CAI residen en estos momentos más de 100 personas, de las que la mitad son mujeres. Se queja de que hay muchos compatriotas que llevan seis u ocho meses en Canarias sin poder salir y otros, en apenas dos semanas, pueden viajar a la Península. A su juicio, los usuarios "no son tratados como seres humanos".

Sali Mata Sall se queja del reparto de medicamentos Andrés Gutiérrez

Otra mujer, Betty, también senegalesa, ejerce como intérprete y portavoz de residentes en el CAI. En su opinión, los alimentos que se dan a los migrantes en situación irregular "no es comida que se hace todos los días". Admite que hay niños que sí acuden al colegio, pero desde la ong solo se les da un bolígrafo y unos folios, pues carecen de libros, de material escolar o de mochilas, por ejemplo. Los citados menores acuden al colegio Benito Pérez Armas, o bien al centro de infantil de Los Verodes. Traduce las palabras de Sali Mata Sall, quien critica que no le aportan ropa ni zapatos para sus hijos, por lo que debe buscar en los contenedores de basura.

"Me dicen que pida dinero en la calle para poder comprar medicamentos"

Otro de los problemas está relacionado con el suministro de los medicamentos adecuados. Según Betty, Mata Sall tenía un dolor de muelas, pero le dieron un calmante el malestar del periodo menstrual. Y ese mismo producto fue suministrado cuando tuvo una lesión en una pierna. La mencionada joven senegalesa, explica su intérprete, ha sido invitada a que pida dinero en la calle para que así pueda comprarse los fármacos que necesita.

En una de las pancartas mostradas en la puerta de acceso CAI se podía leer que a las mujeres embarazadas no se les hace ningún seguimiento y que Cruz Roja no las atiende. En otra se exigía que no haya violencia hacia las personas migrantes, así como que "las familias están protestando por el bloqueo, la mala comida, la escasa atención sanitaria, la falta de actividades de ocio, de escolarización de los niños, basta ya". Y finalizaba con el lema: "queremos una vida feliz; ningún ser humano es ilegal".

Niños en las protestas ante el CAI Andrés Gutiérrez

Carlota Engama es enfermera e integrante de la Asamblea de Apoyo a los Migrantes de Tenerife. Reconoce que los principales problemas estaban en el campamento de Las Raíces y que las necesidades de los usuarios del CAI de Santa Cruz de Tenerife estaban cubiertas, pero "están desatendidas, a pesar de que son personas vulnerables". Esta joven, natural de Guinea Ecuatorial, lamenta que, si un niño tiene fiebre, desde la ong le digan a la madre que lo bañe con agua fría. Por eso, el pasado domingo estuvo, junto a otras compañeras, atendió a menores con "picos febriles". Uno de los menores, de un año y dos meses, llegó a tener 40 de fiebre antes de ser trasladado a Urgencias de un centro hospitalario y el pediatra del mismo preguntó que por qué no lo habían trasladado antes. Según Carlota, su madre se pasó tres días quejándose del malestar del menor. Y fueron voluntarios quienes trasladaron al hospital a mujeres embarazadas con dolores.

Para Carlota, la institución que gestiona en Centro de Acogida Integral es la que tiene que hacer esa labor con los enfermos de diferentes edades. Desde Cruz Roja le han dicho que están tramitando la atención a estas personas, pero para la citada enfermera los casos urgentes no admiten espera y dicha ong debe efectuar los traslados. Para la joven sanitaria, "la atención es nefasta".

El joven Djibril, senegalés, afirma que lleva cuatro meses en Canarias. Es natural de Guinea Conakri. Ante la falta de programas de ocio o de formación, a lo largo del día se dedica a salir a la calle, caminar o jugar al fútbol en una cancha cercana. Cuenta que tiene una hernia en un costado, pero que la respuesta que le dan en el centro es "mañana, mañana". Confiesa que se aburre.

Icham Abubaka está en el centro junto a su mujer, que está embarazada de cuatro meses. Hace medio año que llegó al Archipiélago. Lo primero que dice es que su hermano mayor está en la capital de Italia. Reconoce que la atención en Las Palmas por parte de Cruz Roja fue buena, pero no puede decir lo mismo de lo que vive en el CAI. Critica que a las mujeres embarazadas también les encargan trabajos domésticos en las instalaciones.

José Javier Sánchez, subdirector de Inclusión Social de Cruz Roja Española, afirma que la escolarización de los menores es uno de los aspectos más importantes para el personal. "De las 103 personas acogidas en el centro, 32 son menores", aclara. Advierte de que "ocho no tienen edad para estar escolarizados; cuatro están en trámite por haber llegado al recurso hace unos días; seis están pendientes plaza en institutos y los restantes, 14, sí están escolarizados". Cruz Roja se encarga de contactar con los colegios de la zona o bien con la Consejería de Educación, en el caso de los institutos, para informar de la demanda que hay. Después, desde los centros envían los formularios de matrícula, que son rellenados y firmados por los padres, a quien se les informa de la obligatoriedad de la escolarización y la responsabilidad que conlleva.

En el caso de la asistencia sanitaria, Sánchez explica que es otra de las prioridades. La tarjeta sanitaria para cada usuario del centro se solicita al día siguiente a su llegada. En estos momentos, de los 103 residentes en el CAI de Santa Cruz, 102 ya tienen dicho documento, según el subdirector de Inclusión Social, que aclara que muchas citas son telefónicas por la pandemia. Es consciente de que algunas madres llevaron a sus hijos a centros sanitarios por su propia iniciativa hace unos días y que el personal sanitario no detectó que tuvieran enfermedad alguna que motivara dichos traslados.

Para José Javier Sánchez, cada miércoles por la tarde, un médico y un enfermero voluntarios, acuden al recurso para atender a quien lo necesite. Y, cuando se estima necesario un traslado, el personal de Cruz Roja hace el acompañamiento al centro de salud o el hospital que corresponda.

Para este portavoz de Cruz Roja, "el menú diario es equilibrado y contiene lo necesario para una adecuada alimentación; y para asegurarnos contamos con el consejo y la asesoría de un nutricionista". "Nuestra preocupación ahora es adaptar el menú al Ramadán, que comienza el 13 de abril", señala. El pasado sábado, una educadora de la ong pasó por cada una de las habitaciones para preguntar cuántas personas iban a seguir el Ramadán, para así saber el número de menús especiales que había que servir cada noche. Sin embargo, esta acción generó las protestas de parte de los usuarios, que mostraron su interés en celebrar el mismo en la Península o en otros países europeos. A día de hoy, Cruz Roja no sabe cuántas personas seguirán el Ramadán en el CAI de Santa Cruz de Tenerife.