Ciudadanos anónimos han decidido organizarse para ayudar a los usuarios del recinto de acogida de migrantes de Las Raíces para que aprovechen el tiempo entre las comidas. Su objetivo consiste en que subsaharianos y magrebíes aprendan a hablar español; al menos, palabras y frases básicas. Con mucha voluntad y casi sin medios, ayer tuvieron a la primera docena de alumnos, a quienes enseñaron a saludar, los números o los colores.

Una pista de tierra, una mesa plegable de playa, una pequeña pizarra de mano y asientos improvisados bajo el brillante sol que dora las verdes praderas de Los Rodeos. Eso fue suficiente para que ayer comenzara a funcionar la singular “escuela” para enseñar español a migrantes acogidos en el campamento de Las Raíces que un grupo de voluntarios ha decidido poner en marcha. Doce alumnos asistieron a la primera clase, subsaharianos y magrebíes, unos sentados y otros de pie.

Los implicados en esta altruista iniciativa llegaron al Rodeo Alto poco antes de las cinco de la tarde. Son personas de varios orígenes, que también están interesadas en aprender las lenguas que hablan los africanos procedentes de Marruecos, Mauritania, Senegal o Gambia, por ejemplo. Una mujer que se identifica como Elena comenta que “la intención es poder enseñar español como herramienta de comunicación y defensa, ya que no están recibiendo ningún tipo de clases o asesoramiento por parte de la ONG” que gestiona el campamento de Las Raíces.

“De igual modo, personas que están aquí nos transmiten que no tienen ninguna actividad formativa a lo largo de la jornada”, señala dicha persona. Y es que, entre las horas de las comidas, los migrantes en situación irregular solo caminan por los alrededores del campamento, se sientan a pasar el tiempo o a hablar entre ellos, o bien miran el móvil.

Para dicha voluntaria, la educación que empiezan a impartir puede servir a estos hombres como “un elemento de integración y convivencia, así como posibilitar un intercambio de conocimiento de idiomas”. Y es que la intención de los promotores de la idea es que se convierta en una “escuela horizontal”, con el fin de que “todos podamos aprender”.

Su idea es que se ofrezcan clases periódicas, en función de la demanda y de la disponibilidad de los ciudadanos implicados en la experiencia. Tras la toma de contacto de ayer, pretenden que la intervención se desarrolle con más fuerza a partir de la próxima semana.

Casi a la vez, tres mujeres que hablan francés aparecen por la puerta del campamento y también se ofrecen como intérpretes de los migrantes que se expresan en dicho idioma.

Rosalba Díaz y Dorrins Medina también acuden a los exteriores del campamento para preguntar de qué manera pueden ayudar a los magrebíes y subsaharianos. Pertenecen a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y la ONG Adra, que tiene su base en Añaza. Están dispuestos a traer comida caliente, bebidas y ropa usada en buenas condiciones. Están allí para informarse, ya que “no queremos traer cosas por traer”, sino en función de las necesidades de los migrantes que están dentro y fuera del campamento.