Bamba es de Senegal. Tiene 23 años y es pescador. Mira cabizbajo, parece triste pero a medida que habla va resplandeciendo y sonríe, acaricia a Charly, un perro pastor muy cariñoso de Samuel y María, la familia que lo acoge en su casa en Gran Canaria porque Bamba dormía en la calle cuando salió de uno de los hoteles del Sur y no quiso ir a Tenerife, al campamento de Las Raíces, como otros jóvenes migrantes, pues temen que los deporten. María y Samuel son un ejemplo de las personas que se han involucrado solidariamente para ayudar a estos chicos a través de la plataforma ciudadana recién creada Somos Red. Se ha gestado de forma espontánea, con el deseo de socorrer y dar apoyo a los migrantes, una ayuda que no están recibiendo de las instituciones porque, entre otros casos, si están 72 horas fuera de la red de acogida ya no pueden entrar en ella. En la actualidad, calculan que son “cientos los chicos que andan durmiendo en la calle e intentan buscarse la vida para comer, con miedo, escondidos de la policía y de otras amenazas en forma de violencia”, explican desde la plataforma.

“Somos personas de la calle ayudando a personas que están en la calle”, se autodefinen, y en dos semanas ya más de cien voluntarios, entre ellos abogados, trabajadores sociales, empresarios o economistas, se han organizado para ayudar a los migrantes acogiéndolos en casas, pensiones, dándoles ropa y comida.

Como Samuel y María. Cobijaron a Bamba desde que se enteraron que había chicos en la calle. El joven vino a hace tres meses en una patera y lo alojaron en un hotel del sur de Gran Canaria. Sus circunstancias familiares en Senegal no eran nada buenas. Su madre falleció cuando era pequeño, su padre está muy enfermo y tiene dos hermanos menores. Por ello, decidió jugarse la vida cruzando el mar en busca de un futuro mejor para su familia. Cinco días estuvo en una patera. Lo pasó mal aunque no cuenta mucho sobre la travesía. Ahora solo quiere seguir su rumbo hacia Galicia donde tiene un familiar, y encontrar trabajo para mandar dinero a su padre y sus hermanos. Pero no se lo permiten. Como a muchos otros migrantes, le impiden viajar a la Península y teme que lo devuelvan a su país.

Ahora mismo, 41 migrantes que no tenían techo cuentan con cobertura de alojamiento por Somos Red. María tiene una empresa y colabora en la plataforma como traductora. Habla francés perfectamente. Samuel, su marido, es músico y ayuda en temas de marketing y comunicación en la plataforma. Tienen un hijo de 14 años y otras dos chicas mayores que residen fuera. La convivencia de Bamba con el niño más pequeño está siendo muy positiva porque el menor ve con sus propios ojos cómo los comportamientos xenófobos carecen de fundamento. Bamba es muy amable, ayuda en la casa sin que se lo pidan y recibe el calor de un hogar. En realidad, es otro niño de 23 años con una mochila muy pesada a su espalda. María le va a dar clases de español y, mientras tanto, el chico juega con Charly, el perro, se relaciona con la familia y olvida por el momento esos días en la patera, en la calle o la situación de incertidumbre en la que se encuentra porque no sabe si va a ser deportado, si puede viajar fuera de Canarias, si va a encontrar empleo... No sabe nada y eso mella psicológicamente.

“Los primeros días era más tímido pero ahora ya se ríe y toca el yembé, y es muy agradecido”, cuenta María. Cuando Bamba se fue del hotel del Sur dormía al lado de contenedores de basura y comía en los centros de ayuda. “¡No lo íbamos a dejar en la calle!”, explica la pareja. Y como ellos hay más personas solidarias. Ellos siempre colaboran como pueden, a veces con dinero, otras con ropa, como sea. En este caso han abierto las puertas de su casa aunque saben que es provisional porque esperan que el chico pueda seguir con su tránsito a la Península y, quizás, cumplir con el sueño con el que inició este viaje desde Senegal para poder labrarse un futuro en Europa y ayudar a su familia.

Esta plataforma se gestó de forma espontánea ante la grave situación en la que se han encontrado este año muchas personas llegadas desde distintos países de África, intentando viajar a otras comunidades y a Europa. A partir del sábado 13 de febrero, tuvieron conocimiento de que seis chicos senegaleses renunciaron a ir al macrocampamento de Las Raíces, en La Laguna, desde el hotel en el que se encontraban en Puerto de La Cruz, Tenerife. En ese centro los migrantes denuncian que pasan hambre y frío.

Estos chicos de Senegal habían sacado un billete para ir a Lanzarote, donde tenían familia. En el transbordo del barco en Gran Canaria para continuar la travesía a Lanzarote fueron detenidos por la Policía Nacional, que los mantuvo retenidos durante tres días sin asistencia legal, ni interpretación, y fueron puestos en libertad el viernes 12 después del toque de queda por las restricciones del coronavirus, cuenta la plataforma. Así fue como se creó Somos Red. Todo partió por una chica grancanaria, Sara Fresno, psicóloga, que vive en Francia y estos chicos senegaleses le pidieron ayuda desde Gran Canaria a través de una página web muy conocida por ellos. Fresno lleva en Francia un año y medio y cuando empezaron a llegar todas las pateras a Gran Canaria comenzó a colaborar a través de una página de Facebook para ayudar a personas a hallar a sus familiares desaparecidos en la ruta canaria. Se llama Protégeons les migrantes, pas les frontieres (proteger a los migrantes, no a las fronteras), fundada por Hervé Akoun y donde está también María Ouko, otra canaria.

Fresno recalca que esta página es muy popular entre los migrantes porque pueden hablar en francés y les piden, desde los países de origen, que busquen a los familiares de los que no tienen noticias. Como es canaria se ha convertido en un punto de enlace entre África, Francia y las Islas. Hace dos semanas se pusieron en contacto con ella estos chicos que habían protagonizado la huelga de hambre en un hotel en Puerto de la Cruz porque querían irse a la Península. Fueron 170 senegaleses. Iban a ser trasladados a Las Raíces pero por temor a ser deportados y por miedo a estar en este centro algunos de ellos decidieron irse a Lanzarote pero en Gran Canaria los detuvieron. Entonces uno de ellos escribió en la página de Facebook francesa y Sara lo púbico y alertó a sus contactos en Las Palmas. A los 10 minutos ya los fueron a buscar y “lo que eran dos chicos a las horas eran nueve y se creo una bola bastante bonita” de gente colaborando, explica.

En dos semanas han formado la plataforma a la que se puede aportar ayuda económica, ropa, alimento... Ya dan cobertura a unos cuarenta migrantes y la semana pasada recogieron muchas prendas en el Parque San Telmo, expone Antonio Santana, otro de sus miembros.

Ahora lo que más necesitan son alimentos para el día a día. Los recogen y se los llevan a lo chicos. Prefieren no decir dónde se quedan: los de la calle, por temor a que la Policía los disperse, y los de las casas o pensiones porque puede haber alguien de fuera que los trate mal.

Las agresiones a migrantes albergados en el Colegio León, en El Lasso, son un ejemplo.

Colaborar

Ya son más de cien personas las que colaboran y “ha sido una puerta a mucha gente que quería hacer algo y no sabía cómo”, explica Sara Fresno desde Francia, que recalca que hay muchas personas con ganas de ayudar.

En la actualidad ofrecen acogimiento, acompañamiento y apoyo legal a los migrantes. Somos Red aclara que el acogimiento se plantea con carácter temporal con la idea de facilitar el tránsito de los migrantes y “tratando de no generar situaciones de dependencia”. El colectivo logró recaudar en menos de 24 horas 1.700 euros procedentes de aportaciones anónimas y recibió donaciones de varias compras e invitaciones a almuerzos, entre otros recursos.

La recién creada plataforma ya se ha organizado por grupos de trabajo que funcionan de forma autónoma, conectados a través de reuniones periódicas y herramientas virtuales. Estas comisiones son de acogida y logística, apoyo y asesoramiento legal, acompañamiento, ocio y traducción, comunicación y visibilización.

Entre ellos está el abogado Daniel Arencibia, voluntario del Secretariado de Migraciones de la Diócesis de Canarias, que les está dando asesoramiento sobre su situación, un apoyo legal que deberían haber recibido ya, expone.

Les habla del derecho a la protección internacional por cuestión de conflicto bélico o por condición sexual, señala. La petición de protección internacional debería ser muy sencilla, subraya, pero, por lo visto, cuando van a comisaría les suelen decir que no les entienden y que se vayan y no pueden hacer esta solicitud, cuenta el abogado que ha formalizado numerosas quejas ante el Defensor del Pueblo por el trato a los migrantes. También le está explicando a las personas voluntarias que no son abogados nociones básicas para que informen a los migrantes.

La plataforma ciudadana surgió como un apuesta urgente para intentar colaborar con los migrantes y para hacer presión sobre el Gobierno de Canarias y el de España porque, según indican, esto no va a cambiar y las Islas se van a convertir en una Lampedusa si persiste el Plan Canarias del Estado para albergar a 7.000 personas llegadas en pateras y cayucos. “Pero la solidaridad es imparable y emociona y, sobre todo, desde el anonimato aunque en estos momentos visualizarlo sea lo más positivo”, precisa Antonio Santana.

Esta plataforma ciudadana pide al Gobierno de España que desbloquee la situación en puertos y aeropuertos y cumpla la legalidad de libre circulación de estas personas. Exige que se les dé la posibilidad de readmitir en los centros de ayuda humanitaria a las personas que, por desinformación o miedo, se han ido más de 72 horas y no pueden volver por lo que se encuentran en la calle. También invitan al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a que abra el centro de emergencia de El Polvorín y la antigua fábrica del Hielo para dar acogida temporal a estos migrantes, y a la Delegación del Gobierno que inicie un diálogo entre administraciones y ONG.

Ayer mismo, un grupo de 64 migrantes durmió a la intemperie en Las Palmas de Gran Canaria tras abandonar la noche del viernes el campamento Canarias 50, situado en La Isleta. Se negaron a ocupar una nueva tienda que se les asignó y produjeron altercados que obligaron a llamar a la Policía. Así lo aseguró en un comunicado Cruz Roja, que se encarga de atender a los 319 migrantes que acoge este campamento y que este viernes procedió al traslado de 62 personas de la fase I a la fase II, con el fin de instalar módulos de alojamiento para mejorar las condiciones de acogida y realizar obras de mejora. Los migrantes pasaron la noche en los exteriores del campamento, abrigados con mantas y cartones, y todos ellos se quejaban de “hambre y frío”, según ha podido constatar Efe. Vecinos de la zona se acercaron y les proporcionaron comida. Cruz Roja expone que varios de estos migrantes mostraron una actitud agresiva y profirieron amenazas a otros residentes y al personal de la ONG, motivo por el que tuvo que intervenir la Policía. Los migrantes piden que los dejen irse a Europa.