Este año 2020 trajo una pandemia que paralizó al mundo, pero no consiguió frenar las ansias de tener una vida mejor de miles de africanos. Jóvenes, niños y mujeres embarazadas que no dejan de llegar a tierras canarias donde quedan atrapados no sólo por el coronavirus Covid-19, sino también por el bloqueo del Ministerio del Interior, que no les deja seguir su viaje a Europa.

El hambre, la guerra y la militarización de la ruta mediterránea han dado alas a la vía atlántica: sólo durante la primera quincena de octubre, 2.021 personas llegaron al Archipiélago y en lo que va de año, son 8.102 los africanos que se han jugado la vida para alcanzar las Islas, un 688% más que el año pasado, según los datos de Interior. Unas cifras que recuerdan demasiado a la trágica crisis de los cayucos.

La anterior crisis

Fue entre los años 2006 y 2008 cuando se produjo el pico en la llegada de estas embarcaciones, de lamentable calidad pero mayor tamaño y, por lo tanto, con muchos más ocupantes. El primero de estos años llegaron a las costas canarias 31.678 personas, un año después 12.478 y el año 2008 cerró esta crisis con 9.181 migrantes. Es decir, sólo 1.079 más que entre el 1 de enero y el 15 de octubre de este año.

No será complicado que en 2020 se alcance esta cifra si se sigue produciendo una llegada de pateras a este ritmo, algo que Cruz Roja -la ONG encargada de dar asistencia humanitaria a estas personas- prevé que ocurra hasta el mes de diciembre.

En lo que va de año, han llegado un promedio de 29 migrantes diarios, unas cifras que han ido aumentando conforme avanzaba el verano y el tiempo daba un respiro al océano y calmaba las mareas. La media del punto álgido de la crisis de los cayucos, en 2006, fue de 88 personas diarias, una cifra que Canarias comenzó a rozar en septiembre del actual año: del 1 al 15 de ese mes se contaron 1.188 personas -79 diarias-, una cifra que se ha visto ampliamente superada en la primera quincena de octubre, cuando llegaron los citados 2.021 migrantes, es decir, 134 diarios.

Un sistema ridículo

Con un sistema de acogida ridículo para albergar a tantas personas, el Estado solicitó ayuda a hoteles y apartamentos -entre ellos algunos de Santa Cruz de Tenerife y Arona-, que dan techo a más de 3.000 migrantes. Esto no evita que la llegada siga siendo caótica en Gran Canaria, con el muelle de Arguineguín convertido en el triste primer hogar de alrededor de 300 personas. Unas llegan y otras se marchan, pero las carpas nunca se vacían.

Ayer, arribaron a las Islas diez embarcaciones con 295 personas, 156 de las cuales lo hacían de madrugada a Tenerife (105?) y Gran Canaria (51). A esta última isla se sumaban cinco embarcaciones más a lo largo del día, con 79 migrantes, tres de ellos menores y una mujer embarazada de siete meses que fue trasladada al hospital. Por la tarde, se descubría la llegada a Fuerteventura de otra patera con varios migrantes que se lograron dispersar y de los que sólo se localizaron a dos. Por la noche, llegaba a la isla majorera otra embarcación con 58 subsaharianos, entre ellos otra mujer embarazada.

Un goteo constante de embarcaciones que da una idea sobre cómo deben desempeñar su labor los alrededor de 300 trabajadores y voluntarios de Cruz Roja que, por turnos, atienden a los migrantes nada más llegar a Gran Canaria. A éstos se suman 350 miembros más que presentan asistencia humanitaria a todos los africanos que se ven obligados a quedarse en las Islas. Porque, como Rodríguez recuerda, el 95% de estas personas no quiere quedarse en Canarias, que sólo era el punto de partida europeo de un viaje que no les dejan culminar.