Dos días a pie hasta Tunte. Ese es el tiempo que tardó un joven senegalés en recorrer la distancia que separa la capital grancanaria del pueblo tirajanero, en cuya escuela hogar -entonces en régimen abierto- había residido hasta el pasado febrero. Lo hizo sin más calzado que unas cholas hasta que el lunes completó su camino. Alcanzó las puertas del centro, pero no pudo entrar debido a la cuarentena del recinto y a que ya no forma parte del listado de personas que se alojan en él. El joven llegó a Tunte en torno a las 13.00 horas mostrando un evidente aspecto de cansancio, de acuerdo con los vecinos que le atendieron a las propias puertas del centro. La información de que había alguien subiendo a pie desde Maspalomas había circulado desde primera hora de la mañana por los grupos de WhatsApp que usan los vecinos para comunicarse, por lo que se movilizaron ante la inminente llegada. Aunque en un principio se extendió la idea de que era una de las personas que pasa allí la cuarentena, pronto se confirmó que no era así, ya que las personas que se alojan allí ahora mismo no pueden entrar ni salir.

A su llegada fue atendido por esos vecinos. Algunos de los que acudieron hasta el lugar le ofrecieron alimentos; otros, agua o bebidas isotónicas para recuperarse de la caminata, y también recibió una bandeja con comida del propio centro. "Llegó con los ojos desorbitados, asustado y demacrado", relataba una de las vecinas que atendió al joven. Lo pusieron a la sombra y pudieron identificarlo como Adama, un joven senegalés que había estado allí meses antes, aunque su aspecto físico ha cambiado desde entonces: "Me sonaba su cara, pero ahora tiene al menos siete kilos menos y no lograba reconocerlo", añadió la misma vecina.