Los últimos 20 años ha compartido vivencias con el payaso que hace algo más de una década se alistó como voluntario en la Asociación Canaria Niños con Cáncer Pequeño Valiente. De lunes a viernes está envuelto entre números e informes, mientras que los sábados y domingos es Pepón, el amigo de los niños que están ingresados en las plantas pediátricas de los hospitales canarios.

Muchos de esos pequeños reciben tratamiento oncológico, aunque el proyecto Risopérate -el lunes se estrenó por primera vez en la Isla de Tenerife- se amplia a los menores que tienen que pasar por el quirófano, siempre y cuando las familias soliciten este servicio: el paciente va al volante de un coche eléctrico hasta la mesa de operaciones. "En Las Palmas lo estrenamos hace un año y ya hemos realizado alrededor de 200 acompañamientos", comenta Juan Antonio.

"Bajan relajados y llegan al quirófano con una sonrisa en la cara", dice Pepón El Payaso. "Nos quedamos hasta que la anestesia empieza a hacer efecto y cuando se despiertan seguimos allí", añade uno de los 36 voluntarios que participan habitualmente en estas actividades en el Archipiélago: "Tenemos 16 personas en Tenerife y 14 en Gran Canaria".

La alegría y las tristeza se solapan en las visitas de Pepón. "Yo he aprendido a distinguir dónde está la frontera que separa a José Antonio de Pepón, pero no siempre se consigue desconectar", subraya el grancanario antes de valorar que es una persona positiva por naturaleza. "Contrariamente a lo que la mayoría pueda creer, en los rostros de esos niños veo alegría, ganas de vivir, ilusión, lucha... A veces quiero dar un poco más, pero no puedo... Lo único que les ofrezco son juegos y algo de magia".

José Antonio también es el impulsor de una campaña de narices rojas que acabó generando 5.800 euros... "Ese dinero y otros ingresos solidarios se invertirán en la adquisición de unas motocicletas -la iniciativa Risopérate cuenta en estos momentos con varios coches eléctricos en Tenerife- que aún están en Barcelona, pero que vendrán a Canarias", avanza sobre las motos que compartirán el payaso y el menor en los minutos finales del preoperatorio. "De las cinco, tres estarán en los hospitales tinerfeños", adelanta.

"Sobran las palabras"

Pepón se siente "importante" cada vez que visita una planta pediátrica -los encuentros tienen que estar autorizados por las familias de los niños-; percibe que es bien recibido por las personas a las que dedica sus atenciones. "Esto lo hago pensando en los beneficios que puede obtener Pequeño Valiente, no para ganar dinero... Al ver sus ojos entiendes que se ha generado una complicidad en la que no hacen falta las palabras; me conformo con sus sonrisas", acota sobre la felicidad que se desborda en los encuentros semanales.

Un poco de diversión y un descanso para los familiares. Esas son las dos pautas fundamentales que sigue José Antonio cada vez que planifica una de sus sesiones. "Los niños y, sobre todo, los padres son agradecidos. No todos los días son buenos, pero yo me siento recompensado cuando se crea esa conexión tan especial entre las dos partes... Me gustan los niños, pero mi compañera y yo no hemos tenido la posibilidad de ser padres", admite sobre las situaciones complejas que se dan de vez en cuando. "La mayor alegría, siempre, es ver que los pequeños evolucionan pero también es verdad que existen las recaídas", advierte sobre las pequeñas recetas emocionales que completan semanalmente los voluntarios en los distintos hospitales de las Islas.