27 de enero de 2020
27.01.2020

Normas de la UE avalan a Canarias en la pugna con Madrid por el vino de plátano

Europa permite el término pese a no venir de la uva, pero el Gobierno central no lo trasladó a la legislación nacional | "La única diferencia es la materia prima", dicen los productores

26.01.2020 | 18:01
Carlos Guevara, uno de los propietarios de Bodegas Platé, con dos botellas de su vino de plátano.

Canarias tiene argumentos para defender la legalidad de emplear el término vino de plátano. La Comunidad Autónoma y el Estado dirimirán en el Tribunal Constitucional si el artículo 19 de la Ley autonómica de Calidad Agroalimentaria vulnera la legislación nacional, como mantiene el Gobierno central, o la respeta, lo que daría vía libre a esta denominación. La postura esgrimida por el Ejecutivo regional coincide con la normativa europea, que autoriza a los estados miembros a permitir en estos casos el uso de la palabra vino si "está acompañada por un nombre de fruta en forma de denominación compuesta para la comercialización de productos obtenidos a partir de la fermentación de frutas distintas de la uva".

La discrepancia sobre este artículo de la ley canaria, que fue aprobada en la recta final de la anterior legislatura, es la única que persiste tras los encuentros del grupo de trabajo constituido en el seno de la Comisión Bilateral de Cooperación para abordar los reparos del Estado hacia algunos aspectos de esta y otras normas autonómica. En el caso de la Ley de Calidad Agroalimentaria, las diferencias -ahora ya resueltas- se extendían también a la manera en que regula la gestión de las figuras de calidad, las certificaciones de calidad y los mecanismos para su suspensión y retirada.

La Ley de la Viña y el Vino


Lo que la ley canaria establece es muy similar a lo que dispone el reglamento europeo de 2013. Así, recoge que "los operadores podrán hacer uso del término vino para la comercialización de productos obtenidos a partir de la fermentación de frutas distintas de la uva siempre que esté acompañada del nombre de la fruta o frutas utilizadas en forma de denominación compuesta". Pese a esta concordancia con la legislación comunitaria, el Estado asegura que la normativa contradice la Ley española de la Viña y el Vino. Esta define el vino como "el alimento natural obtenido exclusivamente por fermentación alcohólica, total o parcial, de uva fresca, estrujada o no, o de mosto de uva". La ley nacional data de 2003 y el Gobierno no ha optado por modificarla para regular la potestad que la legislación comunitaria concede a los estados miembros para introducir las bebidas producidas por el mismo método a partir de otras frutas.

Porque esa es la clave del asunto: el vino de plátano se elabora con los mismos procedimientos con los que se produce el vino de toda la vida. "La principal diferencia es la materia prima usada, ya que los procesos físicos, biológicos y químicos que suceden durante el proceso son los mismos", explica Carlos Guevara, el ingeniero agrónomo que regenta -junto a su socio, Cristian Ramos- Bodegas Platé, la primera empresa canaria que se lanzó a producir vino a partir de la fruta más emblemática de las Islas. El resultado de fermentar un mosto de plátano, añade Guevara, genera un producto con unas características organolépticas y físico-químicas muy parecidas a las de un vino de uva.

Platé ha cumplido recientemente siete años de vida y, aunque nació en unas circunstancias difíciles, ha prosperado y ahora vende su producción en las siete islas -tanto en grandes superficies como en tiendas- y exporta a países como Alemania, Italia y Polonia. En plena crisis, Guevara perdió su empleo en el sector de la construcción y decidió montar su propio negocio. Pensó en el plátano porque se trata de un alimento tan abundante en Canarias como poco aprovechado ("casi no hay subproductos", constata el empresario). Los primeros intentos de lograr el producto que buscaba no dieron resultado -"dicen que los errores de los médicos terminan en los cementerios y los de los enólogos en las ensaladas", bromea-, pero la perseverancia en la aplicación de sus conocimientos técnicos acabaron por surtir efectos: primero, un vino afrutado; después, un semiseco; más recientemente, un producto que combina la fermentación de plátano con fruta de la pasión y otro que lo hace con moras. Hoy, su bodega tiene capacidad para producir 20.000 litros al mes y los consumidores están satisfechos. "Se está vendiendo muy bien. Cuando la gente lo prueba, repite", enfatiza.

Los plátanos usados en la elaboración son adquiridos a una cooperativa local. En la bodega se hace una segunda selección, retirando los que no han alcanzado su grado óptimo de maduración y los que han madurado demasiado. Se pelan uno por uno y luego pasan por una maquinaria que tritura finamente toda la pulpa. A continuación se extrae el mosto o zumo con una prensa y se añaden levaduras. El jugo es fermentado en depósitos de acero inoxidable y, cuando llega a la densidad deseada, se filtra, clarifica y embotella. No es un licor, porque no se agregan alcoholes destilados, sabores artificiales ni colorantes.

El 'lobby' vinícola


"Vino a secas es solo el de la uva, pero este es un vino de plátano", sostiene Guevara, que acusa al "lobby del plátano" de promover una controversia "absurda" y se remite al reglamento de la Unión Europea para defender la legitimidad del uso del término. Pero el artífice de Platé va más allá. Recuerda que en el ámbito europeo existe la Asociación de Elaboradores de Vinos de Frutas y Sidra ( European Cider and Fruit Wine Association), fundada en 1961 y con sede en la capital comunitaria, Bruselas. También alega que la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) abre la puerta al uso del término vino para productos que a continuación acompañen "una indicación complementaria". Hasta el diccionario de la RAE "reconoce que vino puede ser de fruta y no solo de uva" ("Zumo de otras plantas o frutos que se cuece y fermenta al modo del de las uvas").

Guevara tiene muy claro que lo que sale de su bodega es vino. Por esa razón, cuando comenzó a comercializarlo acudió al Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA), donde le informaron de la intención de la Administración autonómica de regular el producto, y al Ministerio, que le transmitió que las competencias en la materia están "descentralizadas". "Si el Gobierno canario acepta esta injerencia del Gobierno de España, ¿dónde está nuestra autonomía?", se pregunta. Será el Constitucional quien despeje la duda.

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