06 de enero de 2020
06.01.2020
gran canaria

Artenara sale al espacio

La ubicación de uno de los 40 radiotelescopios de la Red Atlántica de Estaciones Geodinámicas permitirá monitorizar la salud de la Tierra desde el municipio cumbrero

05.01.2020 | 23:33
Recreación del proyecto de radiotelescopio del Instituto Geográfico Nacional en Artenara.

El municipio grancanario de Artenara se convertirá, previsiblemente a finales de 2021, en uno de los ojos que vigilarán desde la cumbre la salud del planeta, como parte de una red de 40 radiotelescopios que monitorizarán por primera vez con esta técnica las variaciones de la Tierra producidas por el cambio climático. Funcionan como balizas que se apoyan en los objetos más lejanos del espacio para medir con gran exactitud lo que pasa en la superficie y la atmósfera terrestre, pero, en el caso del proyecto grancanario, su ubicación, en pleno Parque Rural del Nublo, ha provocado el rechazo de los grupos ecologistas.

Artenara contará, si culmina el proyecto presentado por el Instituto Geográfico Nacional en colaboración con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con uno de los 40 radiotelescopios que forman parte de un proyecto internacional que pretende velar por las constantes vitales de la Tierra.

José Antonio López Fernández, doctor en Ingeniería de Telecomunicaciones, y subdirector de la Dirección General de Astronomía, Geofísica y Aplicaciones Espaciales, área dependiente del Ministerio de Fomento, trata de explicar su función, y cómo la hace, recurriendo al símil de un cuerpo humano, de un sistema vivo que depende de su temperatura media y tensión, del movimiento de sus placas tectónicas, de su velocidad de rotación y del nivel de medio del mar, entre otros parámetros, para obtener la 'fotografía' más exacta posible para conocer su estado y sus patologías. Y para ello no sólo basta con una instantánea fija, sino especialmente las de su evolución, esto en pleno proceso de calentamiento global.

Para lograr el instrumento capaz de ello, se proyecta una enorme malla formada por esos 40 radiotelescopios, que en el caso de los que se promueve dentro de la Red Atlántica de Estaciones Geodinámicas y Espaciales estarán ubicados estratégicamente por toda Europa para destinarlos, por primera vez, a los estudios de la geodesia espacial.

Ubicación exacta

En este punto es donde López Fernández, una vez explicado qué hacen, detalla el cómo. El primer detalle fundamental consiste en conocer exactamente la ubicación exacta de los radiotelescopios mediante GPS, es decir, apoyados en una serie de satélites para ofrecer a la instalación una referencia y una escala. Una vez 'fijado' el lugar exacto que ocupa en el planeta se recurre a la verdadera radioastronomía. Determinado dónde se ubica con precisión milimétrica, el segundo paso es apuntar a un quásar mediante microondas, alcanzando así a los que se consideran como unos de los objetos más lejanos, a una distancia de la Tierra de hasta 13.000 millones de años luz, "muy cercanos pues a la formación del Universo".

Aquí entra en juego la Interferometría de mucha longitud de líneas de base, o VLBI: estos objetos, detalla López, "están tan lejos que para nosotros son puntos fijos, como si fueran balizas inamovibles", en las que se fija cada uno de los 40 radiotelescopios. Y, a su vez, como éstos se encuentran a unas distancias prefijadas entre unos y otros, las variables que presentan cada uno de ellos a medida que pasa el tiempo con respecto al quásar de referencia es la que va marcando los cambios que experimenta el propio planeta.

Así, a modo de ejemplo un radiotelescopio situado en Alemania se va separando o uniendo al de Artenara en función del movimiento de las capas tectónicas. O quizá se encuentre más cerca del quásar a medida que pasan años, revelando así una deformación del globo terráqueo. También la velocidad de rotación del planeta cambia en microsegundos que podrán ser registrados con precisión a través del mismo método. Pero no sólo observa, sino que permite entender. "Ese es su segundo punto fuerte", asevera López Fernández.

"Midiendo esas variaciones conseguimos explicar las causas que la producen, que son básicamente causadas por terremotos, vulcanismo y especialmente todo lo relacionado con el cambio climático, que es el que funde las masas de hielo de los polos por el aumento de las temperaturas, incrementando a su vez el nivel de las aguas y también variando su distribución, todo ello analizado con muchísima precisión".

Esta técnica, según señala, comienza en los años 70, "por lo que es muy joven y ya se ha utilizado para monitorizar el movimiento de las placas tectónicas, pero será ésta la primera red basada en radiotelescopios que se destine a la vigilancia del cambio climático".

Pero, qué es un radiotelescopio. Pues un conjunto de elementos presidido, en el caso del destinado a Artenara, por una parábola de 13 metros de diámetro, "y que aunque su peso es de una 100 toneladas, aproximadamente, se tiene que mover a una velocidad exacta de 12 grados por segundo, es decir, dar una vuelta sobre su eje en medio minuto, y ser capaz de posicionarse para apuntar al quásar con precisiones de un segundo de arco, que sería algo así como poder localizar un CD en Tenerife desde Gran Canaria".

Receptores de ondas

Esto implica unos receptores de ondas centimétricas muy sensibles, "que se podría asemejar al de una radio, pero capaz de detectar una potencia un billón de veces inferior a la que emite un móvil".

De ahí el porqué de Artenara, por su altitud, que permite 'quitarse' atmósfera que debilita aún más la señal, y por la falta de contaminación de radiofrecuencias, un detalle éste que ha abortado la ubicación en medio centenar de lugares de buena parte del Archipiélago, además de que Gran Canaria se considera como "una de las islas más estables porque se encuentra casi en la plataforma continental, apenas tiene movimientos sísmicos y, al ser una de las más antiguas, tiene un territorio mucho más asentado", según afirma.

Sin embargo, esta decisión ha provocado el rechazo de grupos ecologistas como Ben Magec ya que la parcela, según denuncia, está dentro del Parque Rural del Nublo, la Reserva de la Biosfera, la Zona de Especial Conservación, Red Natura 2000, la Zona de Especial Protección de Aves, y desde este pasado verano, es Patrimonio Mundial de la Unesco.

400 metros cuadrados

En este sentido, López apunta que el total edificado supondrá 400 metros cuadrados, que añadido a los viales sumarán 2.000 metros cuadrados, "que es la mitad de un campo de fútbol", y admite que para ello se tendrán que talar unos 500 metros cuadrados, "obligados a hacer un inventario del antes y el después".

Para añadir que el propio radiotelescopio, "necesita de una importante masa arbolada alrededor, por lo que solo se quitará en el lugar lo necesario porque se da la circunstancia de que los propios árboles ayudan a minimizar otras frecuencias". La inversión, en caso de llevarse a cabo, supondrá de entre cinco y seis millones de euros para unas obras prohibidas entre marzo y septiembre para no afectar a la nidificación de las aves, por lo que estima que pueda ser terminado a finales de 2021.

Entre las medidas de protección exigidas por el Cabildo, propietario de la parcela, se incluye destinar un 1 por ciento del presupuesto para acciones medioambientales, como la reforestación. Y asevera, por último, que su impacto visual será "mínimo" y que será un nuevo catalizador "para dar vida a la Cumbre y hacer ciencia en Gran Canaria".

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