07 de octubre de 2019
07.10.2019

Las últimas estereras de La Gomera

Alojera es de las pocas localidades donde se conserva esta labor artesana, que consiste en elaborar piezas a partir de la hoja de palma

07.10.2019 | 03:57
Demetria García, una de las últimas estereras de La Gomera.

Si algo caracteriza a La Gomera son sus extensiones de palmerales. Alojera, situado en la vertiente noroeste de la Isla, es uno de los paraísos de la palma. Sus habitantes le deben mucho a esta planta endémica, de la que han sabido aprovechar sus recursos para lograr todo tipo de productos artesanales. Pero no solo se obtiene la miel de palma. Sus hojas han sido una materia prima muy valorada por las estereras, que a base de esmero y mucha paciencia han producido objetos que han facilitado las labores y el quehacer diario desde los aborígenes.

Este oficio, que sobrevive a duras penas, siempre ha sido una labor exclusiva de las mujeres, que con sus manos y la ayuda de alguna que otra herramienta, han dado forma a las hojas de palma, a través del trenzado, para obtener enseres como bolsos, sombreros, esteras, seretas y otros cestos para transportar mercancía, que supusieron de gran ayuda en las labores del campo. Con el paso del tiempo, el abandono de las labranza y la llegada de la nuevas tecnologías, este oficio ha ido quedando relegado y son pocas las mujeres que se resisten a abandonarlo. Las estereras se cuentan hoy en día en la Isla con los dedos de una mano. Demetria García es una de las últimas que dedica su día a día a esta labor, con la esperanza de que las generaciones venideras recojan el testigo y no permitan que muera.

Para el presidente del Cabildo, Casimiro Curbelo, es "esencial" reforzar la artesanía. "Además de formar parte de la historia viva y la cultura popular de la Isla, es un patrimonio etnográfico que encierra un incalculable valor". Es por ello que hace especial énfasis en la labor de difusión de los diferentes oficios para transmitirlos a las nuevas generaciones. Ahí está Demetria García, que ha dedicado toda su vida a la labor de la estera.

Con 78 años, asegura que desde que era una niña comenzó a trenzar la hoja de palma, un oficio que aprendió de su madre y que desde entonces, realiza cada día con mucho esmero, orgullosa de este legado que le han dejado sus antepasados y con la esperanza de que sus nietos adquieran las herramientas que eviten que se caiga en el olvido. Recuerda que este oficio era el sustento de muchas mujeres. "En aquel entonces era raro la mujer que no se dedicaba a esto en el pueblo, ya que suponía una entrada de dinero que ayudaba al mantenimiento de la familia pero ahora son sólo unos pocos los que compran y en todo caso, los adquieren como objetos decorativos más que útiles", comenta.

Asegura que hoy en día lo que más vende, que es lo que más suele hacer, son las esteras de diferentes tamaños, mochilas y bolsos. "En mi casa siempre tengo hechas varias piezas por si algún turista quiere comprarlas y muchos utilizan mis mochilas para hacer la compra, pues son resistentes y ecológicas", detalla.

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