29 de mayo de 2019
29.05.2019

Los 5 canarios de 'Los últimos de Filipinas'

El Día de las Fuerzas Armadas homenajeará a los héroes que resistieron 337 días en la iglesia de un pueblo de la isla de Luzón, entre los que había un tinerfeño, dos majoreros y un grancanario

29.05.2019 | 05:09
El soldado tinerfeño José Hernández Arocha, de Taco, identificado con el número 22 en la imagen de archivo.

El quinto es un balear que se asentó en el Archipiélago

Este año, el Día de las Fuerzas Armadas servirá para recordar y honrar a Los últimos de Filipinas o Los héroes de la gesta de Baler, en el 120 aniversario de su acción de defensa de los intereses de España ante los insurrectos filipinos. Durante 337 días, 52 soldados del Ejército hispano lucharon desde la iglesia de un pueblo de la isla de Luzón. Entre ellos había cuatro canarios y un hombre que era natural de Mallorca, pero que, al regresar de Asia, se quedó a vivir a Tenerife, donde todavía residen sus descendientes. Los isleños que afrontaron el asedio fueron José Hernández Arocha, de Tenerife; Rafael Alonso y Eustaquio Gopar, de Fuerteventura, así como Manuel Navarro León, de Gran Canaria.

El Mando de Canarias asegura que "la sociedad española es la verdadera protagonista de la efeméride, pues fueron sus hijos, vecinos de villas y pueblos repartidos por toda la geografía española, los que participaron en la gloriosa gesta". El objetivo es hacer un reconocimiento a dichos militares canarios, a través de sus descendientes el próximo 8 de junio.

La Guerra de Filipinas se prolongó desde 1896 hasta 1899. El 30 de junio de 1898 hubo una refriega donde resultó herido un cabo español y, a continuación, se inició el asedio por parte de los miembros de la sociedad secreta Katipunan, cuyo objetivo era la independencia del archipiélago asiático. El primer jefe del destacamento fue el capitán Enrique de las Moreras y Fossí, comandante político-militar del distrito. Contaba con medio centenar de hombres pertenecientes al batallón de Cazadores Expedicionario número 2, que se hallaba al mando del teniente Juan Alonso Zayas, auxiliado por el teniente Saturnino Martín Cerezo. Además, les acompañaban el médico provisional Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro, con un sanitario y el párroco fray Cándido Gómez-Carreño Peña.

En ese grupo estaban Hernández Arocha, de La Laguna (que se asentó en el barrio de Taco); Eustaquio Gopar Hernández, de Tuineje (Fuerteventura); Rafael Alonso Mederos, de Villaverde (Fuerteventura), así como Manuel Navarro León, de Las Palmas de Gran Canaria. Los dos últimos fallecieron por beriberi (conjunto de enfermedades causadas por la deficiencia de vitamina B1 -tiamina-), que en algunos casos provoca disfunciones en el corazón. El canario "de adopción" fue el balear Antonio Bauza Fullana.

La gesta fue llevada al cine recientemente en la película "1898: Los últimos de Filipinas". Los soldados tuvieron que hacer frente no solo a las constantes embestidas del enemigo, sino también a la escasez de alimentos y a la citada enfermedad del beriberi, ante la falta de nutrientes imprescindibles.

Durante casi un año, los españoles fueron conminados a rendirse, sufrieron el intento de asalto e, incluso, una tentativa de incendio de la iglesia de San Luis, donde se encontraban. La posición se mantuvo, a pesar de la enfermedad y las primeras muertes. Desde el 22 de noviembre, el grupo quedó al mando del teniente Martín Cerezo, que lideró la resistencia e impulsó salidas puntuales para obtener frutas, verduras y carabaos (búfalos del sudeste asiático), cuya aportación ayudaba algo a mejorar la salud y la moral de los soldados.

El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París entre España y Estados Unidos, por el que Cuba, Puerto Rico y Filipinas dejaban de pertenecer al reino español. El gobierno norteamericano adquirió Filipinas por 20 millones de dólares. Autoridades españolas y filipinas trataron de convencer al jefe del destacamento para que desistiera en su empeño de seguir defendiendo la soberanía española, pero para Cerezo las pruebas no llegaban a ser concluyentes y las razones aportadas sonaban a "palabrería insustancial".

Cuando los soldados tenían planes para salir por la fuerza y abrirse paso hacia Manila, una noticia aparecida en un periódico español convenció finalmente al teniente Cerezo de la situación real y que su resistencia ya no tenía sentido. La actitud y valor de los "héroes de Filipinas" fue reconocida por las nuevas autoridades del archipiélago asiático. Una vez pactadas las condiciones de la capitulación, los soldados salieron "con orgullo de la iglesia enarbolando la bandera de España" el 2 de junio de 1899. Además, el presidente de la República de Filipinas, el general Emilio Aguinaldo, reconoció en el decreto de Tarlac que aquellos hombres "se habían hecho acreedores de la admiración del mundo por su valor, constancia y heroísmo". Aguinaldo ordenó que fueran considerados como amigos y no como prisioneros, así como que se les facilitara el regreso a España. De hecho, el 30 de junio se declaró el Día de la Amistad Hispano-Filipina, en reconocimiento al acto heroico, según recoge el Ejército en la presentación de los actos del Día de las Fuerzas Armadas.

El reconocimiento al valor por parte del enemigo

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