La derrota del UB por Víctor Martín

ub la palma 81

palencia 84

UB La Palma (25+16+16+24). Bonhome (9), Schaftenar (2), Peña (20), López (4), Santana (7), -inicial- Díaz (8), Martínez (5), Sikma (20), Kloos (-), Arrocha (4), Tavares (2).

Palencia (27+15+19+23). Guerra (8), O’Leary (10), Moss (11), Garrido (11), Xavier (12), -inicial-, Mena (7), Leichtweis (4), Bravo (19), García (-) y Mc Dermott (2).

Árbitros Serrano Velázquez, impecable, y Santana Morales, ante la duda «le doy la bola» al Palencia. Excluyeron con cinco faltas en los últimos segundos a Martínez.

Parciales 13-13, 25-27, 27-36, 41-42, -descanso-, 53-53, 57-61, 71-72 y 81-84.

Incidencias Pabellón Roberto Rodríguez Estrello ante unos 400 aficionados al principio, que luego llegaron a unos 600. A las 20 horas es temprano para ir al basket en La Palma

V.M., S/C de La Palma

Lo sencillo es sentarse, mirar la pantalla y escribir que a La Palma se le acabó la gasolina. ¿Cuántas veces han leído esa frase? Y los cronistas, venga a ponerla. Y ustedes, venga a «tragársela». Pues la mayoría de veces, que lo sepan, es mentira. El caso del «UB» no es una cuestión de oxígeno sino de dinámica. Perdió un partido, luego otro, llegó el tercero, acabó dudando y ya hasta teme al tirar. También influye la ida y venida de jugadores cada semana. Aquellos que se van a Gran Canaria. Y, a todo se une, que el rival también juega. Que Palencia no es tonto. Eso sí, todos los humanos estamos hechos de la sustancia con la que se trenzan los sueños. Lo dijo Fernando Savater y a eso hay que atarse cuando llegue el play-off.

El primer cuarto fue dinámico. Explosivo. Al «UB» le costó defender. Pero eso no debe ser un reproche. Casi nunca lo hizo en el pasado. Moss y Garrido encontraron facilidades en la pintura, uno; y para cortar y entrar, otro. La Palma jugó a «su» baloncesto. Poco bote, mucho correr y más tirar. Peña y Sikma fueron las referencias. Palencia no se derretía. Es más, logró un 20-27 que hizo temer lo peor. Fue el tiempo de Xavier. Gracias a Díaz, López y los dos puntos de Tavares, los nuestros se «engancharon» al partido. 25-27.

A la vuelta, La Palma metió dos puntos en más de cinco minutos. El animador, con el micrófono en mano, se desgañitó para pedir el apoyo de la grada. Pero solo apoya el Gallinero. Son apenas 12 o tal vez 15. El resto van al teatro. Aún retumba en el oído del cronista aquellos 500 «locos» de amarillo que perdían la voz con aquel «Canarias, Canarias…». Que envidia. Cuando los oyes, te sientes de La Laguna. Con frío y todo. Un día quiero estar en su grada, aunque uno sea del UB. Bueno, eso, que entre Mena, O’Leary y Leichtweis dieron ventaja al Palencia. Frade tuvo una idea. De baloncesto sabe. Metió a su grupo en zona y lo ajeno se detuvo en seco. Le costó interpretar el cambio defensivo de su rival. Tardó en reaccionar, lo que aprovecharon los nuestros para casi igualar, gracias, también, al poder bajo el tablero de Peña y Sikma.

La Palma perdía 41-42, pero es que de fuera no metía una. Sin filosofía ni palabra rebuscada, ni una. Como en mi pueblo. Casi ni tiraba. Los bases, incluso, ni amenazaban y entre Arrocha y Martínez, sus dos «lanzadores», llevaban ¡cero puntos! Y, aún con todo, iba uno abajo. El tercer cuarto fue plano. Bonhome llenó los primeros minutos, también Moss, pero era un parloteo insustancial. Eso que en Cuba y México llaman Cantinflear. Por momentos, incluso, se sintió el miedo. El «UB» ya no es tan alegre, Martínez se «corta», Schaftenar casi ni juega, Díaz parece estar siempre enfadado… Al final, O’Leary y Guerra acabaron por dar ventaja a Plasencia. 57-61.

En el último cuarto, todo pudo pasar. Y todo hubiera sido justo. Después de canasta «tuya», canasta «mía», llegaron los últimos minutos. Si lo quiere más resumido, a los 22 segundos finales con 81-82 en el marcador. A aquel instante se llegó tras cuatro triples consecutivos como arma ofensiva de Plasencia, que, además, ganaba con solvencia los rebotes. Y aún así, La Palma tenía la última posesión. La idea era rotar, mover y buscar una opción con el suspiro del final. No se esperó tanto. La «bola» llegó a Peña, aún faltaban 10 segundos, y quiso entrar para matar. Fue taponado. Sin margen para la protesta. Un «gorro» y hasta luego. Luego, tras falta para buscar el milagro, Bravo puso el 81-84.