Apoyar al baloncesto femenino

Esta Isla está llamada a revivir aquellos tiempos, no tan lejanos en la memoria aunque sí en el tiempo, en los que se ocupaba un lugar en la élite nacional. Desde aquel Tenerife Asunción, al Isla de Tenerife Symel y Uni CajaCanarias, pasando por el Cepsa, Coronas, Junta del Puerto… Cuando Cathy «maravilla» Boswell, Elinor Bank y otras primeras estrellas de basket internacional, vestían esas camisetas, llegando a jugar una final de la Copa de la Reina.

Lamentablemente las locuras de un presidente, de cuyo nombre prefiero no acordarme, hicieron que se vendiera la plaza a un club peninsular, siendo todavía una interrogante a dónde fue a parar el dinero percibido por tal acción antinatura.

Pero lejos de mirar en el túnel del tiempo prefiero centrarme en la actualidad. Tenerife cuenta con dos proyectos, ambos respetables. El CB Isla de Tenerife, que puso en escena hace dos décadas Paco Apeles-Díaz, y el Uni CajaCanarias, cuyo barco está a cargo de otro ilustre de nuestro baloncesto: Valentín Santana y que, pasito a pasito, ha sido capaz de alcanzar la categoría de plata del basket nacional.

Ambos compiten, no sin problemas económicos (más en tiempos de crisis), en la Liga Femenina-2. Uno lo hace en el grupo A y el lagunero en el B. Se puede afirmar que ambos están haciendo una aceptable campaña, si bien es cierto que los resultados están siendo mejores para las chicas que entrena la internacional Esther Herrero.

Lejos de profundizar en lo de la cacareada uniòn, voy a escribir sobre la necesidad de que la gran familia del deporte de la canasta en esta Isla entienda que Aguere Tenerife y Uni CajaCanarias están faltos de cariño por parte del aficionado. Las jugadoras actuales ofrecen un nivel de juego considerable, con acciones de primer nivel que enamoran a quienes asisten a los partidos.

¿Tanto nos cuesta dedicar dos horas a la semana a nuestros representativos femeninos? ¿Cómo se explica que en categorías inferiores -léase infantil, cadete y júnior- las canchas registren aceptables entradas y, cuando se arropar al Uni y al Isla se trata, apenas 200 personas se dan cita en las gradas del Palacio de los Deportes o del recinto de la Finca de España?…

El trabajo que vienen realizando cada día y que después reflejan en la competición bien merece que apuntemos en nuestras agendas el día y la hora de juego de uno y otro equipos y acudamos a animar a sus jugadoras. Estoy seguro que con ese calor del público les ayudaremos a dar un paso más y, a lo mejor, nos brindan la alegría de clasificarse para la fase de ascenso.

Dentro de siete años, cuando mi reloj llegue a los 60, estaré prejubilado. Espero y deseo de corazón poder escribir la crónica del ascenso de un club tinerfeño a la División de Honor Femenina antes de apagar definitivamente el ordenador de mi mesa de trabajo. Les animo, queridos lectores, a vivir en la grada la pasión del baloncesto femenino de élite. Les garantizo que no se aburrirán.

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