RICHY BETHENCOURT: Mito tinerfeño malogrado en accidente de tráfico

Richy, el eterno capitán, junto al madridista Wayne Brabender, quien fuera posteriormente entrenador canarista.

Seguramente no es un nombre muy conocido en la península, pero sí que puede decirse que Richy Bethencourt es una leyenda en el baloncesto tinerfeño. Su fallecimiento en accidente de tráfico, unos pocos años después de su retirada, le confirió todavía una condición más mítica. Una auténtica pena porque era un tipo muy carismático y querido por los aficionados, sobre todo por los del Club Baloncesto Canarias (actual Iberostar Tenerife).

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En su etapa en el Náutico. Es el primero de los agachados por la izquierda

A Bethencourt nadie le llamaba por su nombre de pila, Ricardo. Era un jugador atípico: medía 1,85, pero eso, que le hubiese encaminado a la posición de base, no impidió que casi siempre fuese un escolta. “Parecía frágil, pero tenía un tiro espectacular y era rápido, explosivo, con un gran salto. Era un experto en el contraataque”, recuerda Juan Méndez, compañero y rival. “Te rompía cuando le daba la gana”, añade.

Casi siempre jugó en la isla de Tenerife, sobre todo en el Canarias, con quien disputó las dos primeras ediciones de la Liga bajo la organización ACB (83-84 y 84-85, con 10,5 puntos en 28 minutos de media), aunque estuvo siete años en total allí. Especialmente recordado resulta su papel en el primer ascenso de la entidad a la máxima categoría, en la temporada 80-81.

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El segundo por la izquierda, agachado, entre Andrés Mateo y Alberto Ortega

Bethencourt, con su eterna camiseta negra de manga corta por debajo de la equipación oficial,  había llegado procedente del ‘eterno rival’, el Náutico de Tenerife. Y anteriormente había pasado por las categorías inferiores del Real Madrid, al que se unió cuando estaba en la capital estudiando Derecho. Formó una demoledora pareja exterior con Juan Antonio Corbalán y llegaría a ser internacional juvenil.

Se trataba de un tipo con inquietudes, ambicioso al máximo. “Era muy carismático, con todas las dotes que puede tener un líder junto a Carmelo Cabrera”, explica Méndez, cuyo crecimiento como jugador coincidió en el Canarias con la parte final de la carrera de Bethencourt. “Se picaba mucho en los entrenamientos. Nuestro entrenador, Pablo Casado [recientemente fallecido], me decía que eso pasaba porque sentía que le estaba quitando el puesto. Pero era un tipo excepcional que se hacía querer. Siempre estaba vacilándote. Era muy pícaro”, asegura.

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La camiseta de Richi sigue colgada en el Juan Ríos Tejera
Por lo que se ve, era un tipo muy activo. Ya trabajaba en una inmobiliaria como abogado al tiempo que jugaba profesionalmente. Después se estableció por su cuenta, asociado con el ex árbitro canario Jesús León Arencibia. Todo se truncó en su coche, llegando a San Cristóbal de La Laguna, cuando regresaba de la zona sur de la isla, un mal día de 1998. El hueco que dejó resultó imposible de llenar en el Juan Ríos Tejera, el pabellón tradicional de los aurinegros. El club retiró su camiseta con el número ‘8’.
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Sus dos hijos, junto a Carmelo Cabrera y el periodista José Luis Hernández

Drazen Petrovic, Fernando Martín, Carlos Montes, Lalo García, Sergio Luyk, Dyron Nix, Mike Schlegel, Abdul Jeelani, Sherron Mills, Jackson Vroman, Matt White, Joe Meriweather, Mike Phillips y un largo etcétera entre el que no conviene olvidar a nuestro protagonista de hoy. Se fueron antes de lo que les correspondía, pero nos dejaron su basket.

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