21 de Enero de 2017
21.01.2017
A BABOR

Matrimonios rotos

2017-01-21

Cuando se produce un divorcio, lo más frecuente es que las partes se tiren los trastos a la cabeza. Pasa hasta en las parejas más sensatas y más enamoradas, donde hubo lo que los cursis llaman "amor verdadero". Es lógico que ocurra más aún cuando se disuelve una de esas relaciones matrimoniales de conveniencia que en política representan los gobiernos de pacto entre dos partidos. Clavijo anunció el pasado 23 de diciembre -él dijo que "con tristeza", y no hay motivos para no creerle- el final del que tanto los nacionalistas como los socialistas calificaron durante los 18 meses que duró como "el mejor gobierno posible para Canarias". Podía haberlo sido, pero algo se cruzó en el camino del Gobierno. No fue una tercera persona, como en tantos divorcios, aunque es verdad que hubo algunas infidelidades menores, agigantadas porque la política se ha convertido en los últimos años en una suerte de teatrillo donde lo que muchas veces no deja de ser pura comedia bufa se presenta como drama nibelungo...

Algunos matrimonios fracasan por mala administración de los recursos comunes. Es algo de lo que en general se habla poco, pero ocurre con mucha más frecuencia de lo que se reconoce. Sucede porque los cónyuges no son capaces de ponerse de acuerdo en cómo hay que gastarse el dinero. Y algo parecido es lo que ocurrió en el Gobierno de Canarias.

Poco antes del verano de 2016, saltaron las alarmas en Hacienda porque el gasto sanitario se había disparado más de lo habitual. Suele dispararse todos los años, porque siempre se presupuesta por debajo del gasto, quizá con la esperanza de contener el exceso del año anterior. El presupuesto de 2017, por ejemplo, contempla para Sanidad 75 millones más de lo presupuestado en 2016, pero aún así queda muy por debajo del gasto efectivamente realizado el año pasado. Un año en el que se superaron las previsiones por encima de lo que parecía asumible. Es difícil saber cuánto se va a gastar en Sanidad, y es más difícil aún controlar ese gasto, no solo porque -en algunos casos- se trate de vidas humanas o de salvar situaciones de enfermedad, sino porque la Sanidad es un patio de Monipodio mal organizado, con un sistema de gestión que incorpora intereses, privilegios, estatus y viejas componendas que es difícil reconducir.

Fue en ese contexto en el que se produjo la discusión sobre los tratamientos de la hepatitis C, que el Gobierno central se había comprometido a pagar, incumpliendo luego ese compromiso. Es fácil encontrar la pista de ese conflicto entre las regiones y Madrid, en las hemerotecas, y también la posición defendida por Canarias. Lo que es difícil es saber qué fue exactamente lo que pasó entre Morera y Clavijo, lo que se dijeron entonces, pero fuera lo que fuera provocó la primera desavenencia de calado entre el médico metido a político y el político decidido a taponar la sangría sanitaria. Es cierto que desde aquel encontronazo algo se quebró allí dentro.

Pasado medio año, el PSOE ha decidido resucitar una acusación con la que supieron convivir este tiempo. Lo hacen cuando la relación está rota, algo que probablemente es poco elegante, pero bastante frecuente. ¿Y a quién creer? Yo creo a los dos. Creo que Clavijo le debió apretar las tuercas a Morera y seguramente se le calentó el pico. Con la hepatitis C, con el hospital del Sur o con la señora madre de Morera. Y creo que Morera se enfadó mucho, que amenazó con dejarlo, y que el Gobierno del PSOE y Coalición hizo lo mejor que puede hacerse en estos casos, que es arreglar el entuerto.

Por supuesto, nunca se retiró el tratamiento, ni se cerró el hospital del Sur, ni volvió a mentarse alegremente a las madres de nadie. Sacar ahora esa historia en un debate parlamentario, y llevarla a los periódicos y las radios, solo demuestra que en las parejas rotas el que se siente más perjudicado suele necesitar hacer daño al otro.

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