BEN MAGEC Ecologistas en Acción le concedió en su momento el premio Atila al biólogo Antonio Machado. Sobra decir que con tal galardón no se premia una labor encomiable a juicio de los defensores de la naturaleza, sino todo lo contrario. No en vano se decía que la hierba no volvía a crecer en aquel lugar donde pisaba el caballo del citado rey de los hunos, conocido también como el azote de Dios. ¿Y qué ha hecho Antonio Machado para merecer el calificativo de bárbaro medioambiental? Basta leerlo en la página web de Ben Magec: tal galardón se le ha concedido por su papel de defensor del puerto de Granadilla, "quedándose él solo con la labor ingrata de buscar argumentos científicos donde no los hay para justificar la construcción de este puerto, que responde únicamente a razones político-empresariales".

No me consta que dicho biólogo tinerfeño haya defendido la citada infraestructura portuaria. He revisado una entrevista que le hice hace algunos meses en la televisión de esta Casa. Ni una palabra a favor del puerto de Granadilla. Tan sólo la afirmación categórica de que no existen razones de conservación ambiental para oponerse a esta obra. Pueden existir de otro tipo, pero no ambientales; ni siquiera la existencia de unos sebadales insustituibles. Una postura que echa por tierra los principales argumentos de los opositores al puerto. No obstante, los Ecologistas en Acción -¿denunciantes en acción?- jamás pueden permitir que alguien los contradiga. Sobre todo si ese "alguien" es una persona cualificada y nada sospechosa de apoyar el desarrollismo sin control. Todo lo contrario; las críticas de Antonio Machado a lo que se ha hecho en Playa de las Américas, por ejemplo, son de sobra conocidas incluso más allá de las fronteras españolas. Un documental de la televisión finlandesa sobre los desmanes ecológicos en Canarias recogió ampliamente sus opiniones.

Nada de eso basta en el currículo de Machado. Aquí, por consentimiento de unos políticos siempre temerosos de perder un voto no vaya a ser que se queden sin sueldo, coche oficial, móvil con cargo al erario y otras prebendas, los carnés de defensores de la naturaleza los reparten quienes se han erigido como guardianes únicos e irrefutables del ecologismo. Categoría en la que se incluyen asociaciones como Ben Magec. El premio Atila es lo más suave que conceden cuando alguien discrepa. Cierto que cuando se trata de calificativos mayores, tipo "estómagos agradecidos", "vendidos al poder económico", "fachoides casposos", etcétera, no son ellos, sino autores anónimos, los que se encargan de sembrarlos en la red o remitirlos directamente al correo-e del interesado. El caso es denigrar al discrepante, arrinconarlo socialmente y desacreditarlo en el ámbito intelectual hasta acabar con él no físicamente -hasta ahí podíamos llegar-, sino como persona digna de credibilidad y poseedora de un mínimo de prestigio. La técnica es vieja pero resulta harto eficaz.

Por añadidura, Ben Magec acaba de proponerse que Tenerife no tenga su tren del sur. Para ello ha elegido la vía que más domina; la que más le gusta: la denuncia ante los tribunales. Conociendo los antecedentes, imagino en qué va a acabar todo esto. En definitiva, ni puerto de Granadilla, ni más autopistas, ni trenes, ni ampliación de aeropuertos, ni playa de Las Teresitas... ¿Queda algo, o eso de la opción cero es realmente cierto?