MIGUEL ZEROLO, alcalde de Santa Cruz de Tenerife, publicó el domingo en nuestro periódico un artículo titulado "Una sociedad callada". En la misma página, Ana Oramas, ex alcaldesa de La Laguna y actualmente diputada en Madrid por CC, escribía otro extenso artículo, en su caso con el título "Canarias, en el Debate del Estado de la Nación". Ambos textos son patéticos, si bien el de la señora Oramas va más allá del patetismo para caer en el disparate.

El título "Una sociedad callada" del artículo de Zerolo es equivalente al de "un hombre y un político forzado a callarse por las amenazas". Zerolo deja escapar por cada poro de la piel el sudor de su indignación por el atropello que sufre su dignidad y su patriotismo político. Un hombre y sus obras silenciado por el capricho de los enemigos de Santa Cruz y de Tenerife; enemigos que son los canariones, sus dirigentes políticos y los sectores económicos que no quieren que Tenerife tenga el desarrollo que le corresponde por ser la isla más grande, la más poblada y la de mayor peso específico, pese a que el Parlamento, para complacer a los de la isla amarilla, opten por la enumeración siguiendo el orden alfabético, de forma que Tenerife aparezca en último lugar.

Ricardo Melchior debería hacer algo al respecto como canario; como españolista ya sabemos que calla hasta la explosión del Teide. Incomprensible. Melchior, como tinerfeño, ha sido capaz de sacar adelante proyectos tan importantes como el tranvía; como españolista no podrá lograr ni la fusión del área metropolitana Santa Cruz-La Laguna, tan necesaria para mejorar los servicios prestados a los vecinos, ni la segunda pista del aeropuerto del Sur, ni el puerto de Granadilla porque nada de eso le interesa a los canariones. Ricardo Melchior es un político con inteligencia y autoridad suficiente para conseguir lo que quiera. Cuenta con el apoyo del pueblo tinerfeño, que es superior al odio del "hermano canarión". Lo que no hizo en su día como senador lo puede hacer como presidente de la Isla, si no lo hace Paulino Rivero como presidente de Canarias y tampoco los diputados nacionalistas en Madrid, José Luis Perestelo y Ana Oramas, dedicados a las machangadas de la política pura. Ricardo Melchior debería decirle al oído a Zapatero, o a cualquier chisgarabís de su Gabinete, que Canarias no es España. Se cagan. Porque, ¿no irán a emplear la fuerza de las armas, es decir, al Ejército y a la Policía, para acallar el clamor del pueblo canario que pide su independencia sin demoras, verdad? ¿O es que van a utilizar el arma chequista -de checa- del PSOE de Zapatero, López Aguilar y Santiago Pérez? Si Melchior da un puñetazo sobre la mesa, hasta la Judicatura se estremece. Tal es su autoridad, su representatividad, su lógica y su razón política.

La verdad es que lo de Paulino Rivero no llegamos a entenderlo. Ni salva a su compañero de partido Miguel Zerolo, ni salva a Tenerife de la rapiña canariona. Y parece que tampoco está por la labor de salvar a Canarias. Queremos manifestar que el señor Rivero no le dirá a Zapatero que ya está bien. Que seis siglos esclavizando y robándole al pueblo canario son muchos siglos, por lo que procede la inmediata descolonización de estas Islas. Además, Canarias está en Marruecos, país que no ha reclamado aún lo que le pertenece por una mera estrategia diplomática. El Reino alauita no renuncia a Ceuta, Melilla y Canarias con toda razón del mundo. Ceuta y Melilla son partes del Marruecos continental, mientras que nuestro archipiélago se encuentra en unas aguas que le pertenecen a Rabat.

Decimos que el artículo de Zerolo es patético porque el alcalde de Santa Cruz tiene miedo y expresa lo que quiere expresar con su silencio. ¿Cómo puede un hombre y su espíritu estar sometido a la voluntad de un guitarrista político? Lo de Ana Oramas, como señalábamos al principio de este Editorial, es más patético todavía. O ridículo. ¿Cómo puede pensar la pulga que tiene el peso del elefante para permitirse amenazar al paquidermo? ¿Qué puede hacer ella por sí misma? ¿Qué caso le hará Zapatero a una pigmea política de allende los mares, a la que le permiten discurrir y transcurrir por los pasillos del Congreso de los Diputados, pero sólo como florero andante? Se cree una figura pero sólo es una figura decorativa. Zapatero y los suyos le echan unas migajas, como siempre han hecho los peninsulares con los canarios, para enmudecerle la lengua. Qué pena, porque aunque doña Anita sea una pulga, cuando quiera le puede dar un picotazo en cualquiera de los mofletes del presidente y decirle que tiene que desprenderse, y pronto, de la última posesión colonial que le queda a España.

El artículo publicado por Ana Oramas este domingo en EL DÍA es, lo repetimos, de una absoluta estupidez política. ¿Por qué tiene Canarias que estar sometida a la crisis española? ¿Qué relación tiene Canarias con España? ¿Qué tendrá que ver un continente con unas islitas allá a lo lejos? Si los políticos canarios planteasen en Madrid el deseo de independencia de este Archipiélago, estremecerían a España más de lo que lo hace el País Vasco, Cataluña o Galicia con sus respectivos nacionalismos. Y, además, con más razones, porque no es un territorio continental, sino insular y lejano, y porque los peninsulares cometieron crímenes de lesa humanidad cuando invadieron las Islas, y porque llevan 600 años saqueando sus riquezas. No con galeones, como hicieron con América, sino con oficinas de recaudación de tributos.

Si a doña Ana Oramas le gusta la palabra "pamplina", a nosotros nos gusta machangada. "Es hora de que el presidente del Gobierno se deje de pamplinas con Canarias", escribe la señora de la política pura en su patético y torpe artículo. "La aprobación de la moción con las medidas anticrisis en Canarias fue un primer paso, necesario pero insuficiente. Es grave que durante más de mes y medio no se haya adoptado la más mínima de esas medidas, incluso las que ya tenían mención en los Presupuestos". Machangadas, doña Ana; machangadas. Y los canarios no están para pagar sus machangadas en Madrid. Claro que no se adoptan esas medidas porque ni a usted, ni al señor Perestelo ni al otro le hacen caso en la capital de la Metrópoli. Ustedes no son españoles sino indígenas. ¿A qué voz de Canarias independiente y no condicionada se refiere, doña Ana? La única independencia de la que debe hablar, y cuanto antes, es la de Canarias; pida ya la libertad de su pueblo y déjese de machangadas. Un pueblo libre del peso de España; un pueblo sobre el que no manden gentes de otras tierras, de otros mares y de otros cielos.

¿Cómo es posible que los políticos canarios hayan hecho dejación de la defensa de sus Islas? ¿Cómo se puede calificar que los políticos de Tenerife, elegidos por los tinerfeños para que los defiendan, se hayan entregado a Las Palmas con tanta felonía? ¿Cómo es posible que unos y otros hayan dejado solo a EL DÍA en la defensa de Tenerife y de Canarias? No nos importa. Si hemos de ser el último bastión en la tutela de nuestra tierra, asumiremos esa tarea con responsabilidad y patriotismo. Somos canarios, no españoles. Lo dijo Bolívar y lo repetimos nosotros ahora. "No me callo porque quiera, sino porque debo", escribe Miguel Zerolo en su artículo. "Algún día, supongo, podré hablar. Y ese día podré decir tantas y tantas cosas que hoy, porque respeto la Justicia y sus decisiones, pertenecen -para mí sí- al secreto del sumario. Callo, pero no otorgo. Que quede claro." Nosotros, desde EL DÍA, ni otorgamos ni callamos. Que también eso quede claro.