Vivir

Sobrevivir al pasado

Juan Delgado Fernández fue uno de los 29 tripulantes que salió con vida del "Castillo de Montealegre", en el que murieron 18 personas tras ser torpedeado el 8 de abril de 1943 cerca de la costa de Dakar.
M. BARROSO, S/C de Tenerife
18/may/04 18:20 PM
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M. BARROSO, S/C de Tenerife

El 8 de abril de 1943 el buque de bandera española "Castillo de Montealegre", que cubría la ruta entre Malabo, Santa Cruz de Tenerife y Valencia, fue torpedeado por un submarino italiano. De las 47 personas que iban a bordo, 18 desaparecieron y 29 pudieron ser rescatadas y evacuadas al puerto de Dakar.

Hoy, 61 años después, uno de los supervivientes de la tragedia revive para EL DÍA aquella experiencia y comenta lo que supuso en el devenir posterior de su vida.

Juan Delgado Fernández (foto de Montse Santos), natural de Santa Cruz de Tenerife, era entonces un joven alumno de náutica que, junto a otros, realizaba prácticas de máquinas en el buque.

El viaje se desarrollaba con toda normalidad. Cuando llevaban dos días de travesía recibieron, sin previo aviso, el impacto de tres torpedos, que en pocos minutos hundieron el "Castillo de Montealegre".

Según relata el protagonista de esta historia, en un primer momento hubo gran confusión. El ruido era infernal; muy pronto se dieron cuenta de que habían sido víctimas de una acción bélica, pese a que España era un país neutral.

Sin apenas darse cuenta de lo que sucedía, los supervivientes se vieron en alta mar, sin que el submarino que los torpedeó realizara maniobra alguna de auxilio.

"Los que estábamos vivos -describe Delgado- decidimos construir una balsa con trozos de la madera que llevaba el buque y unos chalecos salvavidas. Asimismo, teníamos un bote de remos que llevábamos a bordo y que tras el incidente quedó seriamente dañado. Con estos medios decidimos dividirnos en dos grupos: uno de trece personas se subió a una balsa y otro, en el que yo estaba, al bote".

"Amarramos ambas embarcaciones con una cuerda, pero poco a poco se fue soltando y de los primeros nunca se supo nada más. Los 17 restantes estuvimos remando por turnos durante casi tres días, sin comida y tapando todos los agujeros que había con ropa o con el cuerpo. Cuando ya pensábamos que no había esperanza fuimos avistados por un avión procedente de Dakar rumbo a Inglaterra, que dio parte para que, poco tiempo después, nos rescatara una corbeta inglesa", recuerda.

Una vez que llegaron a puerto, los supervivientes recibieron ropa y un salvoconducto para poder moverse por la zona.

Durante los días que permanecieron en Dakar, los jóvenes alumnos sabían que habían sido muy afortunados por sobrevivir a esta tragedia, pero su inexperiencia les impidió, hasta muchos años después, darse cuenta de la magnitud de lo acontecido. "Cuando tienes entre 18 y 20 años, como teníamos entonces -asegura- procuras seguir con tu vida intentando no mirar atrás, aunque la imagen de los compañeros que se quedaron atrás nunca se me fue de la cabeza en los años posteriores".

Pese a provenir de una familia relacionada íntimamente con el mar, la vivencia del naufragio fue lo bastante traumática como para alejarse por completo del mundo marino.

"El hecho de que eligiera otra profesión -subraya- se debió en parte a esto y también a las dificultades económicas de la época. Yo era el mayor y tenía que sacar a mi familia adelante. No me quedó más remedio que ponerme a trabajar".

Recuerda como si fuera ahora la alegría de sus familiares cuando regresó a la Isla. "Hasta el propio gobernador civil de la provincia en aquel tiempo, Carlos Arias Navarro, me citó para interesarse por mi situación y la de mi familia", añadió.