Tenerife

Aparcacoches para ganarse la vida en Cabo-Llanos

Solares y descampados sirven de aparcamiento diario a los vehículos de cientos de personas que acuden a la nueva zona residencial de la ciudad, para comprar o resolver trámites administrativos. A su vera subsisten decenas de "vecinos" que alinean o vigilan los coches.
J.D.M.
13/dic/16 6:16 AM
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L a frase de Jacinto -que no se llama Jacinto- lo resume: "Si hay problemas, nosotros llamamos a la policía. Porque este es un trabajo, la forma de vida de mucha gente". Lo asegura este veterano que desmiente problemas habituales y añade: "Trabajé muchos años, pero no cotizaron por mí, y vengo a buscar un dinero que me hace falta para una hija enferma".

Es el perfil de quien se ocupa de "vigilar y alinear" los entre 170 y 180 vehículos que caben en el descampado situado justo por encima de la ermita de Regla. Señala que "si ha habido algo -los vecinos han denunciado peleas- es puntual. Yo vengo todos los lunes desde hace ocho años, cumplo mi turno hasta las cuatro de la tarde y adiós".

EL DÍA recorrió ayer varios solares, llenos de coches un lunes laborable. Quienes acuden a los centros comerciales, más en esta época navideña, o a resolver trámites, dejan allí sus vehículos.

En la calle Álvaro Rodríguez López tiene su "hueco" Tomás, que lleva "quince años aquí". Muestra con orgullo el espacio reservado "para mis amigos". Dice que "hay quien da y quien no da, es la voluntad, no se obliga a nadie". Es de Los Verodes y está aquí "antes de que se construyeran muchos edificios". Calcula que cuando se llena hay un centenar de coches.

La ruta conduce luego a la calle Celia Cruz. Quien está en la puerta de un recinto de tierra murado asegura que "aquí nunca ha habido problemas". Achaca lo denunciado a "un accidente aislado". Dice "llámeme x", es "del país" y de mediana edad. A las tres y media lo sustituirá otro vigilante del centenar de vehículos.

Junto a Regla, Jacinto valora: "Esto es sacrificado, yo camino cientos de metros cada día entre piedras". En ese momento "está todo lleno", pero "dé usted una vueltita", le dice a un conductor.

Camino al Intercambiador, en un pasillo lleno de coches, está Soleiman. Africano, de Sierra Leona, su seriedad inicial da paso a la sonrisa cuando se relaja. A la pregunta de cómo le va el día enseña unas monedas porque de las 70 plazas que "le corresponden" el 30% "es chatarra". Se despide con un "feliz Navidad".

El final de la ruta es el solar tras el Intercambiador. Allí aparece la única mujer de la mañana, extranjera. Dice que " a veces dan y a veces no" en unos 70 aparcamientos antes de cerrarse con un "¿por qué mi nombre?". No es necesario el nombre pero ella y todos son "vecinos" de Cabo-Llanos. Donde se buscan la vida cada día.