Santa Cruz de Tenerife
GÜÍMAR

Recuerdos imborrables

Vicente Pérez Pérez, presidente de honor del PSC güimarero, recuerda el inicio de la Guerra Civil como un acontecimiento lamentable y que les dejó tanto a él como a su familia una honda huella. Fue alistado y tuvo que combatir contra los republicanos, así como soportar que su padre fuera encarcelado en Fyffes.
J. FEO, Güímar
27/jul/08 0:50 AM
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La vida en el municipio de Güímar en los años 30 no era fácil y así lo rememora Vicente Pérez Pérez, presidente de honor del PSC güimarero y de 96 años de edad, quien recuerda que en julio de 1931 se afilió, junto con otros amigos que formaban un equipo de fútbol, en las juventudes socialistas.

Aquellos tiempos "eran muy duros porque se trabajaba de sol a sol y sólo se comía dos veces al día, a las nueve de la mañana y a las dos de la tarde", afirma Pérez, quien indica que comenzó su vida laboral "en el año 23 en el campo y ganaba media peseta a la semana".

La casualidad es que la situación de los trabajadores mejora sensiblemente el mismo año de la revuelta militar, en el 36, porque el gobierno de la época, con la república al frente, decide impulsar las condiciones laborales de los obreros y es cuando se comienza a trabajar ocho horas y se suben los sueldos, explica.

La disposición de más tiempo libre incluso fue aprovechada por Pérez, que en aquel entonces tenía 19 años, y sus amigos para organizar un baile en un salón situado en las inmediaciones de la plaza güimarera que, después de barajar diversas fechas, se decidió que fuese el 19 de julio de ese mismo año. Sin embargo, el destino tenía preparada una sorpresa que no se esperaba porque un día antes se produjo el alzamiento franquista, por lo que la celebración se canceló por miedo a las consecuencias que la misma pudiera tener.

Lo peor estaba todavía por llegar porque en 1937 "fui llamado a filas e ingrese en el Cuerpo de Ingenieros", al igual que su hermano, Isidro, destinado a Infantería, comenta.

En ese momento, tuvo que dejar sus convicciones políticas al margen y comenzar una lucha "para sobrevivir" y, paralelamente, se llevan a su padre detenido a la cárcel de Fyffes, en Santa Cruz de Tenerife, encierro que se prolongó durante 13 meses y en cuya vigilancia tuvo que participar Isidro, con lo que este hecho hacia que la situación de aquel momento fuese todavía mucho más compleja.

La situación militar de la época incluso hizo que la instrucción de Vicente Pérez fuese dura y a su término fue destinado a África con la advertencia de sus superiores de que no hiciera ningún "disparate" porque entonces las consecuencias podrían haber sido peores para él y su familia.

Del Norte de África fue llevado, al poco tiempo, a la zona de combate y estuvo en la Tercera Compañía del batallón Cazadores de las Navas número 2, teniendo la suerte de regresar del frente sin sufrir heridas de balas.

El fin de la contienda "me coge en Madrid, en la Puerta del Sol", y con la pena encima porque pocos días antes había muerto un amigo republicano de Las Palmas en un combate entre ambos ejércitos en dicha capital peninsular.

"La Guerra Civil es algo que todavía no he comprendido y allí estábamos combatiendo hermanos contra hermanos. Ojalá no hubiera pasado", asevera Vicente Pérez, quien recuerda todos los horrores de la lucha.

Su regreso después de la guerra fue decisivo para casarse con su novia, Laura Morín, a quien recuerda visiblemente emocionado, así como que comienza a trabajar como estibador en el muelle santacrucero para poder sacar a su familia para adelante, pero en la década de los 50 decide emigrar a Venezuela.

En 1981, retorna de nuevo a Güímar, dejando en el país caribeño a dos hijas, María Isabel y Laura, cinco nietos y un biznieto.

La llegada de Vicente a su municipio natal no pasó desapercibida, ya que el PSC lo nombra presidente de honor y recientemente le regaló el baile del 19 de julio de 1936, que no se pudo celebrar en su día por el alzamiento.