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CRISTÓBAL J. RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Ifonche y el hermano Pedro


5/jun/02 19:11 PM
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GENERALMENTE, se conoce por Ifonche una vasta zona que abarca desde los altos del municipio de Adeje, con el barrio de este mismo nombre, y que llega hasta el término municipal de Vilaflor, con los pequeños caseríos del Hoyo y de La Zarza. Pero para la siguiente reflexión nos interesa más centrarnos en esta última, la que pertenece al municipio de Vilaflor.

Aparece por primera vez recogido el topónimo de Ifonche, cuando el adelantado Don Alonso Fernández de Lugo se disponía, una vez conquistada la Isla, al reparto de las tierras entre sus hombres, familiares, amigos, benefactores de las campañas, etc. En un documento fechado en 1505 se dice: "...al licenciado Luis de Alarcón, del consejo de órdenes..., doscientas fanegas de secano, medidas, medidas según la medida de Gran Canaria, que el Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo gobernador de Tenerife le señaló en el reino de Adeje, en el lugar llamado Ifonche, en lengua de Tenerife..." (1). En otro documento también dado a este mismo personaje por Don Alonso Fernández de Lugo, en 1508, dice lo que sigue: "...le señaló en el río de Ifonche, en el reino de Adeje..." (2).

Por tanto, los primeros datos que tenemos de la existencia por lo menos de un pequeño caserío en esta zona son de los primeros años del siglo XVI. A lo largo de su historia, por su posición geográfica, ha ejercido sobre éste el dominio económico y social, unas veces Adeje, ya que por esta zona tenía posesiones Don Pedro de Ponte, señor de la casa fuerte de Adeje y sus respectivos sucesores, y otras Chasna o Vilaflor. Por esta misma razón geográfica religiosamente ha dependido siempre de la parroquia de San Pedro Apóstol, de Vilaflor.

No es menos interesante el destacar que por esta zona pasaba el Camino Real que unía el pueblo de Adeje con el de Vilaflor.

Llegado a este punto y si observamos el título de esta reflexión, es normal que nos brote la siguiente pregunta: ¿qué tiene que ver el Hermano Pedro con todo esto? ¿Cuál es la relación existente entre el Hermano Pedro e Ifonche?

Es una pena que no haya llegado hasta nosotros el testimonio escrito de algunos acontecimientos, pero es, a veces, la memoria oral la que nos lega bellísimas (y no por ello menos ciertas) tradiciones, historias y leyendas.

Históricamente, sólo sabemos que como su abuelo Juan y su padre Amador, para aliviar la situación económica familiar, Pedro de Betancur también sirvió a Don Bartolomé de Ponte y Calderón (dueño de la Casa Fuerte de Adeje de 1616 a 1662), cuidando un rebaño de cabras a raíz de un pleito que éste tuvo con su padre.

En la historia oral de la gente humilde y pobre de este caserío de Ifonche, siempre quedó algo muy claro: Pedro de Betancur, el hijo de Amador González de la Rosa y de Ana García, nació allí, en una casa que como tal (como casa natal del que fuera apóstol de Guatemala) se han conservado sus ruinas hasta el día de hoy. Esta idea (que defendía la gente de Ifonche) no es tan descabellada como les pueda parecer a algunos aparentemente, si tenemos en cuenta que Ifonche (o más concretamente la Zarza, que es donde se encuentran las ruinas) se encontraba de camino entre Adeje y Chasna, y era lugar más cómodo para desempeñar el servicio con Don Bartolomé de Ponte y Calderón. Tampoco hay que perder de vista que los biógrafos del Hermano Pedro lo más que llegan a decir (bástenos citar a uno de ellos, Fray José Moreira) es lo siguiente: "...que la casa de los padres del venerable Hermano Pedro, en el lugar de Chasna y Vilaflor, estaba a las espaldas de la parroquia de S. Pedro" (3). Como vemos, en ningún momento aparece el adjetivo natal, por lo tanto no es que se discuta que sobre las ruinas donde hoy está ubicado el Santuario del Hermano Pedro, en Vilaflor, hubiera una casa donde probablemente vivió Pedro durante su infancia y juventud, sino la teoría de aquellos que apuntan esta casa como lugar de su nacimiento. Y es que una cosa es vivir en una casa y otra, que no tiene por qué ir aparejada a ésta, es el haber nacido en ella. Esto ni aprueba, ni excluya la teoría de Ifonche, como lugar de nacimiento del futuro santo. Parece ser que, guiados por los datos de los cronistas del Hermano Pedro, los padres betlehemitas, cuando llegaron a Canarias en torno al año 1706, se inclinaron por Vilaflor (concretamente, el centro del pueblo y a espaldas del templo parroquial, pero no olvidemos que Ifonche, o mejor dicho La Zarza, se encuentra también en el municipio de Vilaflor) como lugar de nacimiento de su fundador, y como lugar más idóneo para comenzar a edificar allí un templo.

Hay otros, que teniendo en cuenta los escritos de los biógrafos del Hermano Pedro, han llegado a concluir, diciendo que si bien el Hermano Pedro no nació en Ifonche, por lo menos allí vivió un familiar, en casa del cual pasaba algunos períodos de tiempo.

Tanto si nos inclinamos por Ifonche como lugar de nacimiento del futuro santo, como si no, lo que parece quedar claro y no ser discutido por nadie, es que este lugar fue santificado con su presencia y así creo yo lo supieron entender los naturales de la zona cuando desde siempre vienen custodiando con cariño y fervor, las ruinas de lo que dicen fue su casa natal.

En los últimos 20 años, el lugar ha cambiado bastante. Se erigió una ermita en honor del Hermano Pedro y de Ntra. Sra. de Belén, pasando por la colocación de una efigie del Hermano Pedro, de bronce, en el exterior, y el arreglo y acondicionamiento de las ruinas y su entorno.

Por alguna razón, desconocida para los vecinos de este barrio, en este año de la canonización, en el que tanto se ha hablado y queda por hablar del Hermano Pedro, por ningún lugar se ha nombrado a Ifonche.

A veces, no es sólo la constancia escrita de un hecho histórico lo que hace que este adquiere valor por sí mismo, sino el recuerdo y actualización de ese hecho en la vida, en la memoria y en el sentir de nuestra gente.

Ifonche fue parte de la vida oculta, de esa vida sencilla de nuestro Hermano Pedro, y todavía hoy lo sigue siendo.

Lo importante, a pesar de estas disquisiciones, es que por primera vez en la historia de nuestras Islas un paisano nuestro es reconocido como santo por la Iglesia.

Fue, es y seguirá siendo Pedro de Betancur un reclamo para todos los hombres de buena voluntad. Un reclamo para el hombre de nuestro siglo XXI, con un mensaje muy actual: se puede ser santo amando a Dios con "locura" y poniendo lo más valioso que Él nos ha dado, nuestra vida, al servicio de los demás, de los que menos tienen, de los más pobres.

Notas:

1. Aznar Vallejo, Eduardo. Documentos Canarios en el Registro de Sello 1476-1517 (nº 651, 1505, noviembre 15, Salamanca f. 4).

2. Aznar Vallejo, E. (nº 743, mayo 22. Burgos).

3. Fray Francisco Vázquez de Herrera, Vida y Virtudes del venerable Hermano Pedro de San José Bethencourt, pág. 11.

CRISTÓBAL J. RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ