Sucesos

Ocupaciones salvajes, robos y violencia

Vecinos de dos enclaves advierten de su indefensión ante los problemas generados por quienes no ocupan una vivienda por necesidad, sino para desvalijar pisos o generar conflictos.
P.F.
24/oct/16 5:57 AM
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H ay ocupaciones de viviendas que van más allá de buscar un hogar en el que los que dan "la patada en la puerta" puedan acoger a su familia. Viviendas destrozadas o desvalijadas, enganches ilegales a la luz y conexiones irregulares del agua, destrozos en zonas comunes. Y conflictos con los vecinos que poseen una vivienda en el lugar o la tienen alquilada. Ocurrió hace casi un año en una urbanización de Llano del Moro y pasa algo similar en el barrio lagunero de San Miguel de Chimisay, concretamente en la calle San Lorenzo. Pasan semanas y meses y los problemas no terminan de resolverse.

A fnales del pasado mes, un grupo de vecinos presuntamente entró por sorpresa en un edificio ocupado por una pareja de jóvenes veinteañeros, con agresiones entre las partes y diferentes daños en el edificio. La Policía Nacional detuvo a un ciudadano, pero los dueños de casas en los alrededores niegan su implicación en el ataque. Los residentes en la calle estaban cansados de los ruidos y peleas entre la pareja de madrugada. Y llegaron a una situación límite. Una portavoz de los residentes en San Miguel de Chimisay aseguró que el pasado miércoles "nos reunimos con la subdelegada del Gobierno", Rosario Cabrera, y un comisario del Cuerpo Nacional de Policía. Dicha afectada comenta que "nos animaron a presentar escritos" ante el banco propietario del edificio y a llamar a las patrullas cada vez que haya problemas. Pero les reconocieron que ni pueden tener agentes permanentemente en el lugar ni acelerar los procesos judiciales.

Esa portavoz señala que "ha aflojado la agresividad verbal entre la pareja, pero tiran piedras a las planchas de mi azotea, provocan con tocamientos sobre la ropa y se sientan en la acera frente a nuestras casas". Además, ahora la mencionada pareja ya no reside allí. Otra pareja, amigos de los anteriores, están de forma permanente en el número 29 de la calle y los anteriores ocupas van ocasionalmente. Los vecinos señalan que los robos de material del edificio sí han continuado y para sacar los efectos sustraídos de la zona utilizan taxis o furgones de alquiler.

Otros medios para sacar ese material son carros de compra o cajas de cartón. La ciudadana afectada señala que "hemos hecho un seguimiento a esas personas y, al menos, parte de lo robado se lleva a un piso de El Cardonal". Esa portavoz vecinal señala que esas acciones ocurren a plena luz del día. Tras padecer la situación desde agosto, opina que, "cuando el ocupa no respeta la buena convivencia con otros ciudadanos, debería haber una legislación que permita una expulsión inmediata". Tras hacer gestiones en juzgados, la portavoz vecinal comenta que el banco propietario del edificio "todavía no ha denunciado la ocupación" y "pedimos que lo haga, para que se pueda iniciar el trámite" de desalojo lo antes posible. Y estudian hacer sentadas ante la sede central del banco en Santa Cruz para exigir que adopte ya esa medida.

Todo lo contrario a la tranquilidad

En un barrio del Distrito Suroeste de Santa Cruz de Tenerife, la llegada de ocupas con una actitud algo hostil generó una desbandada de los inquilinos de una urbanización. Hoy, una minoría de propietarios de casas resiste el apogeo de quienes dieron una patada en la puerta. Sus situaciones desagradables son varias, como perder la señal de televisión o internet que les llega por la red de la comunidad o detectar que los "nuevos vecinos" se han enganchado a la luz del sistema contraincendios. En su momento, quienes pagan una hipoteca por vivir allí denunciaron un evidente fraude a las empresas de suministro de luz y agua. Además, alertaron de que en los espacios públicos comunes el consumo de drogas proliferó y, según oyeron por las emisoras policiales en su momento, algunos de los ocupas agresivos tienen antecedentes policiales. Lamentan que los ruidos y problemas de convivencia son algo preocupante, así como los actos vandálicos y daños en las zonas comunes. Recuerdan amargamente que eligieron para vivir ese lugar porque "buscábamos tranquilidad, pero nos hemos encontrado con todo lo contrario". Señalan que, casi un año después de que empezara su calvario, el asunto no se ha solucionado y los ocupas conflictivos "siguen aquí campando a sus anchas".