Sociedad

"Pasé de tener una frutería a dormir en el parque La Granja"

Jorge Darias dejó un trabajo fijo para montar un negocio, pero quebró, lo perdió todo y se vio sin un techo bajo el que vivir Hoy ha podido rehacer su vida gracias a Café y Calor.
G. Maestre, S/C de Tenerife
30/nov/14 0:47 AM
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La historia de Jorge Darias es de esas que uno oye pero que nunca termina de creerse del todo, puesto que viene a poner rostro a la crudeza de la crisis económica y a cómo un día se es una persona completamente normal con piso, trabajo, amigos y sueños y al día siguiente se está completamente solo y sin ni siquiera un techo bajo el que cobijarse. Su testimonio cobra especial sentido con motivo del Día de las Personas Sin Hogar.

"Yo lo tenía todo. Había realizado mis estudios y tenía un contrato fijo en una empresa en la que estaba bien valorado. Sin embargo, sentí la necesidad de tratar de mejorar, de avanzar, y pedí un excedencia para poder montar mi propio negocio. La experiencia ya la tenía", narra sentado en el despacho que el proyecto de Cáritas Café y Calor tiene en su casa de acogida de la avenida de Bélgica y en donde ha pasado siete meses de su vida.

" Pedí una excedencia de dos años -continúa narrando- y me fui. Justamente en ese momento estalló la crisis y la frutería que monté no salió bien. No sé si falló donde la ubiqué, que era una zona en la que había mucha gente en paro, o si tal vez fui yo. El caso es que invertí todo lo que tenía y me quedé sin nada".

Aún hoy no sabe cómo no se dio cuenta del pozo en el que estaba.

"Me engañaba a mí mismo pensando en que iba a salir adelante y que lo que tenía que hacer era invertir más y echarle más horas, pero fue peor. Ni siquiera me di cuenta de que tenía que cerrar y, de repente, un día lo hice porque ya no podía ofrecer nada a los pocos clientes que tenía. No tenía paro porque lo había pedido para poder montar mi empresa", relata.

Para Jorge esos días fueron los peores de su vida y apenas tiene recuerdos claros.

"Cuando cerré no tenía nada y me vi pasando la noche en un banco del parque La Granja porque no pude pagar ni siquiera el alquiler. No pasé miedo ni frío ni nada, pero porque estaba en shock. No dormí. No era yo", aclara.

Tras pasar su primera noche al raso Jorge estaba completamente descolocado y no sabía qué hacer.

"No paraba de llorar. No me creía que algo así me estuviera sucediendo a mí. No sabía a donde ir y tenía mucha hambre porque ya llevaba un día sin comer y se me ocurrió ir a la Policía o al centro de salud a ver si podían hacer algo por mí, aunque fuera darme algo de comer. Me da vergüenza decirlo, pero no sabía ni que existían ni los servicios sociales ni Café y Calor ni nada".

Finalmente terminó yendo al centro de salud, donde una doctora le recomendó que acudiera al albergue municipal.

"Llegué completamente fuera de mí. La impresión cuando entré allí fue tal que ni siquiera pude comer y me fui de nuevo al parque, tratando de buscar otras soluciones. Estaba bloqueado, superado por la situación, pero al tercer día volví y conocí a una trabajadora social y, por fin, comí algo, entre llantos porque no paraba de llorar. Allí me nombraron Café y Calor y me dijeron que fuera. Esto fue en el año 2012", recuerda.

Entrar en Café y Calor para Jorge fue el punto de inflexión.

"Me di cuenta de que no estaba solo. La primera vez estuve un mes porque encontré trabajo muy rápidamente, pero tuve que volver porque era muy precario y no podía mantenerme. Entonces permanecí otros siete meses y ahora tengo dos trabajos, uno por la mañana en Cruz Roja, y por la tarde en la empresa de informática Saentech de El Sobradillo y puedo hacer mi vida a mi manera", cuenta orgulloso.

Y es que Jorge ahora vive de alquiler, ha retomado su proyecto de vida y nada le gustaría más que irse a vivir con su pareja . "Espero que pueda ser pronto", dice cruzando los dedos. Preguntado por si se ve regresando a la casa de acogida de Café y Calor contesta: "Rotundamente sí, pero solo para ayudarles en algo", y suelta una carcajada.

Y es que asegura que esos siete meses le cambiaron la vida.

"Me quedo con que al final los que pasan por aquí nos convertimos en familia porque somos los únicos que conocemos esta realidad. De hecho mis amigos de toda la vida se van a enterar por este periódico de que yo he estado en la calle, porque no es algo que se cuente. En el centro aprendí a no juzgar a otras personas, porque todos somos diferentes y lo que hay que hacer es tratar de conocernos y respetarnos siempre. Hice amistades verdaderas que espero mantener toda la vida, incluso con gente que ya no está ni en Tenerife", insiste.

Pero, ¿qué hubiera sido de Jorge si Café y Calor no le hubiera acogido? Lo más seguro es que hubiera alternado las noches en su banco del parque La Granja con otras en el albergue, pero él no lo cree así.

"Posiblemente me habría quitado la vida porque psicológicamente no lo hubiera aguantado. Si aguanté esos dos días fue porque estaba en shock, ni dormí ni comí ni nada, pero cuando lo has tenido todo y te ves en esa situación lo mejor que te puede pasar es justamente eso, que casi ni te enteres, porque si eres consciente no encuentras motivo para seguir adelante".