Santa Cruz de Tenerife
LEONARDO RUIZ DEL CASTILLO *

Desde Cáritas

3/ago/08 1:19 AM
Edición impresa

ME GUSTARÍA, amigas y amigos, que me dieran una respuesta a las preguntas que me he venido haciendo a lo largo del pasado mes de julio: ¿cuántas manifestaciones se han llevado a cabo en el Archipiélago o en la Península para frenar de una vez por todas el éxodo y las muertes en el océano Atlántico, o en el Mediterráneo, como consecuencia de la aventura hacia nuestras costas de seres humanos en cayucos y pateras?... ¿En Tenerife?... ¿En Gran Canaria?... ¿En Madrid?... ¿En Fuerteventura?... ¿En?? Por el contrario, ¿cuántas manifestaciones se han realizado para que no se instale? o para que se instale? o para solucionar el conflicto de? o para pedir que?? Por supuesto que no estoy en desacuerdo, porque somos libres de manifestarnos; pero ¿por qué en el caso que me ocupa y preocupa (como creo que a muchas otras personas de bien) no hay la misma disposición? Es muy lamentable que ya nos hayamos acostumbrado a la muerte del negro, hasta el punto de que, en ocasiones, nos molesta oír o ver en los medios de comunicación ese tipo de noticias y cambiamos de canal, de sintonía o pasamos la página? ¡Qué mes más trágico, Dios mío, el del pasado julio! Y para acrecentar aún más el dolor, todos esos niños muertos? ¿Hasta cuándo?

Cuando visito en nuestras casas de acogida a los jóvenes inmigrantes que residen en ellas procedentes de los centros de menores, ingresados cuando llegaron a Canarias en cayuco o patera con menos de 18 años, incluso algunos con 12, puedo palpar su desesperación, inquietud, malestar? por la situación que están viviendo. En algunos casos han pasado en esos centros hasta 6 años y ahora, cuando cumplieron su mayoría de edad, salen con una mano atrás y otra delante. En unas horas han pasado de ser acogidos a ser ilegales? Me hago una leve reflexión: ¿qué haría yo en esa situación y en un país extraño?

¿Pero no cree que aquí ya somos bastantes sin empleo (casi 170.000) y por mucho que nos duela la situación de un nigeriano también nos duele y preocupa la del canario?, me preguntará usted. Le digo que Canarias siempre ha sido un pueblo hospitalario y solidario (y lo sigue siendo, faltaría más); por eso estamos acostumbrados a compartir el plato de potaje y gofio, la azada y hasta las cuatro perras que tenemos en el bolsillo. Y, afortunadamente, todavía quedan muchos que no olvidan nuestra emigración a Venezuela. Alguien me dijo un día: "Cuando veo a estos negritos por las calles en busca de trabajo, me veo yo mismo hace años, en Caracas, en idéntica tarea".

Amigas y amigos, tengo presente a todos quienes hoy, aquí en nuestro terruño, lo están pasando mal; muy mal. Conozco a familias que han tenido que acudir a nuestras Cáritas parroquiales y arciprestales, porque su situación económica hoy ha dado un giro brutal a peor; si a finales del pasado año tenían dificultades, hoy tienen graves problemas. Familias en las que uno o más miembros se han quedado sin empleo, debiendo hacer frente a una cuota mensual hipotecaria que se ha duplicado en los últimos meses; pan, leche y otros muchos productos básicos de alimentación han disparado sus precios a límites prohibitivos. Y no sólo les hablo de quienes tienen un techo y pasan múltiples carencias, sino de quienes, incluso, no tienen dónde dormir, bañarse, etc. Y no es una apreciación de Cáritas, sino que cualquiera de ustedes lo sabe y lo palpa en el día a día y cuando sale a la calle. Estoy seguro de que ya a nadie se le escapa la crisis brutal que nos ahoga, a pesar de que aún hoy haya quien trate de camuflar esa palabra. Pero, la llamen como la llamen, lo estamos pasando mal.

Alguien podrá pensar que tratamos de crear inquietud en las personas. Yo les pregunto: ¿quién de ustedes no sabe de alguna familia que está en la situación que comento? ¿Es que no hay quien se encuentre a un paso de perder su empleo? No es necesario que otros nos creen inquietud, porque vemos lo mal que lo está pasando nuestro vecino o un familiar y nos preocupa que podamos caer en la misma situación. Por otro lado, ya se encargan también otros de inquietarnos (el señor Solbes, por ejemplo, cada día nos hace desayunar con diferentes apreciaciones personales de la crisis; catastrofistas, desde luego).

Pero a pesar de la que está cayendo tengo motivos de alegría y agradecimiento hacia algunas empresas y empresarios que nos apoyan, creen en nuestra seriedad, confían en Cáritas y dan trabajo a las personas que, habiendo pasado por un proceso de recuperación e inserción en nuestros proyectos, se incorporan o reincorporan al mundo laboral. Nuestro servicio de mediación laboral tiene un gran trecho del camino y de su trabajo hecho, gracias a empresarios y empresarias que tienen una gran sensibilización y demuestran su solidaridad. Debo destacar a la Ciudad de La Laguna en esa implicación y número de personas empleadas, pero tampoco me olvido de Santa Cruz de Tenerife y de diferentes localidades del Norte y Sur de la Isla. En nombre de quienes se han beneficiado de su generosidad, gracias.

Y, estimada lectora o estimado lector: ya sabe usted que hoy, domingo día 3 de agosto, primer domingo de mes, es el Día de Cáritas. Un día en el que toda su esplendidez le saldrá por los poros de su cuerpo y tratará de paliar, en la medida de sus posibilidades, las penurias de otros. Las colectas en parroquias e iglesias van para ese menester de Cáritas y, con lo que les he comentado y lo que ustedes ya conocen, saben que pasamos serios apuros para poder atender la demanda que tenemos; demanda que, en relación al año anterior, ha experimentado un crecimiento preocupante. Y si se encuentra de vacaciones en nuestra provincia, la iglesia más cercana tendrá misa hoy; no obstante, las Cáritas parroquiales y arciprestales o los Servicios Generales en Juan Pablo II 23, recogerán su aportación económica. Nuestro apoyo y la esperanza de muchas personas es usted. Gracias por su compartir y su generosidad.

* Director de Cáritas Diocesana

de Tenerife