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La Negra Tomasa (y Sosó) ya son eternos

Recibió la Medalla de Oro de Santa Cruz y en la entrada a su casa se descubrió una placa donde se recuerda que allí vivió Víctor Díaz.
V.M.
15/jun/18 6:22 AM
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Es complejo contar el significado de la Negra Tomasa. Si usted (lector) nunca ha podido disfrutarla en la plaza de España en Indianos, no lo entenderá. Dirá que sí, pero es que no. Créame. De forma superficial, que para llegar al alma hay que vivirlo, es el personaje que mejor aglutina en sí mismo la guasa, la creatividad innata y la capacidad de transformación que tiene el palmero.

Dentro del personaje, detrás de aquella vestimenta, hay un hombre desde 1992. Ni es mujer ni es negra, un señor. Una persona de 78 años que te lo encuentras un día del montón en un rincón cualquiera de la capital. Víctor Díaz Molina, para siempre "Sosó", altera de forma brusca su ritmo cuando se pone el colorido vestido y es "víctima" de un minucioso maquillaje a manos de su nuera Nazaret. Ese paso pausado, reflexivo, de cualquier persona de su edad, queda atrás para dar vida a una cubana madura con ganas de romper el escenario. Que pide fiesta a través de movimientos de caderas extremos y ensayados, las manos arriba, pasos cortos, con salero.... Un poco Celia Cruz. ¡Azúcar!

El ayuntamiento decidió premiar a "Sosó". Reconocer su entrega. Su amor por el indiano. El alcalde, Sergio Matos, le puso la Medalla de Oro de la ciudad y, sobre todo, se descubrió una placa a la puerta de su casa en la que se recuerda, para siempre, que allí vivió (y vive) la persona que encarnó a la Negra Tomasa. Lo primero "volará". Dentro de unos años nadie o casi nadie se acordará. Lo segundo perdurará. Allí, en la calle San José, los que aún no han nacido podrán leer que residió un ser sencillamente diferente.

¿Merecido? Los pueblos no son solo edificios, calles y rincones. Los pueblos también son gente. Y Víctor Díaz Molina es una de esas "especies" multifuncionales. No ha sido solo la Negra Tomasa, por la que ahora se reconoce, también fue, y eso queda, uno de los grandes de la Danza de los Enanos, en la que ha participado hasta en siete ocasiones, rompiendo las reglas, partiendo la fila de los danzarines para estar más cerca de la gente. También la Luna de Valencia, figura de los Mascarones que fue suya, lo mira como a un padre.

Antes de leer lo que llevaba escrito para la ocasión, Víctor Díaz, "Sosó", atendió a los medios de comunicación, en un mensaje mucho más espontáneo. Reconoció que estaba "muy contento" sobre todo porque "jamás esperaba que me concedieran la Insignia de Oro de Santa Cruz de La Palma y que colocaran una placa en mi casa", aunque admitió que siempre ha preferido que los homenajes, si tenían que llegar, que se los hicieran "en vida". A su edad ya no se hace planteamientos a largo plazo. Mejor, año a año. A propósito, señaló que "ya estoy pensando en el Carnaval del próximo año, y después en el siguiente, y así sucesivamente porque me encuentro fuerte, gracias a Dios". El protagonista dejó una de las claves para que en Indianos su ritmo sea tan elevado: "La gente te anima, te hace bailar y mover, y muchas cosas más que solo hago por la Negra Tomasa".