Muchos problemas son importantes aunque no sea fácil apreciarlos, y cuando además se hacen visibles, han dejado de ser importantes para convertirse en graves. Es el caso de la contaminación del subsuelo de Tenerife, provocada por décadas de vertido de aguas negras.
La peculiar configuración geológica de la Isla, con suelos porosos de origen volcánico, y las pronunciadas pendientes han posibilitado que se absorbieran ingentes cantidades de residuos líquidos que, lejos de desaparecer, no han dejado de deteriorar el suelo bajo nuestros pies y las costas que nos rodean.
No resultan necesarios concienzudos proyectos de ingeniería para señalar la única solución posible: la creación de una red de alcantarillado que reconduzca las aguas negras hasta colectores que conecten, a su vez, con plantas depuradoras.
Los ayuntamientos, el Cabildo y el Gobierno de Canarias parecen concienciados de la gravedad de la situación y de la necesidad de poner orden al caos en el vertido de líquidos.
Con el fin de hacernos una idea de la capacidad real de la red de alcantarillado de Tenerife, de los proyectos previstos, de cuánto va a tardar su ejecución y del dinero que nos va a costar, EL DÍA ha convocado alrededor de su mesa de debate a representantes de los sectores implicados.
Los vecinos, protagonistas como usuarios y como parte implicada en la ejecución del enlace entre las viviendas y la red, encuentran su voz en el presidente de la asociación vecinal Las Toscas, Tomás Miguel Hernández Alonso. Su barrio, en el municipio de Tacoronte, ha sufrido durante años, como todos los de la Isla, la carencia de alcantarillado. En su caso, actualmente se encuentra en plena fase de ejecución el proyecto de saneamiento de esta zona.
De otra parte, los ayuntamientos, administraciones de las que depende la creación de la red de recogida de vertidos líquidos, están representados por el alcalde de Granadilla, Jaime González Cejas (PSC-PSOE), principal responsable de un municipio donde convergen áreas rurales desperdigadas, barrios de enorme densidad poblacional como San Isidro, el área turística de El Médano, el aeropuerto Tenerife Sur y el futuro polígono industrial.
A su lado, el concejal de Urbanismo de La Orotava, Juan Jesús Martín González, de CC, cuyo ámbito de competencia territorial ocupa uno de los subsuelos más contaminados de la Isla, el del Valle de La Orotava, donde la solución al problema, por mor de la orografía y la infraestructura disponible, pasa por ser mancomunada.
Por último, el Cabildo, representado por la consejera de Planificación y Desarrollo, Mónica Méndez, de CC, que a través del Plan Hidrológico Insular, el reparto de fondos y la creación de parte de la infraestructura es parte implicada en el objetivo de conseguir una red de saneamiento realmente operativa.
Obviamente, el Gobierno de Canarias también fue invitado a participar, varias veces a lo largo de la semana, pero sus técnicos parecen estar demasiado ocupados.
En un primer momento, los contertulios coinciden en que la carencia de alcantarillado y la consiguiente contaminación del subsuelo encuentra explicación, al menos en parte, en la escasa rentabilidad política de las obras que no se ven, una situación que se remonta a hace décadas.
Tanto Mónica Méndez como Jaime González Cejas entonan el "mea culpa", un análisis en el que coincide Tomás Miguel Hernández, quien subraya que "lo que no se ve, no da votos".
No obstante, la
histórica desidia de la clase dirigente hacia la creación de redes de
alcantarillado ha encontrado
acomodo en unas peculiares
condiciones orográficas.
La consejera del Cabildo
compara la situación del subsuelo de Tenerife con el de
otras islas y afirma que es considerablemente peor. Las pendientes han posibilitado que
las aguas negras hayan ido
cayendo desde los núcleos
rurales y los cascos históricos
hasta las zonas cercanas al
litoral. Es ahí donde han aflorado, y por ello donde primero ha habido que buscar soluciones.
Lanzarote y Fuerteventura
En Lanzarote y Fuerteventura, territorios con escasos desniveles, el problema es bastante menor porque la necesidad de canalizar las aguas fecales ha existido desde siempre .
González Cejas coincide con el diagnóstico de Mónica Méndez. Recuerda que son escasos los cascos históricos que disponen de red de alcantarillado, sobre todo porque el saneamiento en las medianías jamás ha sido prioritario para las administraciones y lo que existe ha surgido de las inversiones privadas. Entiende que la responsabilidad se la reparten todas las administraciones, pero más de arriba hacia abajo que viceversa.
Tomás Hernández no tiene nada que objetar a lo dicho, al tiempo que introduce un nuevo factor para explicar la escasez de alcantarillado: la dispersión de los núcleos de población.
Juan Jesús Martín expresa también su coincidencia con lo manifestado hasta ahora, y añade que afortunadamente se empieza a superar la cultura del pozo séptico. En su municipio, La Orotava, son los propios vecinos quienes piden enlazar sus viviendas con el colector.
A Mónica Méndez no le ha hecho ninguna gracia que el alcalde de Granadilla, paisano suyo, haya comentado que la responsabilidad de la situación empieza de arriba hacia abajo. Puntualiza que son los ayuntamientos y los inversores privados, y no el Cabildo, quienes tienen la responsabilidad de crear el alcantarillado. Subraya que el Consejo Insular de Aguas, organismo vinculado a la Corporación insular, es responsable sólo de los colectores, las depuradores y los emisarios.
Aportación de fondos
La consejera añade que, a pesar de eso, el Cabildo aporta fondos para que los municipios financien sus obras de saneamiento. El Plan de Cooperación Municipal hasta 2006 comprendía 4.000 millones de pesetas que se incrementaron hasta 7.000 con la condición de que se destinara parte a las redes de alcantarillado.
González Cejas reconoce el esfuerzo, pero entiende que no existe coordinación, y se queja de que a aquellos municipios que se han preocupado por crear redes de alcantarillado, como el suyo, en muchos casos endeudándose, se les concedan menos fondos precisamente por haber actuado con responsabilidad, destinándose el dinero a los que carecen de toda infraestructura. Méndez responde que ese supuesto lo contempla el Cabildo, que aplica parámetros correctores en el reparto.
El alcalde sureño insiste en que la política de la Corporación insular en este ámbito es "posibilista, pero poco eficaz" y asegura que los ayuntamientos ya están cansados de un plan tras otro. Pone en duda la política de gasto público del Cabildo, con una referencia concreta al Auditorio, a lo que la consejera le responde que ojalá los presupuestos de todas las haciendas locales estuvieran tan equilibrados por áreas como lo están los del Cabildo.
El representante vecinal disculpa en parte la inexistencia de infraestructuras de alcantarillado, por el hecho de que "en 35 años hemos pasado del gofio a la hamburguesa y del camello al coche". Apunta que el crecimiento de población y los cambios han sido tales que han llegado a estrangular a la administración.
Seguidamente, el concejal orotavense subraya que los pasos que se están dando para dotar a la Isla de una red de alcantarillado son los necesarios. En su opinión, el objetivo final es llegar a todas partes, incluidas las zonas de medianías, un objetivo que, según apunta, sólo se logrará a muy largo plazo.
Juan Jesús Martín coincide con González Cejas y Mónica Méndez en que las administraciones canarias van a tener que realizar en el futuro un importante esfuerzo con la aportación de recursos propios, habida cuenta de que los fondos estructurales terminarán por desaparecer.
La consejera insular de Planificación y Desarrollo retoma uno de los planteamientos de representante vecinal, el de la dispersión de los núcleos habitados. Asegura que será imposible contar con una red de alcantarillado si el crecimiento urbanístico se lleva a cabo manteniendo criterios de dispersión geográfica, porque encarece y dificulta la creación de infraestructura y porque incluso afecta negativamente al medio ambiente.
El alcalde de Granadilla concluye afirmando que es necesario concienciar, planificar desde un punto de vista realista, en la misma mesa y sumando los recursos privados a los públicos.
Tomás Hernández cree necesaria la colaboración entre las administraciones y los administrados, al igual que Juan Jesús Martín, quien entiende que, a pesar de los imponderables, se están adoptando las medidas más convenientes. Mónica Méndez también pide la implicación de los vecinos, al tiempo que pide comprensión y basa las actuaciones a desarrollar en el respeto al entorno y la búsqueda de la calidad de vida.