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Editorial Leoncio Rodríguez S.A.

DOMINGO, 3 DE JUNIO DE 2001

LA LUCHA POR LA VIDA Y POR LA MUERTE


A nadie en España le pasó desapercibido el caso de Ramón Sampedro, un hombre tetrapléjico durante 30 años, que estuvo más de 25 exigiendo a la Justicia su derecho a poner fin a su vida. El 12 de enero de 1998 murió y a los pocos días se supo que había fallecido ayudado por una sobredosis de cianuro.

El caso de Sampedro reabrió un debate siempre polémico. La Justicia aún trata de desvelar quiénes fueron los once amigos que lo ayudaron a realizar su deseo. Se inició entonces una campaña en la que decenas de personas se autoinculparon afirmando: «Yo también ayudé a matar a Sampedro».

La estrategia de Sampedro consistió repartir papeles entre sus amigos. Uno compró el cianuro; otro lo analizó; otro calculó la proporción de la mezcla, y así sucesivamente. Él, sin movilidad del cuello para abajo, sólo tuvo que absorber el que sería su trago más ¿«dulce»?


Luis de MoyaLuis de Moya representa el caso justamente contrario. Víctima de una tetraplejia, está en silla de ruedas desde 1991. Sin embargo, su coraje resulta ejemplar. Él mismo se considera «un reto para la gente que me rodea» y cree que «la vida es lo suficientemente rica y complicada para no ser capaz uno solo de vivirla». Sentado en su silla, el día se le queda corto entre su actividad sacerdotal, los seminarios e Internet.

De Moya señala que se encuentra bien y que goza de buena salud, aunque reconoce que tras el accidente que sufrió y que le dejó imposibilitado para realizar muchas labores, ha tenido momentos difíciles, «pero ninguno insuperable».

El religioso no deja de repetir que, aunque se tiende a verla lejana, la muerte es algo que siempre está a la vuelta de la esquina, por lo que no deja de alegrarse de estar vivo. «La suerte que he tenido es que he estado a punto de morirme varias veces y no ha pasado».

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