El lunes se cumplen dos años de la entrada en vigor de La llamada Ley de Conciliación Laboral y Familiar, un texto producto de la transposición de la normativa europea que pretende armonizar el desempeño de la actividad profesional con las necesidades de atención y cuidado familiar.
Con el propósito de conocer si realmente la norma hace posible esa conciliación, EL DÍA convocó en torno a su mesa de debate a distintos agentes sociales. Elena Acosta, miembro de la Secretaría de la Mujer de CC OO; Esther Medina, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias y Emprendedoras; Rosario Pino, concejal del área de Asuntos Sociales y Mujer del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife; Ana Matías, ama de casa, y Jesús Jaraiz, presidente de la Asociación "+ D 2", que acoge a las familias numerosas de la provincia.
La impresión es unánime: la Ley se ha quedado "corta" para las necesidades que demanda la sociedad, es una gran "desconocida", no resuelve las desigualdades y, además, discrimina a las familias numerosas.
Rosario Pino admitió que la discusión podía representar "una excusa o un pretexto para que tomemos conciencia de que vivimos en una sociedad injusta", mientras Esther Medina insistía en que "es necesario conocer bien los derechos que se reconocen".
Por su parte, Elena Acosta sostenía que el texto no supera la tradicional desigualdad entre sexos, "ni potencia el acceso de las mujeres al mercado laboral."
Esa presencia ha dibujado un nuevo escenario y las mujeres se enfrentan a la contradicción de tener que decidir si quieren ser madres o trabajadoras: "La mujer se encuentra ante el dilema de renunciar a la maternidad o al trabajo. No es una decisión libre", apuntó Ana Matías, para quien la ley no resuelve la situación.
Jesús Jaraiz señaló que el punto de partida debe estar en el "reconocimiento social de la maternidad, que nos puede conducir a la igualdad. España es contradictoria. Siendo el país donde más se valora a la familia, es el país de Europa que menos ayuda a la familia; siendo el país del mundo con menor tasa de natalidad, es el país, tras Irlanda, con más número de familias numerosas. En este contexto, el contenido de la Ley se ha quedado en mínimos", explicó.
Si la incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha provocado uno de los cambios sociales más profundos del pasado siglo, las relaciones de producción que la nueva centuria propone exigen una nueva mentalidad.
Esther Medina afirmó que el empresario "está limitado por lo que la ley propone y dispone", pero admitió que "se evita la contratación de mujeres, sobre todo en periodo de maternidad".
Ana Matías incidió en esa discriminación por razón de sexo, comentando que "en las entrevistas de trabajo, en los cuestionarios, que un hombre está casado supone una virtud, mientras las mujeres somos una interrogante".
Por su parte, Jesús Jaraiz planteaba cuestiones "como la de que a partir de un número de hijos, las bajas puedan ser mayores". Reconoció que "se dan muchos despidos de mujeres", una cuestión de interpretación de la ley.
En opinión de Rosario Pino, "esta ley facilita a los empresarios que den permisos de maternidad y supone un avance, ofreciendo además facilidades para la sustitución". Remarcó que "el permiso parental se ofrece a la familia y no a la mujer, porque supondría relegarla a su rol tradicional de cuidadora".
Pero encontrar una verdadera armonización y conseguir que la familia pueda compatibilizar el trabajo y el ocio, depende de una decidida y convencida política de ayudas que se echa en falta.
Jesús Jaraiz apuntó al Plan Integral de Apoyo a la Familia, que contempla incentivos a las empresas para que articulen guarderías en los centros de trabajo. "Lo hemos propuesto al Gobierno de Canarias, pero si la Administración no da ejemplo, los empresarios no se van a preocupar del tema. La realidad es que una mujer con hijos está discriminada socialmente y una familia con hijos, también", señaló Jaraiz.
"Socialmente no existen apoyos a la ley. Es el caso de los colegios públicos donde no hay comedores escolares ni tampoco guarderías", denunciaba Elena Acosta.
Un modelo de vida que persiga las relaciones igualitarias requiere un reparto equilibrado y solidario de las responsabilidades. A la mujer se le asigna socialmente esa responsabilidad única de la atención, de los cuidados y la educación de la familia.
En este sentido, explicó Rosario Pino que "la ley no fomenta el reparto de roles y sí fomenta el apartamiento de las mujeres de la vida laboral", Rosario Pino.
"El peso mayor de los cuidados los soportamos las mujeres", coincidía Elena Acosta, mientras Ana Matías solicitaba la complicidad de la pareja en las tareas comunes.
En opinión de Jesús Jaraiz, finalmente es "la la familia la que soporta a la persona que está enferma y que no puede trabajar".
A propósito, Rosario Pino expuso que "cuando existe la necesidad de cuidar a alguien en casa se sacrifica siempre el salario de menor cuantía, que es el de las mujeres". Por lo tanto, propuso flexibilizar "las jornadas laborales e incentivar el trabajo a tiempo parcial de los hombres", reivindicando además que "los salarios de las mujeres se equiparen definitivamente a los de los hombres".
Jesús Jaraiz también introdujo en el debate un novedoso asunto: los horarios, cuestionando que cualquier cambio en el calendario escolar, laboral o de servicio público incide directamente en la familia y en su tiempo: "Cada vez que modifican un calendario o una fecha de fiesta surge un problema en las familias. ¿Qué haces con los niños?".
A propósito ponía como ejemplo las vacaciones de verano: "Duran tres meses y en este tiempo debes llevar a tus hijos a campamentos de verano que cuestan dinero. Eso no lo recoge la ley".
Rosario Pino abogó por "modificar los horarios laborales. Están pogramados desde la perspectiva de una sociedad donde sólo trabajaban los hombres" y en su opinión se debe terminar con la rigidez de horarios y jornadas para flexibilizar el trabajo.
También salieron a relucir las abuelas "que están sacando la ley de conciliación adelante, cuando ni siquiera figuran en ella", advirtió Jaraiz.
En este sentido, Rosario Pino aludió al "síndrome de las abuelas esclavas", y Elena Acosta señaló que "las próximas abuelas seremos trabajadoras hasta el momento de nuestra jubilación".
Se está reclamando un cambio de actitudes y de mentalidad, una nueva concepción del mundo alrededor de esa célula original, generadora de las maneras de actuar, pensar y sentir de las personas.
La familia se percibe como uno de los aspectos más importantes e integradores en la vida de los ciudadanos, pero vive desprotegida. ¿Existe la conciliación?