Sin rechazar las campañas de
difusión del uso del preservativo
entre la población juvenil, Raúl
Díaz sí expresó sus dudas sobre
su eficacia como método de
erradicación de los embarazos
no deseados en adolescentes.
"Se ha cometido el inmenso
error de creer que esto se arregla
con información, que eso cambia
las conductas de las personas",
cuando, en su opinión, eso sólo
se consigue "mediante procesos
continuados de educación
afectivo-sexual". En particular
dijo recelar de su doble mensaje:
"se asocia relación sexual con
coital y aparecen ligadas a riesgo
y peligro". "Si cambiáramos que
no necesariamente tienen que
practicar la penetración, se
solventaría mucho de lo que
pasa", aseguró. En ese contexto
cuestionó también las máquinas
expendedoras de preservativos
en la puerta de los institutos, y
reiteró la necesidad de trabajar
muchos otros factores "como la
autoestima, habilidades sociales
y otros recursos".
Cristina Darias apoyó que "la
información aparece conectada
sólo a eso, y no se ha elaborado
el componente de la afectividad".
De acuerdo también estuvo
Teresa Cruz Oval en la necesidad
de "cambiar comportamientos".
Menos de acuerdo se mostró
Rosa Dávila, que situó las
campañas en la prevención
también de enfermedades de
transmisión sexual y no creyó
todavía el momento de
"repensarse" las campañas.
Similar postura expresó Pura
Toste.