El auténtico golpe a la libertad duradera que los ciudadanos estadounidenses viven en la actualidad lo es tan sólo de efecto, coincidieron todos los expertos. Wenceslao Peñate, decano de Psicología de la ULL, asegura que la campaña de terror psicológico desplegada por los terroristas obedece a una calculada estrategia para causar situaciones de pánico colectivo, término más correcto que el de "psicosis colectiva" empleado por los medios de comunicación.
"Dicho pánico se produce a pesar de que se trata de una creencia irracional, que en este caso se fundamentaría en una enfermedad con nulo porcentaje de contagio", prosigue. "Sin embargo, esas creencias se desarrollan si se crean previamente procesos psicológicos basados, por ejemplo, como es el caso, en la incertidumbre y el desamparo: la población piensa en qué puede hacer para no contagiarse, o en los recursos de que dispone la administración para evitarlo. De este modo llegan a generarse comportamientos supersticiosos, esto es, sé que no me va a ocurrir, pero la probabilidad no me importa; lo que me importa es que no me toque a mí".
Fernando Clavijo opina, por su parte, que "se está desmesurando el clima colectivo de pánico", mientras que el catedrático de Química Alfredo Mederos cree que "los terroristas se han apuntado un buen tanto con este ataque, ya que, desde el momento en que se produce un caso de muerte, la población comienza a inquietarse, aunque creo que el hecho de que se haya utilizado precisamente el bacilus anthracis responde más a una intención de propagar el miedo". Lucas González, epidemiólogo, afirma, por su parte, que "si no fuera por las implicaciones bélicas y psicológicas que ha tenido, se reduciría a un caso más de brotes, una situación ante la que hay que reaccionar, sí, pero que entra dentro de lo convencional".
Así pues, ¿dónde están las vacunas contra el pánico? Antonio Sierra, jefe del Departamento de Microbiología del HUC, refiere que "el impacto psicológico de la acción terrorista en la opinión pública puede hacer que ésta ataque a los responsables sanitarios que no elaboren un plan de choque, aunque no sea necesario".
Peñate resalta además que los ciudadanos están más predispuestos a adquirir una fobia a una infección que a otros acontecimientos más letales. "Quienes han cometido estos atentados han conseguido lo que se proponían, crear el pánico, ya que la enfermedad no reviste un especial peligro para la supervivencia física de la población, se controla bien, no es contagiosa y el impacto es mínimo. Los terroristas han efectuado un mensaje clave: tenemos un arma contra la que sus gobernantes no pueden protegerles", sentencia.
Los procesos de pánico no superan los tres meses. A partir de ahí, el ser humano es capaz de adaptarse mejor a las nuevas situaciones, "y ésta no es la peor de las posibles", insiste.