Antonio Sierra quiso aclarar desde el principio del debate que utilizar el término ántrax en español es incorrecto. La enfermedad que en estos días copa tanto espacio informativo en los medios de comunicación como la propia evolución de los ataques norteamericanos en suelo afgano es el carbunco, que los anglohablantes sí denominan "anthrax", y que produce el bacilus anthracis.
El jefe del Departamento de Microbiología del HUC puntualizó que "ántrax" es un término que en la medicina española se aplica a una lesión benigna, que no es infrecuente, y que responde a una acumulación de forúnculos. "En España sólo se registraron 35 casos de carbunco el pasado año", prosigue, y añade que "la enfermedad se trata con penicilina, mientras que el Cipro cumple una función quimioprofilática, indicada sólo para quienes han estado expuestos a ella" . Describe tres formas de carbunco: el cutáneo, más frecuente y de fácil tratamiento, que produce picor superficial; el gastrointestinal, cuyos síntomas son los de una intoxicación y el pulmonar, que se produce por inhalación y que se asemeja a una gripe común.
Antonio Sierra refirió que el carbunco ya se utilizó en la primera Guerra Mundial sobre el ganado, y que su última referencia científica de preparación, aunque no de utilización, corresponde a Irak, en la Guerra del Golfo. "Ni el propio Hitler lo utilizó, a sabiendas de su escaso poder destructivo".
El carbunco es una de las enfermedades más antiguas y conocidas de la Historia; se cita en el Libro del Génesis como la quinta plaga, en el año 1491 A.C. También aparece en textos hindúes, egipcios, griegos y romanos. "El mensaje de tranquilidad se acrecienta al pensar que España no parece uno de los objetivos prioritarios de ataques bioterroristas", concluyó Sierra.