Tiene usted más posibilidades de que le parta un rayo, literalmente, e infinitamente más de morir en una accidente de circulación, que de resultar contagiado por el "bacillus anthracis", una infección que da lugar al carbunco, enfermedad conocida desde tiempos inmemoriales y que está provocando en el mundo un auténtico pánico colectivo. Una reacción desmesurada y fuera de toda lógica, que tiene que ver más con los sentimientos que con la presencia de una amenaza real y cercana. El último de los debates organizados por EL DÍA no podía ser ajeno a la vorágine informativa que han despertado los supuestos ataques bacteriológicos y sentó en una misma mesa a auténticos especialistas, que quisieron poner las cosas en su sitio.
Antonio Sierra, jefe del Departamento de Microbiología del Hospital Universitario de Canarias y ex director del Servicio Canario de Salud; Alfredo Mederos, catedrático de Química Inorgánica de la Universidad de La Laguna; Lucas González, médico del Servicio de Epidemiología de la Consejería de Sanidad; Fernando Clavijo, de la Dirección General de Seguridad y Emergencias del Gobierno Canario, y Wenceslao Peñate, decano de la Facultad de Psicología, hablaron durante más de hora y media de los ataques bacteriológicos y de su posible extensión a España y al Archipiélago.
Como principales conclusiones de la conversación se pueden extraer las siguientes: no debe haber miedo; el sistema sanitario está preparado para atender los casos que se puedan producir, aun con sus recursos ordinarios y normales, y no hay razones objetivas para temer un ataque en las Islas.
El doctor Sierra reflexionó sobre la historia de la enfermedad y detalló las diferencias existentes entre lo que en España se ha venido denominando tradicionalmente ántrax (y como tal se continúa diagnosticando) y el carbunco, y aseguró que la capacidad de esta última de convertirse en un "arma de lesión física" es bastante limitada. España tiene casos de carbunco y nunca se ha creado alarma, recordó, para añadir a continuación que el dispositivo sanitario está preparado para afrontar posibles casos que se puedan producir, sin necesidad de medidas urgentes o de mecanismos de alerta generalizados.
Una opinión que compartió Lucas González, quien subrayó que "médica y sanitariamente la enfermedad no produce efectos que no podamos manejar" y consideró que se debe responder a la misma con los recursos actuales, que son eficientes.
Pero si el sistema está preparado para este tipo de contingencias, ¿por qué los distintos países se han apresurado a elaborar planes de choques y medidas de actuación específicas? Según coincidieron los invitados, por la demanda de información de la sociedad. Se necesita reforzar la idea de que el sistema es eficaz, aun cuando ya lo es originariamente, y lanzar mensajes de tranquilidad a la población.
Unos mensajes que deben entrar en la esfera de los psicológico y atenuar los sentimientos de "desamparo" e "incertidumbre" que pueden hacer mella en las personas. Dos elementos clave en el episodio de pánico colectivo que está viviendo el mundo, de acuerdo con el diagnóstico realizado por el decano de Psicología, Wenceslao Peñate. Precisamente, Peñate fue el primero en intervenir y lo que en principio parecía que iba a ser un punto de vista colateral, se convirtió con el transcurso del debate en central. En otra de las páginas de esta misma sección, se profundiza en este importante aspecto del problema.
Alfredo Mederos explicó que como armas, las químicas son mucho más letales de lo que puede ser ahora mismo el carbunco, pero exigió a las autoridades que agilicen los mecanismos para actuar en casos de contingencias. Recordó que desde que se produce el primer caso de muerte, el pánico ya se extiende y que se debe estar preparado para ello. "Los terroristas, muchas veces no atacan donde quieren, sino donde pueden", indicó, para insistir en el llamamiento a las autoridades en el sentido de que informen de que no existe peligro o que, en cualquier caso, están preparados para atender urgencias de este tipo.
Mederos recordó que todo aquello que es anormal en la previsión produce desasosiego y que es precisamente eso lo que hay que combatir.
Todos señalaron que la probabilidad de ataque en las Islas es remota o casi nula, con la salvedad del propio Mederos, quien indicó que no le parecía lo más oportuno dar ese mensaje, por lo imprevisible de la acción terrorista, y sí centrarse en tomar las medidas preventivas oportunas.
Fernando Clavijo, por su lado, indicó que la situación está totalmente controlada y que se está produciendo un "clímax desmesurado de pánico colectivo". Del análisis del panorama mundial, explicó, no hay pruebas de que España y, mucho menos, Canarias, pueda ser el objetivo de un ataque terrorista organizado.
El representante de la Dirección General de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias recordó la existencia de una planificación a nivel estatal e, incluso, de la creación del grupo NBQ a nivel europeo para hacer frente a contingencias por ataques de armas nucleares, biológicas y químicas.
Las biológicas, por lo menos el carbunco, no tienen una capacidad destructiva importante, pero sí unas impactantes consecuencias psicológicas para la población. Como recordó Sierra, desde la Primera Guerra Mundial se barajaba la posibilidad de utilizar al "bacillus anthracis" como arma. "No se ha hecho - subrayó - no por la bondad del ser humano, sino porque sus efectos como arma de destrucción son mínimos".
Mederos recordó en este punto que Hitler acumuló en su momento tanto gas sarín como acabar con la Humanidad, pero no lo usó con sus enemigos por miedo a una respuesta similar. Esto podría explicar que los terroristas hayan optado más por el efecto psicológico de su ataque, que por otro de mayores efectos destructivos.
El terrorista bromista
Otro de los aspectos abordados durante la conversación hizo referencia a la actuación de los "bromistas", por llamarlos de alguna manera, que están enviando sobres con polvos blancos y cuyos primeros casos ya se han dado en el Archipiélago. Todos los participantes coincidieron en exigir medidas contundentes contra estos personajes, que sólo por el propio hecho de intentar infundir el terror pueden ser considerados también como terroristas.
Peñate indicó que estos casos sí que demuestran un trastorno claro de la personalidad y otros invitados recordaron el paralelismo que se puede hacer con los pirómanos.