La Laguna
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
Primeros trámites para la licitación del carril Bus-VAO y el tercer carril de la TF-5 leer

Pasión por las viñas

A sus 88 años de edad, Agustín Díaz Santos aún mantiene viva la ilusión y las ganas de trabajar por las famosas parras de Tegueste, que, gracias a su sabiduría y especial cariño, dan uno de los mejores vinos de la isla de Tenerife.
D. BARBUZANO, La Laguna
19/oct/08 4:27 AM
Edición impresa

El sol acaba de salir y, mientras algún vecino todavía no se resiste a dejar la cama de los mil y un sueños, Agustín Díaz Santos está en una finca de Tegueste. Sólo se ve su figura difuminada en la lejanía. ¿Qué estará haciendo?

Al llegar cerca de él, se percibe que está dedicado, en cuerpo y alma, a la gran pasión de su vida que es mimar, tratar y cultivar como él tan bien sabe las parras. Y lo hace con la misma ilusión que cuando se entregó a ellas al tener 12 años, ayudando así a su padre en la economía agrícola familiar, porque no podía ir al colegio.

Las parras de Tegueste dicen que son de las mejores, pero algunos añaden que son hasta inteligentes, ya que hace poco hicieron llegar una petición que llegó a los políticos teguesteros y a los miembros de la Asociación Vitivinícola de Tegueste, y se transformó en una moción cuyo resultado final fue el justo premio que se debía al ejemplar Agustín Díaz. Consistió en entregarle una distinción especial en la fiesta de la Vendimia, valorando con ello "de manera entrañable la labor, solidaridad, sencillez y participación del vendimiador Agustín Díaz Santos".

Con su sombrero de paja, sus manos cansadas de miles de horas de trabajo y tijeras de podar, Agustín Díaz Santos es difícil que mire ante la presencia de este periódico. Todo porque es tímido, educador, es decir, un gran caballero, y sus ojos están acostumbrados a mirar hacia la tierra de donde crecen las parras.

El DÍA habló con este afamado vendimiador, pero quiso hacerlo en su medio, donde en verdad se defiende, es decir, junto a sus amigas las viñas. Mostró cómo se pone una horqueta, se poda, se ven las hojas para buscar una posible enfermedad, e incluso mostró su gran lado humano, dando de comer, con todo el cariño del mundo, a las gallinas, que no se resistieron a su especial golosina de migas de pan y millo.

Una amor que da frutos

Agustín Díaz confesó que "sólo con las viñas me siento orgulloso, son como mujeres que te enamoran y levantan pasiones en tu corazón, sobre todo cuando, después de tratarlas y cuidarlas con los productos adecuados, me brindan el hermoso regalo de sus hijas, llenas del néctar de la felicidad y la alegría".

Tiene 88 años pero señaló que nadie lo apartará de sus grandes amigas las parras, y lo dijo en los siguientes términos: "Trabajaré de vendimiador mientras Dios conserve mi salud. Quiero, cada mañana, trabajar junto a las parras para mantenerlas lo mejor posible, es decir, sin enfermedades".

Le atrae toda clase de vinos, pero el preferido de Agustín Díaz es el tinto, según dice, "porque hace menos daño que el blanco. Me tomo cada día unos vasitos al almuerzo y a la cena, y cuando me toca fiesta, algunos más. Si usted toma vino de forma moderada es vida".

El ejemplar vendimiador pone mucho de su parte en que la cosecha sea buena, como la de este año, pero confesó que la calidad de los vinos depende de un gran secreto, que es, según él, el clima y ubicación geográfica del valle teguestero.

Agustín Díaz contrajo matrimonio con Socorro González Fernández, pero el Señor se la llevó a la otra vida, dejándole cuatro hijos: David, Asunción, Jesús y Agustín, que, a su vez, le han dado 7 nietos y 3 bisnietos.

Trabajó en Santa Cruz, para lo cual tenía que salir a las 5 de la mañana, llevando con él la comida y regresaba a Tegueste a las 8 de la noche. Entre 1952 y 1953 estuvo más de 1 mes sin trabajar a causa de las lluvias caídas.

En 1958 emigró a Venezuela debido a las condiciones económicas de la época y lo pudo hacer gracias a que tenía dos hermanos en dicho país.

También trabajó en la construcción en Venezuela hasta 1965. Con el dinero ahorrado pudo comprarse el terreno donde también fabricó la casa en la que ha vivido desde entonces con su familia en Tegueste.

A su vuelta a Tenerife, siguió trabajando en la construcción, con diferentes empresas, como albañil y encargado.

En esta época, compaginaba el trabajo de la construcción con el de las parras, a las que ahora se dedica todo su tiempo, levantando viñas, sulfatando y vendimiando.

Una gran persona

El presidente de la Asociación de Viticultores de Tegueste, Sotero Díaz del Castillo, destacó de Agustín Díaz "su humanidad y constancia, así como su interés por fomentar la amistad y respetar a todos los que lo conocen".

Pedro Rodríguez Armas, que abrió con mucho cariño las puertas de su finca, para ver cómo trabajaba Agustín Díaz en las viñas, con el impresionante paisaje de Tegueste al fondo desbordado de color y contrastes, señaló que el popular vendimiador es "una bellísima persona y lo define la ilusión que tiene, ya que a su edad sigue entregado a las viñas, siendo un ejemplo para muchos, sobre todo por lo buena persona que es y su saber estar".

Pedro Rodríguez Armas, profesor jubilado ya de Tegueste, tiene también delante de su casa parras porque para él "es un privilegio que deleita los ojos y el alma el verlas cada mañana".

Agustín Díaz Santos ha terminado su trabajo. Ha estado descargando las parras y en febrero las podará. Inicia el camino de regreso a su casa, e invita a un vaso de vino, pero echa una última mirada hacia las parras con una idea en su pensamiento hacia las viñas: "Tus ojos son dos uvas,/tu cara huele a flor temprana,/te dejo a mi pesar sola,/pero te juro que volveré mañana". Y Agustín Díaz volverá porque es hombre de palabra y cumplirá con sus amigas las parras.