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El "brexit" se enreda en el laberinto de la frontera entre las dos Irlandas

Javier Aja, Dublín, EFE
23/jun/18 10:30 AM
eldia.es
ANDY RAIN (EFE)

El futuro de la frontera entre las dos Irlandas sigue siendo uno de los principales escollos en el proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), dos años después del referéndum en el que triunfó el "brexit".

El restablecimiento de una barrera estricta entre la provincia británica de Irlanda del Norte y la República de Irlanda sería muy dañino para sus economías, estrechamente relacionadas, y para el proceso de paz, cuyo éxito ha dependido, en parte, de la invisibilidad de la frontera durante las últimas dos décadas.

Mantenerla tan abierta como sea posible tras el "brexit" ha sido uno de los grandes objetivos marcados por Londres, Bruselas y Dublín desde aquella consulta, en la que la mayoría del electorado norirlandés rechazó este divorcio.

Dos años después y con la fecha oficial de salida a la vista, el 29 de marzo de 2019, ninguna de las soluciones planteadas satisface a todas las partes, por lo que el "brexit" empieza a parecerse "a un acertijo proverbial, envuelto en un enigma", según ha dicho el primer ministro irlandés, el democristiano Leo Varadkar.

Su Ejecutivo, que gobierna en minoría desde 2016, quiere que la primera ministra británica, la conservadora Theresa May, cumpla con los compromisos adquiridos el pasado diciembre, cuando aceptó incluir una "salvaguarda" en el acuerdo final de salida para que Irlanda del Norte siga alineada con ciertas reglas del mercado único y la unión aduanera, ante la ausencia de otras alternativas.

Desde entonces, May ha reculado ante la presión del ala dura de su gabinete y de su propio partido, y la incógnita ahora es saber hasta dónde está dispuesto a llegar Varadkar para asegurar que la cuestión de la frontera queda blindada en un acuerdo definitivo de separación.

El "taoiseach" (primer ministro) puede ejercer su derecho a veto y bloquear las conversaciones entre Londres y Bruselas, si bien corre el riesgo de alienar a alguno de sus veintiséis socios comunitarios, más centrados en pactar una nueva relación comercial con el Reino Unido que, de alguna manera, solucione el tema fronterizo tras el "brexit".

Para tranquilizar a Dublín, los líderes de la UE y la Comisión Europea (CE) han viajado frecuentemente a la isla durante los últimos dos años, donde han recalcado que "Irlanda no está sola", que cuenta con el apoyo de todos los estados miembros y que el bloque está preparado para separarse de Londres sin un acuerdo de salida, mientras no se cierre el problema fronterizo.

La pelota está en el terreno de May, inmersa en una partida de pimpón político con sus "brexiteers" (a favor de un divorcio duro) y los llamados "remainers" (los pro-europeos), así como con Bruselas, que espera propuestas más claras por su parte.

De momento, la dirigente tory se ha visto obligada a rechazar la citada "salvaguarda" para Irlanda del Norte, que mantendría a la región dentro del mercado único y la unión aduanera, pero dejaría al resto del país fuera de esos espacios económicos.

Para los "brexiteers", esa opción es inaceptable porque pone en riesgo la integridad territorial del Reino Unido, un argumento que comparte el ultraconservador Partido Democrático Unionista (DUP), principal representante de la comunidad protestante norirlandesa y socio de May en el Gobierno.

Los unionistas tampoco quieren que la futura frontera con la UE se trace en el Mar de Irlanda, pues creen que, además de cortar el acceso al mercado británico, daría alas al nacionalista Sinn Féin, mayoritario entre los católicos del Ulster, para avanzar hacia la unificación de Irlanda a través de un referéndum, su objetivo histórico.

Asimismo, el Ejecutivo de Belfast, de poder compartido entre DUP y Sinn Féin, está suspendido desde hace más de un año y las diferencias entre ambos impide a Irlanda del Norte defender una posición común en la conversaciones sobre el "brexit", a pesar de que los dos partidos quieren evitar una frontera estricta.

En este laberinto, la última idea de May plantea la posibilidad de que, además de la alineación reguladora de la provincia, el resto del Reino Unido quede dentro de una unión aduanera durante un periodo limitado.

Bruselas la rechazó este mes al considerar que prolongaría la etapa de transición ya fijada y retrasaría la firma de un acuerdo de salida definitivo.

Como ocurre con muchos divorcios, las relaciones entre las partes se deteriorarán y, en este caso, el proceso de normalización que han recorrido el Reino Unido e Irlanda en los últimos años, tras siglos de enfrentamiento, se ha enfriado.

Londres ve intransigencia en la posición de Varadkar sobre la frontera, mientras que Dublín considera a May como una líder débil, rehén de los "brexiteers" y los unionistas, que ni siquiera representan a la posición mayoritaria de Irlanda del Norte, contraria a la separación.