La catástrofe causada por las lluvias y los deslizamientos de tierra en Río de Janeiro, que ha dejado hasta ahora 161 muertos, adquirió ayer nuevas dimensiones al advertir los bomberos de que un alud en un antiguo vertedero convertido en barrio puede haber sepultado a unas 200 personas.

La atención de los socorristas se centra en el barrio Cubango de Niteroi, ciudad vecina de Río, donde el desprendimiento de toneladas de tierra y basuras del Morro do Bumba destruyó la noche del miércoles unas 50 casas, según cálculos de las autoridades.

Como no hay un registro oficial de las viviendas construidas en las laderas de los cerros, las autoridades basan sus cálculos en las informaciones de vecinos y, de esta forma, el comandante de los bomberos, coronel Pedro Machado, llegó a la conclusión de que unas 200 personas pueden haber quedado sepultadas por toneladas de tierra y basura.

Hasta la tarde de ayer ha-bían sido encontrados diez cadáveres, mientras que 53 personas fueron rescatadas con vida, de las cuales 21 tuvieron que ser hospitalizadas.

Niteroi, separada de Río por la boca de la bahía de Guanabara, ha sido la ciudad más castigada por los deslizamientos de tierra producidos por los aguaceros de esta semana, con al menos 89 muertes. En Río han perecido 52 personas, 16 más en Sao Gonzalo y el resto en Nilópolis, Engenheiro Paulo de Frontin, Petrópolis y Magé. Las lluvias, aunque han disminuido, aún castigan de manera intermitente algunas zonas de Río y municipios vecinos.

Un portavoz de la alcaldía de Niteroi dijo que no disponen de números precisos sobre personas desaparecidas por el alud en el Morro do Bumba, mientras que la se-cretaria de Medio Ambiente del Estado de Río, Marilene Ramos, afirmó que la cifra de personas sepultadas no debe de ser tan alta como calculan los bomberos.

"Muchos habitantes dejaron la zona después del primer deslizamiento, el lunes", dijo la funcionaria, lo que indica que, una vez más, fue una tragedia anunciada y poco se hizo para impedirla.

En el caso del Morro do Bumba, el terreno sobre el que se construyeron las viviendas es más inestable que cualquier otra ladera porque, según las autoridades, entre 1970 y 1986 el lugar fue usado como vertedero de basuras, con lo cual la capacidad del suelo de absorber el agua de lluvia es menor.

Hace más de veinte años, un alcalde mandó clausurar el vertedero pero nadie impidió la urbanización de esa zona considerada de riesgo donde ahora se ha presentado la tragedia.

Ante la emergencia que vive desde el lunes el área metropolitana de Río por las lluvias y derrumbes, el gobernador Sergio Cabral y el alcalde Eduardo Paes han reiterado sus llamamientos a la población para que abandone las zonas propensas a deslizamientos de tierra, pero la gente alega que no se les ofrecen alternativas.

Distintos especialistas en urbanismo, geología y suelos entrevistados en estos días por los canales de televisión coinciden en que la gente que vive en zonas de peligro no está allí porque quiere sino porque no tiene otra opción.

El Gobierno nacional anunció ayer en Brasilia que ha liberado 200 millones de reales (unos 112 millones de dólares) para atender la situación de emergencia que sufre Río y que enviará ayuda humanitaria para atender a los cerca de 75.000 damnificados.

En vista de que los derrumbes en las favelas construidas en las faldas de las cerros son un problema crónico que las autoridades prometen resolver cada vez que ocurre una emergencia como la actual, la Orden de Abogados de Brasil (OAB) pidió ayer al Ministerio Público Federal que investigue las responsabilidades de los gobernantes y la distribución del dinero destinado al Programa de Prevención de Desastres.