|
Esta imagen, muy probablemente de la primera mitad del siglo XVIII, reúne en su cuello y manos todo el dolor, la dulzura y la belleza de las Dolorosas canarias.
Al margen de las preciosas vestiduras de la Virgen, bordadas por Sor Nieves Aranda en terciopelo y oro, destaca el paso en su conjunto al mostrarnos una rica iconografía pasionaria. Esta obra, que se encuentra en el convento de las Catalinas, conjuga la expresividad serena y el cálido realismo de la imaginería religiosa con la riqueza y distinción de la orfebrería. La Dolorosa, con la mano derecha sobre el pecho apuñalado, lleva sangre sobre su fino rostro.
En 1966 la imagen fue restaurada por el orotavense Ezequiel de León, quien también realiza el ángel que sostiene el cáliz en la década de los noventa.
En cuanto a los elementos iconográficos decir que la cruz fue repujada y calada por el orfebre Agustín Guerra Molina, mientras que la escalera y las lanzas por el también orfebre Ventura Alemán. El gallo de plata fue donación de una familia lagunera, completando todo una rica lectura pasionaria
|