JUAN CARLOS GARCÍA, S/C de TenerifeBota el balón. El compañero se desmarca y recibe. Avanza. Frena su carrera a tres metros de la canasta antes de pasar a otro de su equipo. Un contrario choca de forma brusca con él y da con sus huesos en el suelo. Se incorpora. El balón lo ha recogido otro compañero. Éste se introduce entre dos rivales, tira y encesta. Lo ha ensayado varias veces y le ha salido bien. Sobre el parqué ha dejado la huella de su 54. No se trata del número que calza uno de sus tenis. Corresponde al diámetro de una de las dos ruedas de su silla.
Detrás de cada uno de estos jugadores de baloncesto en silla de ruedas subyace un historia, de alguna forma, traumática. Pasado aquel estadío, actualmente son deportistas en el más amplio sentido del término. Forman parte del equipo de Primera División Ademi, que el próximo sábado inicia la Liga.
Desde 1988, cuando se fundó, hasta ahora, se han dado cambios cualitativos. Rosendo Alonso, presidente del Ademi, indica que "Han variado muchas cosas. Las sillas de aquella época eran rudimentarias, pesaban quince kilos y costaba mucho moverlas. A raíz de la adquisición de las sillas nuevas este equipo mejoró mucho. Así, en el año 1995 se ascendió a División de Honor".
"Por aquí han pasado muchos jugadores, algunos se quedaron en el camino porque lo han dejado. Se ha incorporado gente nueva. Existe otra mentalidad en la población de discapacitados en cuanto al acercamiento a lo que es el baloncesto. Nada tiene que ver la fecha actual con 1998".
"La mejor terapia de la que puede disponer alguien que de la noche a la mañana se quede postrado en una silla de ruedas es realizar una actividad deportiva. En el baloncesto en silla de ruedas ejercitas lo que vas a utilizar el resto de tu vida, la parte alta del cuerpo, te mantienes físicamente bien, vives en un colectivo con problemas similares al tuyo".
Uno de los fundadores del Ademi, Gilberto Torres, recuerda que "la idea surgió en el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo. Yo en aquella época jugaba a baloncesto, tenis de mesa y diferentes actividades. En una fase de ascenso a Segunda División, en el trayecto hasta Albacete, con otros canarios hablamos de la posibilidad de crear un equipo en Tenerife. Pedimos la lista de los pasaban por Toledo y así surgió".
Para Gilberto el cambio de entonces a ahora es sustancial. "Ha cambiado mucho, en plan de tácticas, en cuanto a sillas de ruedas, las subvenciones, entre otras cosas". Respecto a los nuevos, señala que "primero tienen que tener ganas, ya que el deporte en Toledo forma parte de la terapia. Yo recomiendo a los nuevos que, además de jugar una Liga, el deporte te ayuda a mantenerte en forma. La cuestión es empezar. Hay gente nueva que llega y nos ve que nos damos mucha caña y se quedan sorprendidos. Es como si un niño comenzara a caminar. Hay que aprender a manejar la silla. Los reflejos y la rapidez las da el tiempo".
Ese momento, por el que un joven ve truncada, de alguna manera, su vida, es difícil. En este sentido, Gilberto recuerda una frase que dice: "Cualquier largo viaje comienza con un simple paso". Por ello, sostiene que "al principio puede costar venir a entrenar, meterte dos horas sudando, pero eso es los primeros días. Es muy sacrificado. Hacemos todo con el tronco. Es nuestro baloncesto".