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CANDELARIA La mayoría de los peregrinos retrasaron su salida a la tarde y se decantaron por la Carretera Vieja El viento no pudo con la devoción popular
En la madrugada del 13 al 14 llegaba a la Villa, por uno de los senderos de montaña, un grupo formado por tres generaciones de una misma familia y que esperó hasta las 8 horas de la mañana para postrarse a los pies de la Patrona, cuando abrió la Basílica. Ésta parecía ser la cabeza del pelotón de peregrinos llegados ayer, si bien al amanecer había en la villa tantos visitantes como feriantes. Y es que los feriantes que llenan la calle desde la Cruz Pérez (el cruce de entrada la calle de La Arena) a El Pozo buscan hacer su agosto, nunca mejor dicho. Ahí se pueden encontrar desde gafas de sol a mochilas, turrones o banderas del CD Tenerife, aunque el artículo estrella son las estampas de la anfitriona de los cultos. Prueba de ello, en una tienda de la calle de La Arena se llega a pedir hasta 3.995 pesetas por una foto enmarcada de la imagen. Ya sobre el mediodía, cuando más soplaba el viento y el sol estaba en su esplendor, los más madrugadores buscaban refugio en la sombra de los edificios ante la falta de zonas verdes, mientras que el grueso de los peregrinos hacían acto de presencia por la calle principal para esperar el primero de los actos más multitudinarios y, no por ser menos tradicional, es uno de los más esperados cada año: la representación de la aparición de la Virgen a los aborígenes. La Arena, testigo de excepción La calle de La Arena volvió a ser testigo de excepción de la devoción y fervor que despierta la Morenita. Destaca el caso de un padre y su hija que llegaron caminando desde San Juan de la Rambla y, a su llegada a la Villa, la joven precisó atención sanitaria para reanimar de tal esfuerzo. Otro testimonio significativo de la religiosidad natural lo protagonizó un hombre de unos 55 años que, a pesar de la mala circulación que padece en sus piernas, cumplió con la tradición del peregrino. Cuando a penas le faltaban treinta metros para ver a la Virgen no pudo más y tuvo que tomar asiento en la acera. Efectivos de Protección Civil y Cruz Roja intentaron sin éxito convencerlo para que fuera al centro de coordinación para que almorzara y allí curarlo, a lo que se negó tajantemente, pero sí accedió a que lo vendaran en la plena calle. La principal novedad de esta edición es que la mayoría de los peregrinos han vuelto a recuperar la ruta de la Carretera Vieja, el sendero más seguro. Después de la representación de la Virgen a los Guanches, que congregó a decenas de miles de personas, la fiesta cobró otro cariz. La masificación se adueñó de la Villa. Peregrinos que entraban y salían en la Basílica se alternaban con las parrandas que entonaban isas, folías y malagueñas, a la vez que un nuevo estilo más pachanguero apareció en esta edición. Junto a la cueva de San Blas, el primer lugar donde se colocó la imagen en Candelaria, se instaló una mini verbena que tuvo una aceptación casi tan espectacular como la que cosechó el chiringuito que instaló en CD Candela en los bajos de un edificio en obras. La música pachanguera parecía anoche mantener un pulso con el canto que salía de las gargantas de los parranderos que se acompañaban con acordeones, tambores y guitarras, antesala de la ofrenda de hoy. Humberto Gonar
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