EL DIA
A medida que pasan las horas se va conociendo el alcance real de la tragedia.
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TÓCALA
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Viernes, 5
abril 2002

"Doy gracias por poder contarlo",

Francisco Santos Álvarez, que vive en una casa de trece integrantes porque comparte el techo con otros familiares en el barrio de La Alegría, recibió el vale entusiasmado: "Para empezar a ponernos, por lo menos, ropa propia porque la que llevamos es prestada". Dentro de su dolor recalcó que daba gracias por poder contarlo "porque el desastre ha sido muy grande". Explicó que la riada destrozó la casa y sus muebles, incluidos todos los armarios. En el entorno de la vivienda aún quedaban los restos de zapatos sueltos en el barro, una desvencijada máquina de escribir y trozos de muebles. "Menos mal que los niños se encontraban en casa de mi hermano y se pudieron resguardar", explicó aliviado, y se le entrecortó la voz exponiendo que "sólo de pensar que podrían haber estado en esta casa ...". Santos Álvarez mostró la pila de libros que se encontraban en la esquina de la calle y que habían quedado inservibles, junto con algunas cosas más difícil de identificar. Por último, relató que estuvieron persiguiendo la bombona por la riada, que se dirigía al barranco, para que no explotara.

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