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"Doy gracias por poder contarlo",
Francisco Santos Álvarez, que
vive en una casa de trece
integrantes porque comparte el
techo con otros familiares en el
barrio de La Alegría, recibió el
vale entusiasmado: "Para
empezar a ponernos, por lo
menos, ropa propia porque la
que llevamos es prestada".
Dentro de su dolor recalcó que
daba gracias por poder contarlo
"porque el desastre ha sido muy
grande". Explicó que la riada
destrozó la casa y sus muebles,
incluidos todos los armarios. En
el entorno de la vivienda aún
quedaban los restos de zapatos
sueltos en el barro, una
desvencijada máquina de escribir
y trozos de muebles. "Menos
mal que los niños se
encontraban en casa de mi
hermano y se pudieron
resguardar", explicó aliviado, y se
le entrecortó la voz exponiendo
que "sólo de pensar que podrían
haber estado en esta casa ...".
Santos Álvarez mostró la pila de
libros que se encontraban en la
esquina de la calle y que habían
quedado inservibles, junto con
algunas cosas más difícil de
identificar. Por último, relató que
estuvieron persiguiendo la
bombona por la riada, que se
dirigía al barranco, para que no
explotara.
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