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Marianito, el chico que ganó

El luchador güimarero recibirá mañana un homenaje en un terrero de Tasagaya que llevará su nombre, Mariano Díaz Hernández.
J. Rguez.
23/jun/17 6:05 AM
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Marianito, el chico que ganó

H ace unos dos años, una llamada de Juan Rafael Pérez, más conocido por "Felo", a Rosendo González fue el germen de lo que va a acontecer mañana en el terrero de lucha de Tasagaya, en Güímar. Desde las 17:00 horas, el luchador oriundo del municipio y nacido en Lomo de Mena, Mariano Díaz Hernández, "Marianito", recibirá un merecido homenaje por el que la comisión organizadora, encabezada por González, ha trabajado durante tantos meses. Además, se descubrirá una placa en el recinto por el que este pasará a ostentar su nombre.

Con preliminar de benjamines, a partir de las 18:00 horas se medirán el Chimisay y el Benchomo. El primero estará reforzado por luchadores de la talla de Fabián Rocha, Eusebio Ledesma o Raúl González; mientras que el segundo contará con hombres como Añaterve Abreu, Óliver Gil o Mario Hernández.

Junto al organizador Rosendo González, el protagonista Marianito visitó las instalaciones de la Editorial Leoncio Rodríguez, donde repasó una vida ligada a la brega. A sus 73 años, lleva por bandera las señales en una de sus orejas del deporte que le corre por las venas. Ese en el que él, el chico, hizo hincar la rodilla del grande en más de una ocasión.

Marianito siempre luchó. "Desde que estaba en la escuela", apunta el güimarero. En su pueblo de la comarca de Agache, pronto surgió un equipo "de aficionados, no federado". Antes de cumplir la mayoría de edad, el menudo bregador se trasladó hasta El Escobonal para ser una de las huestes de un club que tendría larga tradición, el Benchomo. "Luego se disolvió. Unos fueron a Fasnia (Brisas del Teide) y otros, como yo, a Barranco Hondo. Allí lo pasamos bien", rememora, defendiendo los colores del Tinerfe.

Pero como otros muchos miles de canarios, hizo las maletas para trabajar en el extranjero. "Me embarqué para Francia y estuve aproximadamente tres años". En tierras galas no podía bregar, "pero yo siempre pensaba en luchar". Con la decisión de volver a las Islas, se empezó a preparar para volver a los terreros. "Mis compañeros de trabajo se extrañaban de mi forma de entrenar y no entendían el deporte".

Sin embargo, llegado a Canarias le surgió una buena oportunidad laboral. Esta, con la lucha canaria de la mano. Fichó por el Unión Temporal del Sáhara, provincia española en la época. "Fue el periodo donde me sentí más fuerte. La empresa nos daba mucho tiempo para entrenar. Teníamos una liga con varios equipos y había buenos luchadores como Roberto Martín, Juan Bolaños, Felipe El Chasna o Raúl León. El campeón venía a luchar a Canarias".

El Benchomo se volvió a refundar y ahí tenía que estar Mariano Díaz. "Los nuevos directivos me llamaron. Siempre ha sido el equipo de mi vida y fui". Después de buenos años en El Escobonal, comenzó una nueva etapa en el Añaterve de Güímar. Ahí iba a terminar su carrera como luchador, pero empezó otra aventura. "Me hicieron ficha como luchador y entrenador. Todavía me quedaban fuerzas porque alguna vez se me caían los compañeros y gané alguna que otra lucha", ríe. A finales de los años 80 fue fundador y presidente del extinto Club de Lucha Güímar, completando su variedad de funciones en el deporte vernáculo.

Pero, ¿cómo luchaba Marianito? "Como verá, con el cuerpo pequeño que tengo... (risas)". El sureño, con un peso entre 60 y 70 kilos, declara que sorprendió a muchos rivales "por cadera, vacíos y desvíos. Luchaba muy bajito, tenía mucha cintura y equilibrio". Una agachadilla rematada sacando la mano a la espalda y dando la vuelta al rival también fue uno de sus sellos.

En su época destacaban bregadores como "Juan Barbuzano y, en Las Palmas, Santiago Ojeda". Con el extinto luchador grancanario tuvo una gran anécdota. "Un día me tiró con la ayuda del árbitro (ríe). Íbamos lucha a lucha, lo tumbé sobre la raya y me la quitaron. Luego, me tiró tres metros fuera y se la dieron. Me cayó aquel peso arriba... y mis compañeros se lanzaron a protestar. Yo no tenía más ganas de agarrar y les dije, déjenlo, que me mata", rememora con una carcajada.

Es el espíritu de Marianito. "Qué bien lo pasábamos. Éramos adversarios, pero amigos al mismo tiempo. Eso es lo que te llena de la lucha y lo que esperas transmitir. Hoy en día, a veces los veo que se miran mal. Les suelo decir, imagínense que el año que viene están en el mismo equipo", argumenta.

Esperando "charlar con amigos", el homenaje le llenará de "orgullo". Además, servirá para recuperar el histórico Torneo de San Pedro. Y también se aguarda por el relanzamiento de la lucha en Güímar. Se empezará por la base. Si el espejo es el de Mariano Díaz, habrá futuro.