Cultura y Espectáculos

Hay quien no olvida aquellos antiguos cines

Julián Hernández propone en "Los olvidados cines de Tenerife" un recorrido nostálgico y curioso por las salas de Santa Cruz y La Laguna.
El Día
20/jun/18 6:31 AM
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Hay quien no olvida aquellos antiguos cines

M ovido por una irrefrenable pasión, que lo llevaba a recorrer a pie junto a sus amigos de Las Moraditas de Taco el trayecto entre el barrio y los Multicines Oscar's, con la única intención de convertirse en espectador de cine, Julián Hernández (Santa Cruz de Tenerife, 1970) presentaba el martes 12 de junio en el TEA el libro titulado "Los olvidados cines de Tenerife", de Ediciones Idea.

"Esto no es sino producto de una pasión y de la nostalgia", explicaba a las puertas de la sala donde el público aguardaba la presentación de una publicación que rememora historia de los cines de Santa Cruz y La Laguna: el Fraga, el Teatro Baudet, el cine de San Andrés, el de Somosierra (Cacharrito), los Multicines Charlot o el San Martín, entre muchos otros.

La historia de esta particular "película" comenzó a rodarse en 2013 en la página social Facebook cuando creó la página del mismo nombre, Los olvidados cines de Tenerife, como una válvula de escape a la crisis laboral.

De esta forma fue creando una considerable base de datos, tanto técnicos como fotográficos, sobre la historia del llamado séptimo arte en Tenerife, un trabajo de hemeroteca y también de campo.

"Comencé con el cine que yo conocía de los tiempos de mi infancia y después me fui aventurando con el resto de salas", explica.

Recuerda asistir a todas las sesiones del cine Fraga. "Por entonces, la entrada del cine costaba cincuenta pesetas y con las otras cincuenta te comprabas un corte (helado)", dice sonriendo.

Julián Hernández subraya que se trata de "un libro ameno, de fácil lectura", que en ningún caso supone un estudio para expertos. "Creo que he rescatado cosas interesantes, como por ejemplo la confirmación de fechas de inauguración, y también algunas que otras curiosidades".

Para los amantes de este arte, una buena lectura, eso sí, bien provistos de las inevitables cotufas.