Cultura y Espectáculos

Arquitecturas de la venganza

Las prisiones han pasado de ser lugares en los que se intentaba rehabilitar y reinsertar a gente que había cometido errores a ser lugares para la venganza.
Dulce Xerach Pérez
4/mar/18 6:29 AM
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Arquitecturas de la venganza

A hora que la sociedad se ha vuelto más estilo Robespierre que estilo Gandhi, las prisiones han pasado de ser lugares en los que se intentaba rehabilitar y reinsertar a gente que había cometido errores a ser lugares para la venganza. La sociedad hoy -parece- ya no perdona, no quiere que se reinserten, solo que los encierren y que sufran.

La oportunidad para construir cárceles a una escala más humana, con luz natural y mejores instalaciones ¿ya no es importante? Construir mejores cárceles, con nuevos diseños y una nueva visión de su propósito, el de reinsertar ¿ya no importa?

¿Son eficaces las cárceles que tenemos hoy, por ejemplo, en esta isla? ¿son precisas? ¿qué ocurre en su interior? ¿hay justicia? ¿la atención médica es la correcta? ¿tienen condiciones de salubridad adecuadas? ¿es coherente que tengan tele en todas las celdas, pero no otras tecnologías?

La alta tecnología y la arquitectura de vanguardia ¿podrían ayudar a la reinserción real y justa de los que están allí por el motivo que sea?

Creo que actualmente las cárceles son simplemente edificios punitivos cuyas paredes se descuidan y expresan el oprobio del estado, nuevas mazmorras llenas de humedad donde olvidar a quienes cometieron un error en su vida (o no, también hay inocentes en ellas). Solo castigan, pero ni redimen, ni reinsertan, ni forman, ni son buenas para la salud. Las personas comparten celdas llenas de ruidos metálicos, sucias, pequeñas, inadecuadas, con inodoros abiertos e incuban resentimiento, ¿qué otra cosa se podría incubar en un lugar así?

Hubo una época en que en España fuimos líderes en el diseño de cárceles para reinsertar, incluso un ejemplo de ello fue la concepción arquitectónica de por ejemplo la Prisión Tenerife 2, concebida con celdas individuales y mucho espacio para la reflexión y para estar al aire libre. Pero no ha envejecido bien, y ahora es un lugar de vigilancia brutalizada, como si no se pensara. Sosas y tecnocráticas, con el olor del miedo a la estupidez de las normas internas y la tristeza en cada esquina, en cada puerta de hierro, carecen de todo el equilibro necesario entre la seguridad, la creatividad y la humanidad que deberían tener los sistemas correccionales contemporáneos.

Las cárceles deberían ser concebidas primero, y conservadas y tratadas después, como arquitectura de la esperanza y no de la venganza. Hay todo tipo de detalles desgarradores: camas estrechas, mantas escasas en fríos inviernos, sábanas que nunca están secas, lavabos en celdas a medio metro de distancia de la cama, todo es innecesariamente miserable. No es de extrañar que en lugar de espacios de reinserción sean escuelas del crimen (y si no, atención a las tasas de reincidencia criminal en España).

Existen seis estilos de diseño de la cárcel, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad del siglo XXI: panóptico, radial, rectangular, patio, rascacielos y campus; más o menos en ese orden histórico. Hay estudios que señalan que una mayor apertura, mejores relaciones entre el personal y los prisioneros, mayor libertad de movimientos y organización interiores, serían un factor importante para prevenir la reincidencia y como siempre, la buena arquitectura puede ayudar, pues los diseños más abiertos pueden mejorar las relaciones entre los reclusos y apoyar una cultura de progreso y redención personal en lugar de una cultura de miedo. Un lugar de aprendizaje en lugar de embrutecimiento. Por supuesto deben ser lugares espartanos, pero, ¿por qué tienen que ser mental y emocionalmente cutres y represivos?

Hay algunas prisiones de las que podríamos tomar ejemplo, como la prisión de Bastøy, en la isla de Bastøy, Noruega, cuyas cabañas de madera parecen el tipo de lugar que incluso podría elegirse para unas vacaciones en Airbnb, y donde los reclusos pueden montar a caballo, pescar e ir a esquiar. No es para presos de alta categoría, pero, aun así, la tasa de reincidencia, en torno a un bajo 16 por ciento, demuestra que da resultado.

O la Prisión de Leoben del arquitecto Josef Hohensinn cerca de Graz, Austria, construida en 2004, es otra pieza ejemplar que se parece más a una sede de una empresa de alta tecnología que a una cárcel, tiene una acústica deliberadamente desestresante. Su lema es: "Máxima seguridad afuera; la máxima libertad en el interior ".