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El guardián de los Rollos del Mar Muerto

Con la agilidad, la paciencia y el orden propios del rabino, Adolfo Roitman ofreció una charla en el Espacio Cultural CajaCanarias sobre unos manuscritos que considera "el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX".
Sergio Lojendio
5/oct/17 6:02 AM
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E s el tema de su vida. Como curador de los manuscritos del Mar Muerto, no solo se encarga de preservar la salud física de los libros que custodia, sino que además investiga los textos, publica estudios y difunde su contenido.

Adolfo D. Roitman (Buenos Aires, 1957) pronunció una conferencia este martes en el Espacio Cultural CajaCanarias, dentro de la programación del Otoño Cultural, titulada "El misterio de los manuscritos del Mar Muerto: Realidad o mito".

Ante un auditorio que llenó el aforo del salón de actos, tal fue la expectación que suscitó su presencia, el erudito bonaerense afincado en Israel (quien confiesa sentir nostalgia de los domingos, las pastas, la buena pizza, el buen fútbol, las ricas medialunas y el tango) pisaba por primera vez Santa Cruz de Tenerife.

En su propósito de compartir con el público un tema que calificó de "fascinante", no dudó en catalogar el hallazgo de los manuscritos del Mar Muerto como "el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX: un punto de inflexión".

Y su alocución, ciertamente, no resultó un "rollo macabeo". Durante algo más de una hora de charla, Roitman fue desgranando con la agilidad, la paciencia y el orden propios del rabino, el guion de un descubrimiento "que tiene mucho de Hollywood", subrayó.

Y lo es desde el hallazgo casual de los primeros manuscritos por unos beduinos, entre 1946 y 1947, en unas cuevas situadas en Qumran (en la orilla noroccidental del Mar Muerto, 40 kilómetros al este de Jerusalén) cuando buscaban unas cabras; su posterior trasiego de mano en mano y de país en país, como producto de mercadeo, hasta su descanso definitivo, desde julio de 1957, en el Santuario del Libro del Museo de Israel.

Roitman lo calificó como un lugar que convoca a Oriente y Occidente, "punto de encuentro entre culturas y acervo de la Humanidad", algo así como "un túnel del tiempo que nos permite llegar a los hombres y los libros" sostuvo el orador, quien se refirió a la visita que realizó el presidente norteamericano Obama.

Con todo, considerando que el primer soporte de cualquier estudio se fundamenta en un texto escrito y que toda traducción representa "una interpretación y traiciona el texto original", uno de los hechos sobresalientes hay que buscarlo en la posibilidad de contar con "un manuscrito original de la Biblia en hebreo de hace unos 2.100 años", significaba.

A aquel primer hallazgo ocasional le sucedieron otros, producto de excavaciones arqueológicas sistemáticas (como las conducidas por Roland de Vaux), que alumbraron edificios, restos materiales, modos de vida de la comunidad esenia, contextualización que sumó a los manuscritos una "dimensión inesperada".

Desde su descubrimiento se han escrito más de 30.000 libros y artículos sobre los rollos del Mar Muerto, que se han visto envueltos en la fabulación el "amarillismo", como el libro de dos británicos, "Bajo el escándalo de los rollos del Mar Muerto", o el best seller de Dan Brown, "El código Da Vinci".

"Los rollos, a semejanza de los restos de dinosaurios, nos permiten atisbar en el pasado lejano", señaló Roitman, ofreciendo la posibilidad de entender "uno de los momentos claves en la historia del hombre: el nacimiento del cristianismo y del judaísmo, la época precristina y prerabínica".

Y eso, aunque personajes centrales del cristianismo, como el caso de Juan el Bautista, Jesús o Pablo no aparezcan mencionados en los manuscritos.

"Estos manuscritos permiten a cristianos y judíos entender por qué son hermanos", sentenciaba Adolfo Roitman.

Los rollos no están muertos.

Adolfo Roitman

director del santuario del libro en el museo de israel

Antropólogo e historiador

Adolfo D. Roitman se graduó en la Universidad de Buenos Aires como antropólogo y también en este mismo centro se tituló en Historia. En 1985 logra un master en Religiones Comparadas por la Universidad Hebrea de Jerusalem. En 1986 se graduó de rabino en el Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer. En 1993 obtuvo un primer título en Literatura y Pensamiento Judío Antiguo en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Dede 1994 oficia como director y curador del Santuario del Libro en el Museo de Israel, en Jerusalem, y asimismo es profesor titular en el Instituto Schechter de Estudios Judíos. En 2005 le fue concedido el título de Doctor Honoris Causa por el Rocky Mountain College de Estados Unidos y en 2014 se le otorgó la Medalla de Oro por la Facultad de Humanidades de Anáhuac (México). Casado, con tres hijos, vive en Israel. Habla y escribe en español, inglés y hebreo, y estudió griego clásico, latín y alemán. En lengua castellana se han publicado dos de sus obras: "Del tabernáculo al templo. Sobre el espacio sagrado en el judaísmo antiguo" (Estella, Verbo Divino, 2016) y también "Biblia, exégesis y religión. Una lectura crítico-histórica del judaísmo" (Estella, Verbo Divino, 2010).