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Diego Correa, un tinerfeño liberal y masón entre Europa y América

Este mulato, héroe del ataque de Horacio Nelson a la plaza de Santa Cruz de Tenerife, destacó por su frenético activismo. Murió en Manila, donde ocupaba el cargo de intendente.
Sergio Lojendio, S/C de Tenerife
11/jul/17 6:10 AM
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Diego Correa, un tinerfeño liberal y masón entre Europa y América

A través de la figura de Diego Correa (La Laguna, 1772), el doctor en Historia Manuel Hernández González recorre diferentes episodios de la historia.

Hijo de Juan Antonio Correa, autor de los tabernáculos de las parroquias de Teror y Buenavista, este mulato, alto y corpulento, maestro de esgrima, ejerció como guardamontes del Cabildo lagunero y participó activamente en la conspiración que llevó al marqués de Villanueva del Prado a la presidencia de la Junta Suprema de Canarias en 1808, hasta el punto de que fue el mensajero que llevó las órdenes a la goleta "La Mosca", fondeada en Las Palmas, con la misión de ganar la obediencia de Canarias y América a José Bonaparte.

A finales de 1808 partió con dos de sus hijos a la Guerra de Independencia, donde fue capitán del ejército de Ciudad Rodrigo. Refugiado en Cádiz, se le designó para una comisión secreta por la Regencia en Filadelfia con el objetivo de asesinar a Napoleón. Allí permaneció varios años, escribiendo libros y artículos contra la independencia de América.

En 1813 regresa a Cádiz, donde publica artículos en un célebre periódico liberal, "El Duende de las Cafés", y se introduce en la masonería. En 1814 se subleva contra Fernando VII por haber abolido la Constitución. Apresado ilegalmente en Gibraltar, es condenado a presidio en Ceuta, donde fue liberado gracias a las presiones del Gobierno y Parlamento británicos. Exiliado en Londres, publica un libro y artículos en "El Español Constitucional".

En 1820, al retornar el régimen liberal, publica numerosos artículos en Madrid en el órgano de los liberales radicales, "El Conservador". Nombrado por el Gobierno Intendente de Querétaro, en México, se embarca para Cuba, donde le sorprenden las noticias de la independencia de ese país.

En La Perla de las Antillas se convierte en el más activo dirigente del liberalismo exaltado, publicando libros y artículos, enfrentándose con la sacarocracia cubana.

De regreso a España, publica un nuevo escrito en el que denuncia el anticonstitucionalismo de Fernando VII y se refugia en Cádiz ante la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis.

Un nuevo exilio en Inglaterra finalizó con la restauración del régimen liberal con Isabel II. En 1835, con el rango de coronel, es nombrado comandante de las fuerzas de guardias de la policía de Madrid y, un año después, intendente de Filipinas, cargo que ejercería hasta su fallecimiento en Manila el 10 de junio de 1843.

Además de esta publicación, la Universidad de Oxford ha traducido al inglés un trabajo obra del profesor Manuel Hernández centrado en la inmigración canaria al Caribe español.

Manuel Hernández

doctor en historia